La aportación de Burgos al Bienio pidalino (2018-2019) ha sido posible gracias a la Asociación de Libreros de Burgos, y a otras asociaciones de la ciudad y provincia de Burgos: A. D. Tierra de Lara, Grupo de teatro “Tierra de Lara”, A. C. “Gesta de los infantes de Lara” de Castrillo de la Reina, A. C. “Potámides” de Castrillo del Val, Asociación de Libreros de Burgos, A. C. Amigos de Villamorón y A. C. Puentipiedra de Villegas, en colaboración con el Ayuntamiento de Salas de los Infantes. Debemos especial gratitud a D. Pedro Moreno por su interés y eficacia en la organización y coordinación de los actos.

Fragmentos de una conferencia (Burgos, 27 de mayo 2019)

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La relación de Menéndez Pidal con Burgos y con Castilla es bien conocida, y evidente en sus trabajos y estudios. Pero es una relación, incluso anterior a esos trabajos y estudios.

Juan Menéndez Pidal, su hermano mayor, fue gobernador civil de Burgos, a muy principios del siglo XX. Don Juan fue poeta, y fue periodista y director de periódicos al servicio de Alejandro Pidal, su tío, inspirador de la «Unión Católica», además de gobernador en otras provincias, antes y después de serlo en Burgos. Su influencia sobre su hermano fue grande, puesto que se interesó muy pronto por los estudios medievales y por el Romancero, aficiones que trasladó a Ramón. Don Juan publicó en 1885 una Colección de los viejos romances que se cantan por los asturianos, que fue la primera publicación amplia de romances de la tradición oral de lengua castellana, teñida de asturiano, en una época en la que se pensaba que el Romancero había desaparecido en Castilla; una creencia que Ramón se encargaría de desmentir muy pocos años después.

Jimena Menéndez Pidal hija de Ramón, era ahijada de Juan, y pasó en su niñez algunos veranos en Burgos, en casa de sus tíos. Según recordaba y yo le escuché contar más de una vez, se le había quedado grabada la imagen de su tía, Ana Cuenca (pariente de don Juan Valera), liando con una extraña máquina cigarrillos para su marido, empedernido fumador.

Otra relación lejana, pero muy directa, de Menéndez Pidal con Burgos, le venía a través de su mujer, María Goyri. María era hija de madre soltera, y dados los prejuicios de la época contra los llamados hijos naturales, Menéndez Pidal tuvo que enfrentarse a la oposición de su familia, muy conservadora, antes de poder casarse con ella. Según consignó don Ramón en unos apuntes:

Alejandro [Pidal] me quería casar con una rica heredera. Me había presentado al padre, a quien yo necesitaba visitar varias veces para un tema que yo trataba en mis Infantes de Lara. Alejandro era entonces presidente de las Cortes (Gobierno de Cánovas; desde 2 marzo 1895 hasta asesinato, 8 agosto 1897) y en su coche oficial con cochero y lacayo de ancho galón de oro en la chistera me hizo ir una vez a la casa de dicho padre, y otra vez mandó ese coche a buscarme. Todo lo tenía admirablemente dispuesto para que yo pusiera los puntos a aquella heredera única. Pero tanta facilidad no me inclinaba a que me fuese agradable una chica insignificante y tímida, sin aspecto ninguno interesante. En aquella casa suntuosa sentía que mi vida de trabajo, de preocupación literaria y científica, era inseparable de mi vida de sociedad y de familia; la vida ordinaria debe teñirse algo de la vida ideal; si no, ésta palidece y se malea.

El matrimonio debe ser un sentimiento, no un negocio. Unamuno en Amor y pedagogía dice que unos tienen novia antes de pensar en casamiento, mientras otros piensan en casamiento antes de tener novia.

Los Goyri procedían de Deusto, en Vizcaya. Una rama se estableció en Burgos, por el traslado de Bartolomé Goyri y su posterior matrimonio con Oliva Erruz Doñoro, marquesa de Barriolucio. Fue una boda ventajosa, y Bartolomé Goyri, que pasó pronto de modesto trasterrado a rico empresario, fue Alcalde de Burgos, entre 1864-1868. Hijo de Bartolomé fue Nicolás Goyri, autor de un libro notable, los Apuntes para las biografías de algunos burgaleses célebres, de 1878, donde si no me equivoco figura el Cid como el primero de esos burgaleses célebres. Otro hijo de Bartolomé, Hipólito Goyri Erruz, que parece responder al arquetipo del señorito mujeriego y bebedor, se casó con Rosario de la Llera, la mujer más hermosa de Burgos según se decía, y del matrimonio nació Oliva Goyri de la Llera, en 1877. María Teresa León, nacida en 1903, es hija de Oliva Goyri y Ángel León, militar de cierto relieve en la Dictadura de Primo de Rivera.

María Teresa León era prima en tercer grado de María Goyri. El primer libro de María Teresa León, Cuentos para soñar, publicado en Burgos en 1928, en una bella edición, y reimpreso aquí mismo en 1998 y 2003 lleva un prólogo de María Goyri.

