Romance inédito de Agustín García Calvo

Este romance fue escrito por Agustín García Calvo hacia 1979, después de regresar del exilio y de que fuera reintegrado a su cátedra de filología latina. En efecto, a raíz de su apoyo hacia las movilizaciones de estudiantes de 1965, fue arrebatado de su cátedra, como otros profesores de la Universidad Complutense de Madrid. Después de pasar un tiempo dando clases en otros centros y siendo acosado por la policía, se exilió a París, donde dio clases en las universidades de Lille y la Sorbona.

El romance, que nos hemos atrevido a titular «Ay de mi alma», es una paráfrasis personal del conocido «Romance de la pérdida de Alhama». Por sus características, podría haber figurado en su Ramo de romances y baladas (Lucina, 1991), publicado más de dos décadas después. Sabemos que Agustín García Calvo tenía en mente publicar una segunda parte; lo que no sabemos es si, finalmente, se hubiera decidido a incluir este romance, que damos a conocer ahora con la amable y generosa autorización de sus hijos.

 

[ROMANCE «AY DE MI ALMA»]

 

Paseábase el rey moro
por las rosaledas blancas,
de acequias en arriates
donde se quiebra su alcázar,

–Ay de mi alma–

cuando le llegaron nuevas
–ángeles las murmuraban–:
que Alá le ponía cerco,
que era su alma tomada,

–Ay de mi alma–

que las huestes de su nombre
–pendones verdes y granas–
desparramados huían
por los campos, por el alba,

–Ay de mi alma–

que de la torre mayor
de la gloria y de la gala,
rendido al hambre, el alcaide
las llaves de oro entregaba.

–Ay de mi alma–

Perdidos sus cien alfanjes,
narguiles de ámbar y nácar,
perdidos eran los ojos
de Aixa y de Fátima y Zaida.

–Ay de mi alma–

A los nuevos que le llegan
no sabe el rey lo que haga;
algo en él decía «sea»
pero algo en él suspiraba:

–Ay de mi alma–

«Cuántas guerras y tesoros
para alzarla y adornarla,
cuántos años de trabajos
y de músicas llenándola.

–Ay de mi alma–

»La di diadema de rey,
le di por nombre Abenamar;
le dije que era y que era
sabiendo que era engañarla.

–Ay de mi alma–

»Pero ella, en medio del sueño,
sabía bien que soñaba,
queriendo vivir, quería
saber la verdad que mata.

–Ay de mi alma–

»La aderecé de jazmines
y sollozos de guitarras
y le dije que era suyo
el oro, el harén, las cuadras.

–Ay de mi alma–

»Le dije que Alá en el cielo
un sitio le reservaba,
donde viviera por siempre
fiesta sin miedo y sin ansia.

–Ay de mi alma–

»Pero, ya que llegan nuevas
que entran a saco a la plaza,
pero ya que nada vale
que está perdida y ganada.

–Ay de mi alma–

»si Dios y yo no podemos
vivir en la misma casa,
sea Dios, que es el que es,
y yo despierte a la nada.»

–Ay de mi alma–

 

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Hemos modificado nuestra introducción gracias a las interesantes aportaciones que hemos recibido recientemente. Queremos agradecer vuestra participación y animaros a seguir comentando.

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