EL ARCHIVO DEL ROMANCERO

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

(Historia documentada de un siglo de Historia)

por
Diego Catalán
 

Capítulo Primero 


I

PRESENTACIÓN:
EL ROMANCERO Y EL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL
1. El Romancero, obra colectiva pan-hispánica.

El Romancero, una "Iliada sin Homero" (según comparación muy repetida en los comienzos del Romanticismo europeo) ha compartido con el Quijote y la Celestina el privilegio de ser considerado como una de las creaciones más características, a la vez que de un mayor valor estético universal, del "genio" español.

El "Romancero" a que esa comparación hace referencia es el conjunto de romances que, desde tiempos tardo-medievales hasta el presente, han venido cantando o recitando los más diversos pueblos de habla española (o castellana), portuguesa, catalana y judeo-española (o sefardí) en la actualidad dispersos por los cinco continentes habitados. Es el llamado "Romancero tradicional", o corpus de la poesía baladística de los pueblos lingüísticamente hispánicos, transmitido de memoria en memoria de una generación a otra y abierto siempre a continua renovación. Aunque esta poesía narrativa tradicional sea, por naturaleza, oral y, por lo tanto, efímera en cada una de sus manifestaciones, se nos documenta gracias a que, ocasionalmente, alguna de sus versiones cantadas o salmodiadas fueron manuscritas, impresas o grabadas en muy diversos tiempos, por haber despertado el interés de poetas, músicos, libreros, etnógrafos o filólogos.

Pero, ya desde el s. XV, el "Romancero tradicional" de transmisión oral, vino a suscitar el interés y la admiración de los cultivadores y consumidores letrados de poesía cantada y a ser imitado por ellos; de resultas quedó integrado como "género" poético-musical, en la literatura que componían los escritores y músicos del día. Surgieron así, sucesivamente, a imitación de los "Romances viejos", los "Romances trovadorescos", los "Romances eruditos o cronísticos" y el "Romancero nuevo", representativos, cada uno de ellos, de los gustos de los autores literarios de fines del s. XV y comienzos del s. XVI, de mediados del s. XVI, y del último cuarto del s. XVI y comienzos del s. XVII. En fin, en época moderna el "género romance" renacerá, con mayor o menor éxito, en poetas como Nicolás Fernández de Moratín, el Duque de Rivas o Federico García Lorca.

Aunque bajo el término de "Romancero" anden revueltas, por lo tanto, creaciones literarias de muy variada y dispar naturaleza, que a la crítica histórica interesa distinguir, no resulta fácil, ni quizá posible, establecer fronteras nítidas entre romances de unos y otros tipos y tiempos, pues en la historia de su transmisión, sea escrita, sea oral, abundan los entrecruzamientos.

2. El Archivo Menéndez Pidal del Romancero.

En otras culturas europeas los materiales folklóricos de valor nacional han sido reunidos por iniciativa del Estado, que se ha encargado de su custodia, conservación y accesibilidad. Ni en España ni en Portugal contamos con un archivo de ese carácter.

Afortunadamente, la iniciativa (privada) de una familia, ha hecho posible que, al ir a comenzar el s. XXI, no sólo España y Portugal, sino toda la comunidad internacional de hablantes de español, gallego-portugués, catalán y judeo-español esté representada en el Romancero del "Archivo Menéndez Pidal", colección documental que, sin ser un archivo de la literatura tradicional en su conjunto, es, al menos, un archivo pan-hispánico del conjunto del Romancero.

Esta colección documental tiene como núcleo básico el "Romancero tradicional". Según aclaraba su formador, Ramón Menéndez Pidal, cuando en 1953 inició la publicación de ella, "No será la forma métrica, de octosílabos asonantados, la que limite nuestro campo; lo limitará el carácter poético de la composición (...). Trataremos, pues, del romance en cuanto breve poema épico-lírico destinado al canto, elaborado popular o tradicionalmente".

No obstante, en torno a ese núcleo se hallan además coleccionados en el "Archivo Menéndez Pidal / Goyri" muchos textos, pertenecientes al "género Romancero", que no tienen su origen en la tradición oral, sino que son obra de autores que escribieron romances ajustados a la poética de unos determinados tiempos, de una determinada escuela literaria "culta". Si bien en el "Archivo" no se reunió toda composición escrita en metro de romance, sí lo fueron todos aquellos romances que, por su temática o su difusión, tienen alguna relación con los pertenecientes al núcleo constituido por el "Romancero tradicional".

Por otra parte, interesa subrayar que fue principio esencial en la compilación de los fondos del "Archivo Menéndez Pidal / Goyri" la consideración de que entre el Romancero de los siglos XV y XVI y el Romancero de los siglos XIX y XX hay una indiscutible relación de continuidad. Ramón Menéndez Pidal gustaba de comparar el estado en que él halló el cuerpo (o corpus) del Romancero con aquel en que, según la leyenda, vino a quedar el de nuestro erudito y nigromántico Marqués de Villena, descuartizado y hecho gigote en una redoma, y consideraba que, mediante su "Archivo", había él venido a conjurar y reconstruir en su integridad ese cuerpo (o corpus), juntando y ensamblando las descuartizadas piezas del Romancero antiguo y del Romancero que modernamente se canta y recoge en las más diversas comunidades de lengua hispánica por toda la redondez de la tierra.

En fin, el "Archivo Menéndez Pidal / Goyri" del Romancero alberga fundamentalmente los textos (versiones) de romances manuscritos o impresos en los siglos XV, XVI y XVII y los textos (o versiones) de romances editados o inéditos coleccionados en los siglos XVIII, XIX y XX, la mayor parte de ellos procedentes de la tradición oral.

Junto a las versiones de romances, el "Archivo" contiene, además, las citas o alusiones a romances presentes en obras de diverso carácter, tanto españolas como extranjeras, que muchas veces son las únicas formas de tener constancia de la difusión del romance o de versiones particulares de romances que no se imprimieron. También hay en él noticia sobre las adaptaciones de los temas romancísticos al teatro, sobre antecedentes en la épica, en la historiografía o en la novela medievales, sobre relaciones con baladas europeas de tema análogo, sobre la conexión de los relatos poéticos con hechos históricos, etc. Estas notas son el resultado de años de lectura de María Goyri o de los muy diversos intereses que durante la larga vida de Ramón Menéndez Pidal presidieron sus investigaciones.

II
CREACIÓN Y ORÍGENES DEL ARCHIVO MENÉNDEZ PIDAL DEL ROMANCERO
1. Los fondos del s. XIX.

Ramón Menéndez Pidal recibió de uno de sus hermanos mayores, Juan, la afición por el Romancero de tradición oral que, en la Asturias de fines del s. XIX, seguían cantando los "paisanos", los habitantes de las aldeas y caseríos cuya vida se circunscribía a las relaciones con los habitantes del entorno rural(1). En ese medio social, los textos recibidos de las generaciones precedentes seguían siendo valorados como una preciosa herencia de "saber", de conocimiento sobre las pasiones humanas y respecto a los problemas y reglas de conducta a que ha de enfrentarse o someterse la familia o la comunidad.