Pero al margen de los parentescos, es claro que la verdadera relación de Ménéndez Pidal con Burgos y con Castilla es una relación voluntaria y de libre elección, no determinada por los parentescos. Menéndez Pidal nacido en La Coruña, es un gallego accidental, aunque siempre se consideró asturiano. Sin embargo su mayor identificación literaria, histórica y vivencial es con Castilla. Es bien conocido el castellano-centrismo de Pidal, para quien la creación de la nación española se debe a Castilla. Son tesis bien conocidas: la condición de ser la Castilla primitiva un territorio de frontera se traduce en una sociedad más dinámica y resolutiva; es preciso tomar decisiones rápidas, bien sea en los cambios lingüísticos, como la seguridad en diptongar we, frente a la prolongada vacilación we, wa, wo en leonés y aragonés, en las normas jurídica, en el ennoblecimiento de quien pueda costearse un caballo y unas armas —los «caballeros villanos»—… Todo ello configura un «carácter» castellano muy peculiar, que se reflejaría en la antigua literatura: la existencia de una poesía épica sería un rasgo peculiar y privativo de Castilla, y en el Cantar del Cid tendríamos el mejor exponente de la idiosincrasia castellana: un héroe hecho a sí mismo, frente al inmovilismo de la nobleza leonesa… Toda esta concepción castellano-céntrica, ha sido después muy cuestionada, y naturalmente no fue ni es muy bien vista por las áreas periféricas de la Península, trátese de Cataluña o de Galicia. Pero fue en su día aceptada por Ortega y Gasset, y en cualquier caso Menéndez Pidal no pretendía hacer política actual cuando elabora su teoría sobre Castilla, sino extraer consecuencias de lo que creía haber descubierto en sus estudios sobre los orígenes de la lengua española, de la poesía épica y el Romancero, o de las crónicas alfonsíes o anteriores.

Para Menéndez Pidal y sus tesis fueron muy determinantes sus estudios sobre los más antiguos testimonios de la poesía heroica castellana. A la leyenda de los Infantes de Lara dedicó un libro juvenil, publicado en 1896, que le dio fama europea. De los años inmediatos son sus primeros estudios y ediciones sobre el Cantar de Mio Cid, 1898, y el Romancero del conde Fernán González, 1899.
Sus estudios sobre los Infantes de Lara y el Poema del Cid, le llevaron a recorrer la geografía burgalesa y de las provincias limítrofes. Las leyendas épicas había que estudiarlas no solo en los despachos y en las bibliotecas, sino sobre el terreno.

El capítulo sexto de Infantes de Lara se titula «Los lugares y sus tradiciones”, y se encabeza precisamente con un apartado dedicado a las tradiciones burgalesas. En cuanto a geografía del Cantar del Cid, es bien sabido que Menéndez Pidal en 1900, no dedicó su viaje de novios a una estancia en Biarritz o en París, como era la norma en las familias pudientes, sino a recorrer a pie o a lomos de caballerías los caminos del Cid en compañía de María Goyri. Es decir que don Ramón y doña María fueron, en rigor, los primeros peregrinos de esa ruta del Cid que con notable éxito se gestiona desde el Consorcio Camino del Cid en esta ciudad de Burgos.

En ese mismo viaje de novios, en 1900, se produjo el redescubrimiento del Romancero de la tradición oral moderna de Castilla.
El mismo Menéndez Pidal gustó de relatar como se produjo el hallazgo:

En mayo de 1900 hacía yo una excursión por ciertos valles del Duero para estudiar la topografía del Cantar de Mío Cid, y acababa la indagación en Osma, deteniéndome allí un día más para presenciar el muy notable eclipse solar del día 28, ocurriéndosele a mi mujer (era aquel nuestro viaje de recién casados) recitar el romance de la Boda estorbada a una lavandera con quien conversábamos. La buena mujer nos dijo que lo sabía ella también, con otros muchos que eran el repertorio de su canto acompañado del batir la ropa en el río; y enseguida, complaciente, se puso a cantarnos uno, con una voz dulce y una tonada que a nuestros oídos era tan “apacible y agradable” El romance que aquella lavandera cantaba nos era desconocido, por eso más atrayente:

Voces corren, voces corren, voces corren por España
que con Juan el caballero está malito en la cama…;

y a medida que avanzaba el canto, mi mujer creía reconocer en él un relato histórico, un eco lejano de aquel “dolor, tribulación y desventura” que, al decir de los cronistas, causó en toda España la muerte del príncipe don Juan, primogénito de los Reyes Católicos, porque esa muerte ensombrecía los destinos de la nación. En efecto, estudiado después aquel era un romance del siglo XV, desconocido a todas las colecciones antiguas y modernas. Era preciso, en las pocas horas que nos quedaban de estancia en Osma, copiar aquel y otros romances, primer tributo que Castilla pagaba al romancero tradicional de hoy día; era necesario también anotar aquella música, evitando el defectuoso sistema de recoger solo la letra. Y buscando al Maestro de Capilla de la Catedral, haciendo a la bondadosa lavandera repetir y repetir sus cantos, se nos pasaron las horas, sin tiempo apenas para contemplar el gran eclipse solar que entonces ocurría, y que habiéndonos retenido en aquella vieja ciudad, ya poco significaba para nosotros ante el sol de la tradición castellana que allí alboreaba tras una noche de tres siglos. Nuestra buena cantora de romances los había aprendido de niña en su pueblo de la provincia de Burgos, La Sequera, cerca de Aranda de Duero.

Quiere decirse que aunque recogidos en Soria, los romances procedían de una cantora burgalesa.[…]

Jesús Antonio Cid Martínez
Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal
Fragmantos de la conferencia «Ramón Menéndez Pidal, Burgos y la cultura española»
Salón Rojo del Teatro Principal de Burgos
27 de mayo de 2019