María Goyri y sus paseos por la sierra de Guadarrama

María Goyri heredó de su madre, Amalia Goyri, no solo conocimientos sobre educación pedagógica y un francés fluido gracias a que siempre conversaban en este idioma, sino también su afición por los paseos al aire libre y las largas excursiones para visitar a su familia. Su madre la animó a lo largo de su vida a no abandonar nunca sus inquietudes aunque hubiese nacido mujer.

A través de las cartas que conservamos en la Fundación, sabemos que su afán por las caminatas se lo acabó contagiando a Ramón Menéndez Pidal, quien pocos años después de conocerse, sería su marido y compañero hasta el final de su vida. María solía pasear con su íntima amiga Carmen Gallardo y su marido José Ibáñez, y Ramón se unía a ellos siempre que podía. Sus rutas más habituales eran por Moncloa, El Pardo y las excursiones por Guadarrama.

En el verano de 1897 María mandó desde Guadarrama varias cartas a Ramón, que estaba en Ribadesella. Ella estaba disfrutando de un tiempo de libertad junto a Carmen Gallardo, quien ya estaba casada. Pero su marido, que era militar, estuvo destinado en Cuba durante tres años. Entre reproches de María a Ramón por no expresar sus sentimientos hacia ella de una forma clara, las cartas mostraban un precioso retrato de la amistad que había entablado con Carmen:

«Estamos muy bien en un caserón, fuera del pueblo, en la carretera cerca del río. Este, aunque modesto, llena nuestras aspiraciones. La lástima es que en vez de pasear a orillas del Sella, no tuviese V. que hacerlo por los pedruscos del Guadarrama, y perdone el egoísmo, porque para la gente del norte, este campo tiene muy pocos atractivos, pero aunque todo está muy seco, no falta el tomillo, la mejorana y otras cien plantas olorosas. También abundan los cardos, de modo que encuentro aquí toda mi flora favorita. Ya sabe V. lo único que me falta»

Tanto a Carmen como a María les gustaba montar en bicicleta y andar solas por diferentes rutas disfrutando de la naturaleza. Esto las exponía muy habitualmente a comentarios malintencionados de los hombres con los que se cruzaban. En la carta que María Goyri le envía a Menéndez Pidal el 23 de agosto de 1897, menciona la envidia que siente hacia Ramón por el paseo que le cuenta en la carta que recibió.

«Ahora me toca tener envidia de la excursión que me cuenta, sobre todo de la noche que han pasado en el monte, cosa que no hemos podido hacer y que nos ha quitado de subir a Siete Picos; y no lo dejamos por falta de ganas, ni de ánimos, sino porque estamos hartas de que nos llamen imprudentes por ir solas. ¡La inferioridad del sexo!»

Gracias a los paseos de María Goyri, Ramón Menéndez Pidal pudo entrar en contacto con muchos conocedores de romances. También compartieron con Giner de los Ríos no solo inquietudes intelectuales, sino también la pasión por la naturaleza que poco a poco fue asentando una relación de amistad para toda la vida.