Cuando Ramón llegaba a sus 16 años, Juan Menéndez Pidal poseía ya una preciosa colección de versiones asturianas, reunidas entre 1881 y 1884, que estaba publicando en su libro Poesía popular. Colección de los viejos romances que se cantan por los asturianos en la danza prima, esfoyazas y filandones, Madrid, 1885. Esa publicación contenía más de un centenar de versiones de unos setenta temas romancísticos. Unas treinta las había recogido Juan Menéndez Pidal personalmente(2); las restantes eran el fruto de la colaboración de otras personalidades de la Asturias finisecular: las veintiséis versiones del Occidente (concejos de Luarca, Navia, Coaña y Boal) las había obtenido el folklorista Bernardo Acevedo y Huelves(3), las del concejo de Cangas de Onís, en el Oriente, José Amador de los Ríos(4); las de Laviana, el médico folklorista Eladio García Jove y Luisa Menéndez Valdés(5) y las del concejo de Oviedo el asimismo folklorista Fermín Canella y Secades(6); también habían contribuido a formar la colección María Ciaño, Silvestre Frade y Braulio Vigón(7). Juan continuó, después de la aparición de su libro, reuniendo nuevas versiones para una reedición de la obra, que no llegó a publicar. Sus nuevos textos proceden de los años 1885 a 1902. Actualmente, buena parte de los originales "de campo" de los romances publicados en 1885(8), junto con los reunidos en fecha posterior(9), forman una de las colecciones más antiguas del corpus de versiones de la tradición oral moderna que se guardan en el "Archivo Menéndez Pidal / Goyri"(10).

Por los años en que Juan Menéndez Pidal publicaba su inicial colección, uno de sus colaboradores, Bernardo Acevedo y Huelves, continuaba explorando los pueblos de Asturias al Occidente del río Navia (1884, 1886, 1889) y reunía una excelente colección de versiones procedentes de Villacondide, El Espín y Jarrio (en el concejo de Coaña)(11) y de Armal, Miñagas, Serandinas y Figueiredo (concejo de Boal)(12), junto a tres versiones de Navia(13) y otra de Cerezal (Luarca)(14); además en Castelo de Frades (Lugo), obtuvo otras siete versiones (con diez temas del romancero)(15). Acevedo remitió estas cuarenta y ocho versiones de romances del occidente de Asturias y Lugo, juntamente con una versión procedente de Oviedo(16), a Ramón Menéndez Pidal en torno a 1910(17).

Más antiguos aún que estos originales, son los de otras versiones asturianas que constituían la colección de José Amador de los Ríos. Esos romances fueron recogidos de la tradición oral y anotados entre 1860 y 1865. También colaboraron en la formación de esta temprana colección asturiana varias personas, entre las que destaca Gumersindo Laverde(18). Ya en 1906 tuvo Ramón Menéndez Pidal acceso a los originales y también a una "copia", en que el colector había retocado profundamente los textos, y María Goyri pudo copiar de unos y otra numerosas versiones. Pero de mayor interés aún que estas copias, hechas en buena parte a partir de los originales no retocados por el colector, son los propios originales que el hijo de don José, Rodrigo Amador de los Ríos, dio a Menéndez Pidal con posterioridad a 1910(19).

Este espléndido conjunto de versiones recogidas en el s. XIX de la tradición oral asturiana, libres de los retoques con que pretendieron ennoblecerlas los primeros estudiosos del Romancero tradicional moderno, constituye una de las "perlas" de la colección reunida por Ramón Menéndez Pidal.

Un siglo anterior a los romances coleccionados por José Amador de los Ríos en Asturias es un texto, el más antiguo de la tradición peninsular moderna, que transcribió la mujer del farmacéutico de Malpartida de Plasencia (sobre la que luego hablaremos) para Ramón Menéndez Pidal, con el siguiente encabezamiento: "Copia de un manuscrito roto, sucio, y que dice así «Lo hizo (o escribió) fulano de tal en el año de 1750 a 6 de Marzo»".

Tiene ya todas las características de los romances "para Viernes Santo", en que se enlazan en larga e incoherente retahila múltiples temas y motivos del Romancero sacro.

Al siglo XIX pertenecen otros originales de versiones recogidas de la tradición oral en diversas comarcas y que hoy se guardan en el Archivo.

Mientras no vuelvan a ser descubiertos los originales manuscritos por el "acer, indomitus, libertatisque magister" don Bartolomé José, que un día estuvieron en poder de Pedro Sáinz Rodríguez y hoy no se sabe a dónde fueron a parar(20), las copias contrastadas por María Goyri y Ramón Menéndez Pidal de los dos romances que Gallardo anotó, estando, según en ellos se hace constar, en "la carzel de Sevilla" en 1825, seguirán siendo los "originales" de los primeros romances de la tradición española de tema profano recogidos de la tradición oral después del Siglo de Oro, contemporáneos de las primeras muestras de romances portugueses que obtuvo Almeida Garrett(21).

También se guardan en el Archivo textos que reproducen los originales de campo de las versiones recogidas por y para Marià Aguiló (entre ellas alguna por Jacinto Verdaguer) con anterioridad a la publicación de las versiones facticias que constituyen su Romancer popular de la terra catalana: Cançons feudals cavalleresques de 1893; Aguiló venía recogiéndolas desde antes de 1853(22). De algunas de esas versiones, obtuve personalmente las reproducciones fotográficas de los originales de campo(23); de muchas otras, conserva el Archivo las cuidadosas transcripciones (que incluyen la melodía) hechas, por colaboradores del "Cançoner Popular de Catalunya", a partir de los originales manuscritos de Aguiló guardados en la Fundación Patxot(24). Es de esperar que la entrada del conjunto de los materiales de esta fundación en la Abadía de Montserrat haga algún día superfluo el recurso a los "originales" del archivo pidalino(25). También hay, junto a los materiales de Aguiló, fotocopias de alguna versión manuscrita de la Colección reunida por Pujol i Camps(26).

De Florencio Janer hay una versión manuscrita (con su cuidada caligrafía) procedente de las "cercanías de Santander(27)", que se integró en el Archivo procedente de la colección de originales de Amador de los Ríos(28). También como parte de la colección de José Amador de los Ríos se incorporaron al Archivo una versión de Delgadina, con variantes, y dos romances religiosos anotados por Vicente la Fuente el 22 de Diciembre de 1881, representativa la versión con variantes de la tradición de "Navarra, Aragón y La Rioja" y las religiosas de la de Pamplona(29).

A 1896 remontan los primeros romances inéditos de origen sefardí del Archivo Menéndez Pidal oídos por un colector moderno: tres versiones de Orán recogidas por Salomón Levy(30) (aunque, a través de copias manuscritas, conocemos versiones de la tradición oral judeo-española de Sarajevo, Bosnia, que se anotaron en el s. XVIII, como enseguida diremos).

