El artista plástico y doctor en BBAA por la Universidad de Castilla la Mancha UCLM, Gabriel Perezzan ha presentado en la Fundación Ramón Menéndez Pidal el libro y la exposición «Trabajo de campo», un archivo de imágenes que recoge esa curiosidad que surge cuando el paisaje se une al hacer humano y la imagen se convierte en signo. Este proyecto recorre los caminos y senderos de la geografía española descubriendo esas estructuras metálicas que son los somieres, que son reutilizadas (no recicladas) como puertas practicables que dan acceso a cerramientos de huertos, prados, tepes, majadas…

Este archivo pretende acercarse a una realidad y unos usos de reaprovechamiento que han permanecido activos en el entorno rural desde tiempos ancestrales. Cada imagen va acompañada con las coordenadas de su geolocalización que lo ubica de forma precisa, en palabras del autor.

«Ramón Menéndez Pidal decía que un pensamiento o creación colectiva, no tiene por qué tener necesariamente un autor, una fecha y un lugar de origen, ya que todo eso es secundario frente al consenso que ha establecido esa comunidad en apropiarse de ese pensamiento (o de esos usos). Él se refería a la deriva del romancero en su largo devenir por la geografía española. Creo que de la misma manera nadie puede arrogarse la autoría de la reutilización de estos somieres porque son el resultado de una necesidad común», afirmó Perezzan durante la presentación.

«En Trabajo de campo simplemente se han realizado estas rutas con la idea de dejarse sorprender por estos signos del paisaje, ya que en estas estructuras encontramos múltiples rasgos diferenciales que identifican cantidad de variables, signos de habilidades diferentes, lo que hace que cada una tenga capas de lecturas muy distintas que personalmente me producen una gran curiosidad: ¿ante qué estamos? Siguiendo con este ánimo dialógico me gusta imaginarme que estas estructuras bien podrían considerarse como el attrezzo de un paisaje etnológico, de la misma manera que, por ejemplo, los encontramos en los paisajes holandeses de Pieter Brueghel el Viejo o de El Bosco. Si a estos cuadros les quitáramos los personajes, quedarían infinidad de objetos como aperos de labranza, sillas, carros, cestas, toneles… signos llenos de sentido que nos hablarían no solo de los personajes ausentes sino que construirían el sentido de toda una época», explicó Gabriel Perezzan.

La mirada con la que se ha ido conformando este archivo es por lo tanto un acercamiento a los usos y necesidades de sus habitantes, a su cultura de sostenibilidad y pretende poner en valor los distintos grados de capacitación y creatividad de las colectividades humanas. La diversidad de maneras en las que se han transformado es una muestra del tipo de ingenio que podemos encontrar en el entorno rural, y demuestra que este tipo de usos permanecen totalmente ajenos a las urgencias, tiempos, prejuicios y estereotipos más propios de las urbes, más acostumbradas a la cultura de usar y tirar. Todo un ejemplo de sostenibilidad y de protección del medio ambiente de esa España a la que nos empeñamos en llamar vaciada.

«Gabriel Perozzan  ha cartografiado, catalogado y fotografiado, desde La Coruña a Baleares y desde el Cantábrico a Cádiz, varios cientos de cierres de fincas y otros espacios rurales o incluso semiurbanos, mediante somieres desechados, que se convierten en objetos no reciclados sino reutilizados, como el gusta de precisar», señaló J. Antonio Cid, Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal durante la presentación de la exposición.

«Como recordareis, el gran novelista Martín Santos, el de Tiempo de silencio, además de novelista era de profesión médico psiquiatra. En una ocasión le tocó participar en un homenaje a un eminente etnógrafo y prehistoriador, José Miguel de Barandiarán, y allí hizo unas afirmaciones un tanto sorprendentes. Según Martin Santos , un etnógrafo o un arqueólogo es en última instancia un coleccionador de objetos, y resulta que el afán de coleccionar cosas respondería al hecho de no haber superado no se cuál de las fases que Freud distinguía en el desarrollo psicológico del niño. Pues bien esa fase no superada puede traducirse en almacenar cosas inútiles, puños de paraguas o corchos de botellas, o bien sublimarse y convertir al sujeto en alguien sumamente útil para la humanidad, en la medida que clasifica y categoriza la realidad del mundo en que vivimos. Y estamos hablando de un Linneo, o de un Einstein», afirmó J. Antonio Cid.

«Yo creo, como profano, que lo que hay en esta casi obsesión coleccionista de Gaby, es un concepto que va más allá de los objetos que ha catalogado y fotografiado. Esos somieres-objetos tienen una función. Una función que la lengua española expresa de forma muy gráfica con un modismo, una frase. «Poner puertas al campo”. En efecto, porque casi siempre esos cierres son puertas que cierran; pero también se abren al exterior. Estos cierres rurales están en toda España, parece que han surgido por generación espontánea, que a todo el mundo se le ha ocurrido al mismo tiempo recurrir a este sistema artesanal, y no industrial, para esa función básica de a la vez cerrar y abrirse al campo. Pero al mismo tiempo que están en todas partes y para el mismo objetivo, esos cierres son distintos y cada persona que ha echado mano a ese recurso para cerrar fincas o corrales lo hace de manera diferente y absolutamente personal. Gaby piensa que viendo las fotografías de estos cierres sería posible hacer deducciones sobre la personalidad y el carácter de los que han reutilizado de manera creativa», comentó el Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal.