La noticia, no por inesperada menos desoladora, del fallecimiento de Luis Suárez el pasado 14 de abril, supone todo un punto final y un fin de época en la historia de una de las ramas más singulares del Romancero hispánico: la de los gitanos de la Baja Andalucía. Luis Suárez fue el máximo conocedor, recopilador, depositario y difusor de un repertorio de textos y melodías de romances que había permanecido prácticamente oculto hasta que él se decidió a estudiarlo.
Y ese estudio lo hizo no desde fuera, con mentalidad de erudito, sino vivencialmente, a partir de un conocimiento íntimo de la realidad de las comunidades gitanas, y las, como decía él, «casas cantoras», familias radicadas en El Puerto, San Fernando, Jerez o Cádiz. Para cada romance Luis Suárez llegó a poder trazar la genealogía de quién o quiénes lo habían transmitido, o de quién lo habían aprendido, remontándose a los primeros cantaores de quienes se tiene noticia.
En los romances cantados por los gitanos Luis Suárez veía claves esenciales para entender la historia de una etnia a la par marginada e integrada en la Andalucía de los siglos XV al XXI, y para entender también una de las manifestaciones más valiosas asociadas al mundo gitano: el cante flamenco. «Yo he escuchado mucho cante», solía decir Luis, y lo decía no como exhibición de un mérito, sino como simple constatación de una circunstancia que le había marcado profundamente desde su infancia. A uno de los géneros más enigmáticos del flamenco, el romance, dedicó Luis Suárez sus mayores y más productivos desvelos, convirtiéndose en su más reconocido especialista. Suárez era dueño de un saber único en ese terreno, un saber que generosamente compartía con todos los interesados que se dirigían a él de buena fe —porque Luis sabía detectar muy bien a quienes se le aproximaban con propósitos menos nobles—
Luis Suárez ha sido uno de los más antiguos y firmes amigos de la Fundación Menéndez Pidal. Conoció a Jimena Menéndez Pidal y escribió sobre ella y la visita de don Ramón a los barrios gitanos de Granada en compañía de Federico García Lorca. Con Diego Catalán mantuvo una larga relación de admiración mutua, y esa misma admiración y amistad es la que hemos continuado quienes aquí laboramos, y que ahora convertimos, forzosamente, en recuerdo y añoranza.
Como mínimo homenaje, remitimos a la espléndida semblanza de Javier Osuna, «En memoria de Luis Suarez» en el Diario de Cádiz del 15 de abril:
https://www.diariodecadiz.es/elpuerto/memoria-Luis-Suarez-Avila_0_1784221822.html
Sirva de complemento la carta que desde la Fundación habíamos redactado para solicitar ayuda para la edición de los materiales atesorados por Luis, y que le remitimos pocos días antes de su muerte.
Jesús Antonio Cid Martínez
Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal

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