Cayo Ortega Mayor proporcionó a Ramón Menéndez Pidal cuatro textos que c. 1880 había recitado "una muchacha de Castro Fuentidueña (Cuéllar, Segovia)" llamándolos "cuentos" y otro de Muradillo de Roa (Burgos) "tal como se cantaba a mediados del siglo XIX"(31).

Pero estos fondos, que retrotraen hasta mediados del siglo XIX o incluso a mediados del s. XVIII la documentación de la tradición oral peninsular, judeo-española y americana existente en el "Archivo Menéndez Pidal / Goyri", no son propiamente el punto de partida del Archivo, ya que entraron a formar parte de él tiempo después de haber sido creado y organizado(32). Lo mismo ocurre con las copias realizadas por Manuel Manrique de Lara en 1911 de manuscritos de los siglos XVIII(33) y XIX(34) procedentes de la tradición oral de los judíos sefardíes, y de los incipit de romances que, como referencia musical para los himnos litúrgicos o piyutín de Israel Naara se imprimieron en ediciones varias de su obra o fueron anotados a mano, por algunos usuarios de ella, sobre los ejemplares que poseían(35), que constituyen hoy por hoy la colección de "originales" más antigua del Romancero tradicional moderno, o con los gimarás (panfletos o libros de cordel) en caracteres hebraicos impresos en las stamparías de Salónica, Sofía, Esmirna y Jerusalén, verdaderas joyas bibliográficas, alguna de ellas única, que atesora el Archivo(36).

2. Descubrimiento de la tradición oral castellana en 1900.

La creación de un "Archivo" sobre el Romancero en la casa del matrimonio Menéndez Pidal / Goyri tuvo su punto de partida en una experiencia vivida en el singular viaje de novios que realizaron por la ruta del destierro del Cid el año 1900 en que finalizaba el siglo. En el curso de su excursión, se dirigieron a El Burgo de Osma (Soria), ya que querían aprovechar la circunstancia de que el eclipse de sol que entonces iba a haber era desde allí total; pero su atención se vio desviada hacia algo muy diferente(37), pues durante su estancia en aquel lugar tuvieron la ocasión de ver brillar nuevamente el "sol" de la, por varios siglos eclipsada, tradición oral castellana del Romancero: una mujer, que sólo podemos identificar con el poético nombre de "la lavandera del Duero", natural de La Sequera (cerca de Aranda, Burgos), les cantó --y ellos anotaron(38)-- los primeros romances de tradición oral procedentes de Castilla que se ponían por escrito desde que en el Siglo de Oro dejaron de recogerse(39). Entre ellos, el histórico o "noticiero" de la Muerte del príncipe don Juan, el heredero de los Reyes Católicos, que ocurrió en 1497(40).

Ramón Menéndez Pidal se apresuró a comunicar su hallazgo a Marcelino Menéndez Pelayo, que estaba publicando un "Suplemento a la Primavera y flor de romances de Wolf", titulado Romances populares recogidos de la tradición oral (como volumen X de su Antología de poetas líricos castellanos, Madrid: Hernando, 1900) y que en la página 7 de esa obra se había condolido respecto al Romancero: "este caudal poético, al parecer, ha desaparecido casi completamente en las regiones centrales de la Península, en las provincias que por antonomasia llamamos castellanas".

Al recibir la comunicación de los jóvenes investigadores, don Marcelino se apresuró a reproducir la carta, junto con los textos que en ella se incluían, como muestra de la existencia de un Romancero castellano aún vivo en la tradición oral, corrigiendo así en las páginas 220-222 del mismo volumen su desesperanzada conclusión de la página 7.

3. Los primeros pasos en la compilación de un Romancero oral pan-hispánico.

El descubrimiento de que Castilla, al igual que Portugal, Asturias, Cataluña o las comunidades judeo-españolas de Oriente, conservaba plenamente viva la tradición oral multisecular del Romancero, llevó a Ramón Menéndez Pidal y a María Goyri a realizar, en los años inmediatos, nuevas "encuestas"; y, vistos los resultados que sus primeras indagaciones les iban proporcionando, Ramón Menéndez Pidal tuvo muy pronto la tentación de dar forma a un Romancero propio, aunque de momento no quisiera interferir públicamente en un campo en que el maestro Menéndez Pelayo podía creer haber dicho la última palabra.

La tentación fue, en efecto, muy temprana. Cuando el hispanista Foulché-Delbosc, editor de la prestigiosa Revue hispanique, propuso a Menéndez Pidal, publicar conjuntamente, en la "Bibliotheca hispanica", un Romancero(41), escribiéndole el 25 de Junio de 1901 en los siguientes términos: "Tendría V. inconveniente en publicar conmigo una edición de romances viejos? Si V. me dice que admite mi proposición, me comprometo en utilizar cuanto pueden tener la biblioteca de Paris, Londres, y --si posible-- Viena; V. tendría que arreglarse con las de Madrid y la del marqués de Jerez en Sevilla, así como con las demás de España en que se pueda encontrar algo relativo a los romances (...)", su corresponsal reaccionó negativamente, pues ya tenía muy claro el propósito de incorporar al romancero viejo tradicional el romancero tradicional moderno: "Siento perder colaboración tan preciosa del que ha probado ser el que mejor entiende lo que es la publicación de textos. Pero me parece muy difícil repartir el trabajo en cuanto a los textos, e imposible en cuanto a las notas. Además, la colaboración destruiría mi plan, que es comprender también los tradicionales de hoy, de que ya tengo buena colección de inéditos(42)".

Aquel su "plan" formaba parte de un proyecto de trabajos que Ramón Menéndez Pidal creía poder concluir en los 25 próximos años de su vida y que, con todo detalle, anotó en una hoja bajo el título "Planes 10 Julio 1901"(43). Según ese proyecto el "Romancero general" ocupaba el tercer lugar y la "Fecha de acabar" que le correspondía era "Dic[iembre de] 1904".

Sin embargo, Ramón Menéndez Pidal decidió no cerrar del todo la puerta a la colaboración. Algunos meses después, el 31 de Octubre, trataba de explicar por escrito a Foulché-Delbosc todas las cuestiones que, inicialmente, había querido reservar para una conversación cara a cara con él en Madrid(44).

Menéndez Pidal no veía inconveniente en el hecho de que su maestro estuviera imprimiendo un romancero: "Estando todavía en publicación el Romancero de Menéndez Pelayo acaso no le pareciera bien que yo preparara otro; pero a esto no doy importancia, pues creo que tampoco se la daría él. Cualquiera es dueño de renovar los asuntos que otro ha tratado, aun antes de los dos o tres años que tardaría el nuevo Romancero"; no obstante, tenía claro que, tras la reciente reseña negativa de Foulché-Delbosc a la edición de La Celestina de don Marcelino, él no podía entrar en un proyecto conjunto con el crítico de su maestro: "Pero que yo colaborase con V. de seguro enemistaba conmigo a mi maestro, a quien tanto debo; y este reparo no le chocará a V., ni lo tomará por escrúpulo monjil", a menos de que Foulché-Delbosc moderara sus críticas a Menéndez Pelayo y, sin necesidad de "alabar lo que no sea loable", reseñara en la Revue hispanique los últimos volúmenes de la Antología de poetas líricos castellanos dedicados al Romancero alabando lo en ellos loable: "Si se dijese del Romancero de la Antología que el texto no valía nada, pero que ofrece grandes y notables novedades como son la Tercera parte de la Silva, varios pliegos sueltos y la reunión en un cuerpo de los romances recogidos de la tradición oral, no se diría ninguna mentira".

Superado ese grave escollo, Menéndez Pidal, con ciertas condiciones respecto a la forma de concebir la obra, se mostraba dispuesto a seguir adelante: "Si V. se decide por que hagamos juntos el Romancero, renunciaré gustoso a mi plan"; y, para que Foulché-Delbosc entendiera mejor esa renuncia, le explicaba ese "su plan" previo de "Romancero tradicional". Gracias a ello lo conocemos tal como lo tenía pensado en 1901: "El Romancero que yo preparo(45) hace tiempo tiene dos partes: una de romances tradicionales recogidos en el siglo XVI; otra de los tradicionales recogidos en nuestros días(46), para ofrecer así dos sondajes de la tradición con tres siglos de intervalo. Tengo ya recogidos directamente por mí bastantes romances inéditos de Asturias, Soria y algunos procedentes de otras provincias (primero escribió: Andalucía); y creo que algunas otras(47) exploraciones que proyecto podrán ofrecer un conjunto nuevo en la materia. Si nos asociamos, tendré que omitir esta segunda parte, pues es imposible la colaboración en ella".

A este tiempo remonta, indudablemente, un apunte en que se concreta el "Plan del Romancero":

"I. Romances recogidos antiguamente, seguido cada uno(48) de notas de fuentes, lo más breve, sin copia de las crónicas más que estractos de la narración y palabras que se reflejen en los romances. Referencia a los romances de hoy que conservan todo o parte del Romance. Citas del mismo que prueban su difusión.

Apéndice. Música recogida antiguamente, calcada o mejor fotografiada directamente de Palacio y libros de vihuela, y si acaso, por nota, transcripción moderna.

II. Romances recogidos modernamente, reunidos por asuntos, sin atender a las regiones, incluyendo Portugal, Brasil, Cataluña y Galicia (Quizá los totalmente hijos de los antiguos fueran mejor con los viejos? No. Así se representan mejor, separados, [como] el resultado de dos sondeos de la tradición, el del siglo XVI y el del XIX-XX).

Música anotada modernamente".

Complementarios de este "Plan" (aunque no escritos correlativamente) son dos diferentes apuntes en que se proponen recursos tipográficos para subrayar las clasificaciones(49).

Aunque Foulché-Delbosc propuso que Menéndez Pidal complementara la edición conjunta del Romancero viejo mediante otro tomo, de su exclusiva autoría, con los romances tradicionales y con el estudio literario, al parecer, Menéndez Pidal optó por reducir la obra en colaboración a la preparación de un volumen titulado Romances populares o popularizados en el siglo XVI, que exigía depurar la Primavera y flor de romances de Ferdinand Wolf de cuantos romances no respondieran a ese título. El 25 de Noviembre de 1901 así se lo explicó a Foulché-Delbosc(50): "Creo que hay que excluir muchos romances de la Primavera. Wolf admitió muchos para completar los ciclos, cosa que no nos interesa a nosotros nada. Así, de primera intención, creo deben excluirse los de la adjunta lista"(51) y, como comentario a la lista, añadía: "Creo debemos incluir en el romancero estas clases: 1º. R[omances] tradicionales del s. XVI.- 2º. Romances semiartísticos basados en otro tradicional.- 3º. R[omances] semiartísticos semi-populares. 4º- Juglarescos. Exclúyense los de Wolf semi-artísticos sin tono popular ni elementos tradicionales y los eruditos y trovadorescos, para poder titular el romancero Romances populares o popularizados en el siglo XVI".

En cuanto al establecimiento de los textos, Menéndez Pidal proponía a Foulché-Delbosc el siguiente plan: "De Cracovia, me ofrece una copia fiel de los romances viejos de allí el Sr. Porbowicz; hace tiempo ya que me ha hecho su promesa y espero la cumplirá. De Viena, creo no necesitamos más que restituir a la ortografía vieja los romances que vio Wolf (Primavera I, p. V) y espero que me haga esta tarea un joven doctor, Sr. Klob, que me ayudó ya en otra cosilla; no sé si será excesivo el trabajo; ahora no me he formado idea de él.

Para los pliegos sueltos de Praga publicados por Wolf, no sé cómo nos arreglemos. De Munich no nos interesa el Cancionero de Romances de 1550, pues también existe en el Museo Británico; sólo, sí, el Cancionero de Constantina (Primavera I, p. LXXXVI y p. LVII) en lo poco que tiene, y se me ocurría pedirlo por intercesión de nuestra infanta Eulalia (que creo reside allí, no estoy muy enterado); pero si hay medio menos encumbrado siempre será mejor.

Su amigo de Vd. de Copenhage es pintiparado. El Dr. E. Gigas ha dado noticia: «Ueber eine Sammlung span. Rom. in fliegenden Blättern in der Königl. Bibl. zu Kopenhagen» en el Centralblatt für Bibliothekswesen, Vol. II, p. 157; no tengo este artículo y se me ocurre que lo mejor será lo vea V. ahí (que estará en la B[ibliotheque] Na[tionale]) para abordar desde luego a su amigo de V. Si V. hallara un ejemplar de el número citado, sería mejor tenerlo a nuestra disposición"(52).

Pese a tantos planes, el proyecto de edición conjunta fracasó. Un par de años después, Ramón Menéndez Pidal continuaba su camino solo, según nos deja ver una carta suya del 8 de Mayo de 1903 a Alfred Morel-Fatio(53): "El Romancero de Menéndez Pelayo me renovó la idea de recoger romances (...) y espero reunir versiones en gran cantidad para, cuando la obra de Menéndez Pelayo haya hecho su camino, planear un nuevo Romancero".

A fin de ir preparando ese "nuevo Romancero", el matrimonio Menéndez Pidal / Goyri, ya en 1901, había comenzado a elaborar listas geográficas de las versiones que iba reuniendo. Gracias a estas descripciones iniciales, en que María Goyri anotaba cuidadosamente los dos primeros octosílabos de cada versión y su procedencia(54), podemos reconstruir lo que habían logrado incorporar a su Archivo hasta esa fecha.

De "Soria" y "Burgos"(55) tenían 8 versiones: de ellas, las 6 adscritas a "Aranda"(56) son las dichas por la lavandera natural de La Sequera; las otras dos se sitúan en "Osma" y en "Villarejo sobre Huerta", pueblos sorianos; la de "Osma" figuraba entre las que comunicaron a Menéndez Pelayo(57). El inventario que describe los "Romances de Madrid" incluye 17 versiones: una de "Valdetorres"(58), cinco de "Alcovendas"(59) y once de "Madrid"(60); y el de "Romances de Guadalajara" cuatro versiones, todas ellas de "Cardoso-Somosierra"(61). Entre los pocos "Romances andaluces" anotados, tres de ellos, procedentes de Málaga, dichos en 1901 por una niña de 10 años, sin duda lo fueron en Madrid, capital o provincia(62). En Asturias(63), "además de los de Juan"(64) que Ramón y María no describían en su listado, habían coleccionado once versiones de Linares y Solleres (Ribadesella), de Loroñe (Colunga), de San Juan de Amandi (Villaviciosa), de Pajares (Lena) y de Santa Eulalia (Allande)(65). Las de esta última localidad, puesto que las dijo la "criada" Concha, debieron de ser recogidas en Madrid; quizá ocurra algo similar con otras de las versiones(66). Los romances que en 1901 poseían de León habían sido recogidos en el mes de enero de boca de una criada recién llegada de Almanza a Madrid para servir en casa de Luis Menéndez Pidal; eran un total de 10 romances y unas coplas; otra versión leonesa les proporcionó asimismo otra criada venida a Madrid en ese mismo año(67).

Hasta aquí llegaban sus hallazgos personales en 1901. Pero ya por entonces Ramón Menéndez Pidal había conseguido la colaboración de varios eficaces corresponsales. El más activo de ellos fue Luis Maldonado, Catedrático de la Universidad de Salamanca. El 23 de noviembre de 1901 le remitía ya "cuatro" (en realidad cinco) romances "que ha tomado al oído en Piedrahita (Ávila) y Muñovela de Valmuza mi amigo el Sr. Martín Robles, un joven muy aficionado a los estudios filológicos a quien V. doctoró con nota de sobresaliente hace poco tiempo", junto con "otro romance que he copiado yo mismo". Al comienzo de esa carta Maldonado hacía notar: "No he escrito a V. antes porque esperaba a enviar a V. los primeros romances tomados de viva voz como V. desea". Gracias a Maldonado las hojas de "Romances recogidos en Ávila y Salamanca" son las más copiosas. Incluyen versiones salmantinas, que en las listas se sitúan en "Florida de Liébana a dos leguas de Salamanca" (vulgo, Muelas): 1 versión, "Vitigudino"(68): 4 versiones, "Encinasola": 1 versión, "Alba de Tormes"(69): 3 versiones, "Béjar"(70): 2 versiones, "Robliza"(71): 1 versión, "Villoria": 1 versión(72), y "Muñovela": 1 versión. Y, también, otras abulenses, adscritas a "Piedrahita": 4 versiones(73). A esta lista de versiones hay que sumar otras once que, por su carácter (de "arrieros y ladrones", "modernos", "de pueblos", "religiosos") quedaron inicialmente "sin clasificar" y que Ramón anotó, apresuradamente(74), al final del inventario(75). En la recogida de estas versiones proporcionadas a Menéndez Pidal por Maldonado contribuyeron personas varias: Mariano Domínguez Berrueta(76), el médico Dionisio García(77), Pedro Antonio Martín Robles(78) y Carlos Sánchez de Terrones(79).

En la carta del 23 de noviembre de 1901 sugería Maldonado a Menéndez Pidal: "Unamuno tiene mucho de todo esto, pues todos le hemos ayudado mucho en sus investigaciones (...). Si V. le recuerda a Unamuno su ofrecimiento, creo que le enviará a V. todo lo que tiene y si no lo ha hecho ya será porque lo haya olvidado con los muchos asuntos que tiene".

Pero, algún tiempo después, en otra de enero de 1902, Maldonado reconocería: "Se me olvidaba decir a V. que los otros romances que tiene Unamuno son los tres que envié a V. de M. Robles (la misma transcripción). Lo demás son cantares. Él ha ganado en el cambio la que le hemos dado. Lo que tiene que enviar a V. es el vocabulario".

La aportación de Unamuno a la colección de romances sería, en efecto, mínima; pero no por ello deja de ser valiosa(80).

Gracias a Rafael Farias y Velasco, la colección se enriqueció con las primeras versiones de "Segovia", tres versiones de "Nava de la Asunción", y de "Valladolid", dos versiones de "Tudela de Duero"(81), y con otra andaluza de Almería, del lugar de Gádor, muy interesante(82).

En fin, aunque de Portugal le llegaron tres versiones de Tras os Montes, eran procedentes de una publicación, no inéditas(83).

Vistas desde una perspectiva actual, esas 88 versiones reunidas entre 1900 y 1901, de que tan orgulloso se mostraba Ramón Menéndez Pidal, no nos parecen gran cosa, ni en su número, ni en cuanto a los romances en ellas conservados, ya que los temas de indudable interés para la historia del Romancero tradicional se limitan a dos: la Muerte del príncipe don Juan y El cautivo del renegado(84). Pero, dado lo hasta entonces conocido de la tradición en lengua castellana, acercarse al centenar de textos en poco más de un año de actividad parecía algo notable.

En los años inmediatos, 1902-1904, Ramón Menéndez Pidal y María Goyri continuaron la afanosa búsqueda de nuevas versiones de la tradición oral.

Ramón, juntamente con su hermano Luis, recogió en 1902 los primeros romances gallegos de la colección(85) de María Manuela García, de Armesto (Lugo), quien, según anotó Menéndez Pidal con referencia a ellos, "recitaba los romances castellanizándolos la 1ª vez; la 2ª, más de corrido, los hacía más gallegos. Prefiero esta segunda forma". Eran un total de nueve textos los que María Manuela recordaba. Es posible que la recitadora fuera una criada de Luis Menéndez Pidal y que los hermanos nunca estuvieran en Armesto(86). También debieron de ser recogidas en Madrid las siete versiones de Valencia de don Juan (León) que se incorporaron al Archivo en 1902(87), y sospecho que tienen también un origen similar la mayor parte de las versiones asturianas recogidas en 1902(88): cinco versiones de Pajares, otras cinco de Mieres y dos y un fragmento de Santa Eulalia de Oscos. En ese mismo año Rosario Menéndez Pidal, anotó, al menos, siete versiones en el concejo de Ribadesella(89).

Pero cuando con más ahínco buscaron romances Ramón y María fue durante los veranos que pasaban en la Cartuja de El Paular en el Valle del Lozoya(90). En ocasiones, intentaron ampliar geográficamente el área de su recolección, visitando lugares alejados del Valle del Lozoya; pero, en sus primeros intentos, cayeron en el error de aceptar el apoyo de las "fuerzas vivas" de los pueblos visitados, quienes traían a su presencia a los mejores conocedores de las "antigüallas" regionales, cuyo saber nada aprovechable contenía respecto al romancero de tradición oral; tal les ocurrió en su visita a Atienza y Sigüenza (Guadalajara), según recordará Menéndez Pidal muchos años después(91). Sólo zafándose de la presencia y tutela de las gentes con autoridad, callejeando por los pueblos, lograron volver a topar con "la esquiva, la reacia musa de la tradición". Su forma de conseguir que los vecinos, que les salían curiosos al paso, acabaran por recitarles o cantarles romances, consistió en enrutarles hacia el objetivo de sus pesquisas mediante la recitación por su parte de algunos comienzos de romances que se sabían de memoria(92). Aquel sería, en adelante, su método para conseguir romper el hermetismo de la tradición oral.

De la actividad recolectora en los pueblos cercanos a El Paular nos ha conservado noticia muy expresiva Jean Ducamin, el reciente editor del manuscrito S del Libro de buen amor, en la muy florida "Dédicace" a Menéndez Pidal de su edición de Pierre Alphonse, Disciplines de clergie et de moralités(93). En ella recuerda cómo, antes de dedicarse en 1904 a sus tareas de filólogo hispanista, pasó una parte de sus vacaciones en "ce frais, touffu et riant vallon" del Paular, "égaré au milieu des arides paysages, dénudés et graves de la Castille". Vale la pena traducir algunos de sus recuerdos: "Hacia el 20 de agosto de 1904, después de haber hecho en diligencia, durante toda una noche y la mitad de un día, uno de esos viajes, tan largos, en cuanto placenteros, y tan cortos, al ser accidentados y pintorescos, como ya no pueden hacerse sino en España, arribé feliz a Rascafría. Usted me esperaba armado, a la expectativa de una caza de romances, con un fonógrafo, que le servía para dos fines: a veces, para recoger la tonada, cuando valía la pena; más a menudo, para engatusar a los posesores de la preciosa tradición, regalando con cualquier aire de música y de baile a aquellas gentes tan aficionadas a ella y a él.

Se acordará usted de aquella joven aldeana que escuchaba una de las jotas de su fonógrafo y que, rodeada de un corro de personas extrañas, hombres y mujeres, que le intimidaban un poco, no pudo por menos de exclamar «pero, chicos, ¡esto se baila!», alegremente sorprendida de que un instrumento tan notable de un señor tan sabio de Madrid se dignase participar en sus gustos, y, a la vez, profundamente asombrada de que, si aquello era para bailar, nadie se pusiera allí a hacerlo (...). Usted me llevó a la caza de sus queridos romances y también a recorrer aquella sierra, de la cual era usted el amante apasionado, hasta el Reventón, hasta la alta cumbre de Peñalara y hasta el puerto de Lozoya, por donde hace algunos siglos iba de Hita a Segovia el, quizá muy edificante, pero a menudo muy escandaloso, arcipreste Juan Ruiz (...). A la vuelta de estas excursiones, yo, siempre cansado y vago, a pesar de los generosos caldos al jerez de doña María, me retiraba a dormir unas interminables siestas, mientras ustedes, los infatigables, se ponían a inventariar el botín de la jornada o de la víspera(...)"(94).

En esos años primeros del s. XX "los infatigables" fueron pacientemente agotando los repertorios (por cierto, no muy ricos(95)) de los diferentes vecinos del Valle del Lozoya, naturales de El Paular y Rascafría(96), de Alameda(97) y de Pinilla(98). Sin necesidad de salir de él, obtuvieron también versiones de otros pueblos de la provincia de Madrid. La niña Inocencia, en El Paular, era de Valdetorres; "Penacho", el que les acompañaba, corriendo tras las caballerías, cuando venían de Madrid a través del Puerto de la Morcuera(99), mientras sábanas, mantas y útiles de menaje necesarios para el verano viajaban en carreta de bueyes durante varios días desde Madrid a la Cartuja contorneando la sierra para coger valle arriba el río Lozoya, era de San Agustín de Alcobendas; también eran de allí naturales Agapito y la señora Agustina, y de Buitrago procedía Teresa; otros informantes testimoniaban la tradición de Colmenar de Oreja, de El Escorial, de la propia villa de Madrid.

El Valle de Lozoya había también atraído a sí a gentes de las provincias comarcanas: ya hemos visto que otro de los que dijeron romances al matrimonio Menéndez Pidal procedía de Cardoso (Guadalajara)(100) y eran más numerosos los venidos de Castilla la Vieja, del otro lado de la Sierra. De la provincia de Segovia procedían Josefa Nogales y Casimira Gómez,naturales de Aldealuenga de Pedraza; María Cristóbal García (28 a., 33 a.) y María Álvaro, de Matabuena; Anselma Sancho y Eusebia Agraos (48 a.), de Aguilafuente; Basilio Bartolomé (34 a.), pastor, de Arcones(101). Había también una mujer, Beatriz Pardo (de 44 a.), natural de Villacid de Campos (Valladolid), que resultó ser una buena transmisora de tradición romancística, ya que les dijo en 1904 trece romances(102).

Más extraña es la presencia en el Valle de dos levantinas: Plácida Gil, "la Alicantina", natural de Elda(103) y María "la Cestera de Rascafría", natural de Las Useras (Castellón)(104). Plácida dijo algún romance (que Menéndez Pidal anotó recogiendo al mismo tiempo las variantes de su hija Teresa Ortiz(105)), y María proporcionó a la colección las primeras y por muchos años únicas ocho versiones de romances de esa provincia del reino de Valencia(106).

En aquellos primeros años, Menéndez Pidal contaba con Felipe Pedrell para la música del romancero. Desde 1898, le venía instruyendo acerca de la música antigua; ahora, en 1900-1902, era su transcriptor de las melodías recogidas en el fonógrafo. En reciprocidad, Menéndez Pidal proporcionó a Pedrell canciones líricas que éste incluiría, años después, en el tomo I de su Cancionero musical popular español, Valls, 1919(107)

Ducamin, en vena lírica, sigue relatando(108) cómo, al final del verano de 1904: "Una mañana temprano, cuando por todas partes la hierba se motea de espantapastores, graciosos precursores del otoño, partimos a pie (...) y después de llegar más altos que los cambrones, a la cima del Puerto que era de la Fuenfría y es hoy del Reventón (salvo error en el primer hemistiquio), a fuerza de descender y descender de canchal en canchal, llegamos a La Granja. Allí hicimos un buen almuerzo en la Fonda de Embajadores, si no me engaño, y después nos separamos. Usted vuelve a tomar el camino de la Sierra y yo os contemplo zigzaguear hacia las cumbres mientras me alcanza la vista y, cuando finalmente desaparecéis, me invade una gran melancolía (...) una hora más pasada con usted (...) habría valido más que la mejor de las ediciones de todas las clerecías del mundo (...)"(109).

Pocos días después, era Ramón quien dejaba la Sierra y a sus recitadores de romances para ir a Burgos, debido a una circunstancia que Ducamin se complace en referir, asociándola al fonógrafo y a recuerdos del romancero de índole estrictamente familiar(110). Ramón aprovechó esa ida a Burgos para obtener romances de varias jóvenes y mujeres a las que tuvo ocasión de entrevistar(111). En las calles de la ciudad(112) logró reunir, el 24 de Setiembre de 1904, treinta y tres versiones, algunas representativas de la tradición urbana(113), otras de la de pueblos comarcanos, tanto burgaleses(114), como sorianos(115).

Posiblemente allí en Burgos, entró en relación con Francisco Olmeda, que acababa de publicar su obra Folklore de Castilla: Cancionero popular de Burgos (Sevilla, 1903). En esa publicación no se concedía especial atención a los romances(116); sin embargo, Olmeda dio a Menéndez Pidal una docena de textos, bien localizados, "además de los impresos en su Folklore de Burgos", que, en copias de mano de María Goyri, incorporó a su colección(117).

Una excursión a Burgondo, el 5 de Mayo de 1904, había permitido al matrimonio Menéndez Pidal / Goyri extender su labor recolectora a la provincia de Ávila (allí anotaron 12 versiones)(118).

Su amigo Farias les remitió un par de romances, continuando sus anteriores encuestas en Valladolid, entre ellos una versión de la Muerte del príncipe don Juan que le costaría varios intentos el completar(119).

También siguió siendo efectiva la colaboración de Luis Maldonado, quien debió ponerle en relación directa con el presbítero Dámaso Ledesma Hernández(120). El 11 de Febrero de 1904 ya Ledesma enviaba a Menéndez Pidal "cuatro cantos de la provincia de Salamanca" y le ofreció versiones del Conde Niño y de Los mozos de Monleón.

Otra actividad en que Menéndez Pidal ponía a principios de siglo grandes esperanzas era la de crear nuevos "corresponsales" que le facilitaran acceso a las áreas de la tradición oral inaccesibles para él.

Menéndez Pidal, interesado en las huellas dejadas en la Extremadura leonesa por el leonés medieval que allí se habló y, en general, por las peculiaridades de las hablas extremeñas modernas, estableció relación epistolar con diversos eruditos de la región. Ello le facilitó simultáneamente el encuentro de "corresponsales" que buscaran romances para su colección. Comparada con la sostenida con eruditos de otras partes, la correspondencia extremeña de Menéndez Pidal fue, indudablemente, la más productiva para el conocimiento del Romancero español(121).

El primer éxito fue entrar en relación con Rafael García-Plata, en Alcuéscar (Cáceres), quien el 6 de marzo de 1902 confesaba a Menéndez Pidal: "Tengo algunos romances, pero revueltos con muchos papeles (...) por esta razón sólo le remito el anticlerical(122) que usted desea saber"; pero quien, ya en 1903, en carta a Eduardo H. Pacheco (publicada en el número de junio de la Revista de Extremadura), podía afirmar satisfecho: "Ya verás en su día una buena colección de romances (quizás un centenar) que estudiará competentemente el sabio filólogo y académico de la Lengua D. Ramón Menéndez Pidal"; y, en efecto, fue transmitiéndole, entre 1902 y 1904, envío tras envío, una colección del lugar de Alcuéscar muy completa, de unas sesenta y seis versiones, junto con otras once de Albalá y dos de Miajadas (obtenidas estas últimas con la ayuda de Mario Roso de Luna)(123).

En cuanto a los ambientes en que el Romancero pervivía, García-Plata informó a Menéndez Pidal precisándole:

"1º Con relación a Alcuéscar, los pastores son los que mejor saben los romances. Algunas viejas también saben algunos, y suelen recitarlos en los hilanderos, pero estas son sólo una excepción.

2º. Los pastores suelen cantarlos, cuando se reunen a festejar cualquier suceso próspero, ya sea la buena suerte de un zagal que sacó buen número en el sorteo de quintos, o en días como el Corpus, Nochebuena, etc. Alguna vieja también suele cantar alguno, mientras duerme a los niños; pero esto es más raro. En el corro de la niñas también se cantan, pero los que emplean generalmente son aquellas rimas de diferente variedad de metro y asonancia y que contienen algún periodo para cuya representación necesiten adoptar diferentes posiciones de cuerpo (sentarse en el suelo, arrodillarse, etc.).

3º. El instrumento favorito de los pastores es el rabel, que ellos mismos fabrican de madera de olivo. En Alcuéscar, el pandero es ya muy raro y con la zambomba lo que más se canta son las coplas de Nochebuena y alguna rimilla retozona alusiva a cualquier suceso chistoso contemporáneo. El pandero y los hierrillos cuando más los usan es en las serenatas".

Gracias a García-Plata, Menéndez Pidal pudo fácilmente pasar por alto las "autorizadas"(124) palabras de un escritor regionalista aparentemente muy compenetrado con los ambientes rurales como era José María Gabriel y Galán, quien, desde Guijo de Granadilla, le aseguraba el 27 de febrero de 1903: "Romances como los que V. me pide se están perdiendo tan aprisa, que pronto se acabarán ¡Y qué lástima! Vagas referencias hay de muchos que debieron ser lindísimos y de otros muy curiosos e interesantes (...). Ya no hay eso; no aprendimos".(125)

Basándose en su experiencia previa de recolector, Menéndez Pidal, para evitar respuestas como las de Gabriel y Galán, redactó un manualillo de instrucciones para colectores en que se incluían principios de romances con los que abordar a posibles portadores de tradición y que distribuyó entre gente ilustrada extremeña cuyos nombres le facilitó Juan Sanguino, a los cuales hizo también llegar un cuestionario dialectológico. La distribución directa de los cuestionarios lingüísticos y de las instrucciones para colectores de romances tuvo muy buenos resultados. Uno de los recipiendarios fue Nicolás Izquierdo, profesor de Instituto en Palencia, que llegaría a recoger algún romance(126). Mayor importancia tuvo el que diera lugar al hallazgo de una mujer de extraordinario ingenio natural y creatividad (por más que se supiera "poco instruida en escritura, si en nada"): Gregoria Canelo, casada con el farmacéutico de Malpartida de Plasencia. Doña Gregoria era hablante del dialecto "chinato" propio de Malpartida(127) y además resultó ser una notable colectora e informante del Romancero local. Como ella misma explicaría a Menéndez Pidal, las versiones que le fue remitiendo "todas ellas las aprendí yo con canción o tonillo cuando tenía catorce o quince años, y oy tengo ya cuarenta y tres; me pondría a cantarlas si tubiera buen umor. Hija de labradores, y como fuera que en este pueblo se tenía la costumbre, fuera la posición cual fuere, salir los jóbenes a las sazones del campo, como es sembrar garbanzos, cabarlos, espigar, asestir a los segadores y cosecheros, en los ratos de siesta, merendilla o bolas se recordaban las canciones de otros tiempos (...)" (Malpartida de Plasencia, 19 de abril de 1903)(128).

También fomentó, indirectamente, Menéndez Pidal la publicación de algunas pequeñas colecciones reunidas por eruditos locales. En agosto de 1903 Daniel Berjano dio a conocer en la Revista de Extremadura, una colección de "Romances populares de la Sierra de Gata"(129), que Menéndez Pidal tomó como punto de apoyo, junto con otras publicaciones sueltas de romances por García-Plata, para hacer en ese órgano regional un llamamiento, con instrucciones para quienes se decidieran a cooperar en la tarea recolectora(130). Pero el llamamiento escrito no tuvo la repercusión de los contactos epistolares. Sólo parece haber tenido eco en Leoncio Bejarano, quien le remitió un par de versiones de Belvís de Monroy (1903) y, seguidamente, dio a conocer otras de su pequeña colección en la propia Revista de Extremadura(131).

Vistos en conjunto los resultados de su labor de incentivar la recolección de romances, no es de extrañar que, ya a comienzos de 1904, Menéndez Pidal, al intentar ampliar a comarcas extra-peninsulares sus pesquisas, pusiera a Extremadura como ejemplo de lo que podía hacerse: "Ejemplo patente de ello es Extremadura, que si hasta ahora no había contribuido al romancero general, está actualmente recogiendo un caudal riquísimo, que superará seguramente al ofrecido por Asturias; todo ello gracias a la cariñosa diligencia de unos pocos beneméritos amantes de aquella tierra"(132).

4. En busca de romances fuera de la Península: en Canarias y en las comunidades sefardíes, 1904.

Sus gestiones para obtener romances de las Islas Canarias dieron, sin embargo, muy limitados resultados. La desorientación de los folkloristas locales era entonces grande, pues estaban empeñados en descubrir en la poesía popular isleña rastros de la historia de los "aborígenes". Del "voluminoso fárrago de poesía" recogido por Juan Bethencourt Alfonso, "sólo un romance estrictamente popular pude sacar --afirmaría Menéndez Pidal en un apunte manuscrito-- (...) acogido por el Sr. Bethencourt por creerlo de asunto local", cuando en verdad se trataba de una versión de Albaniña(133). Dispuesto a ilustrar a cuantos pudieran interesarse en la tarea de descubrimiento del romancero en Canarias, Menéndez Pidal envió a la prensa isleña una artículo que incluía instrucciones para la recogida. Una vez que ese llamamiento se publicó en el "Diario de Tenerife", 24-I-1904, Menéndez Pidal remitió a diversas personalidades de las islas una carta circular. Pero los frutos de la correspondencia fueron muy decepcionantes: sólo José Batllori y Lorenzo, bibliotecario y periodista, le proporcionaría, entre "muchos papeles", tres romances tradicionales de escaso valor, junto a otros varios de pliego de ciego(134).

No menos paciencia tuvo que tener Menéndez Pidal en sus intentos de contactar con las comunidades sefardíes, tanto de Occidente --en Gibraltar, Marruecos y Argel-- como del Imperio Otomano y los Balcanes. Sobre muchas de las cartas de sus corresponsales, que aprovechaban, a menudo, para dirigirle peticiones de índole muy varia, Menéndez Pidal tuvo que anotar "No da nada de sí"(135). No obstante, el hecho de que el Romancero oral hubiera ya sido objeto de publicaciones, tanto en imprentas de Oriente en caracteres hebraicos, como en revistas especializadas de Europa occidental(136), facilitaría la comprensión de las peticiones de Menéndez Pidal.

Los primeros romances judeo-españoles que vinieron a formar parte del Archivo Menéndez Pidal por envío de sus colectores(137) son, posiblemente, tres versiones remitidas desde Viena por el Dr. Ángel Pulido, el gran propagandista del reconocimiento por parte de España de la españolidad de los descendientes de los judíos expulsados en 1492: La cabalgada de Peranzules ("Cabalgué por altos mares", á.o), romance muy raro en la tradición judía; Tiempo es el caballero, combinado con El falso hortelano ("Hora es el caballero", í), y El chuflete ("Salir quiere el mes de marzo", í). Procedían, sin duda, de la tradición de Sarajevo (Bosnia), que entonces formaba parte del Imperio Austro-húngaro(138), y debieron llegar a manos de Menéndez Pidal en 1904. En Octubre de ese mismo año la señorita Fina Haün de Berlin, cuyos padres eran de Constantinopla, entregó a Pulido una versión del romance de Virgilios que don Ángel remitió también a Menéndez Pidal(139).

En carta fechada el 30 de Mayo de ese año de 1904, M. Gañi, de la "Firma Gheorghiu & Gany" de Roiori (Rumanía), hacía saber a Menéndez Pidal que se sentía "fiero" por poder "contribuyr a su hermoza obra" de compilación de un Romancero General y le remitía los romances que él mismo recordaba ("2 / 3 romances que mas conosco"), asegurándole además que había escrito a varios amigos para ver de procurarle otros. Los romances que incluía en su carta eran dos versiones, una de Landarico ("La reina staba al espejo", á.o) y otra de La vuelta del navegante ("Naviguero, naviguero", á); poco tiempo después, remitiría otra de La malcasada del pastor ("Mi madre era de Fransa", ó)(140).

A los buenos oficios de Pulido se debe también que Ramón Menéndez Pidal recibiera algunas muestras de la colección oranesa de Salomón Levy, quien el 29 de julio de 1904 le escribía: "Tengo que agradecer al Sr. Pulido por haberme puesto en relación con su apreciable persona y celebro mucho su proyecto de publicar un libro de los Romances antiguos reviviendo así los que estaban destinados a desaparecer. / Me extraña que no me menciona uno muy antiguo que remití al Sr. Pulido en una Revista Anglo-americana, si no se lo ha entregado, pídaselo".

Salomón Levy explicaba a Menéndez Pidal cómo "hace 7 ou 8 años" F. D. Mocalta, Esq. "eminente figura Israelita-Española" residente en Londres "me pidió le recojiera Romances, cantigas, etc. a lo que me dediqué con ahínco y recojí una cantidad que le remití". Levy, que estaba orgulloso de su labor "dicha colección es la más completa y se necesitaría años para recojerla", no dudaba de que Mocalta se la prestaría. Pero la respuesta de Mocalta a la carta que Menéndez Pidal le escribió fue evasiva (16-VIII-1904) y, sobre ella, su receptor anotó en forma coloquial: "Escribirle que no debo publicar mi romancero sin conocer el de Orán y que, si él quiere precederme puede publicarlo en cualquier revista y, si no tiene a mano, en la Rev[ista] d[e] Archivos. Que comprendo muy bien que no quiera desprenderse de la colección. Pensaba no insistir, pero me da lástima y le ruego la publique. Si V. no quiere molestarse, yo corregiría las pruebas y él firmará, tanto es mi interés".

Los temores de que la colección no viera la luz que en esta nota manifiesta Menéndez Pidal, desgraciadamente, se cumplirían(141).

Ya desde ese año de 1904 Menéndez Pidal se carteaba con Moisés Abravanel, de Salónica (entonces dentro del Imperio Otomano), quien copiaría para él, a lo que parece de los libros de cordel de Yacob Abraham Yoná(142), una preciosa coleccioncilla de romances(143), si bien mintiéndole en cuanto a sus fuentes, ya que le ponderaba lo trabajoso de ir "en busquidá de romances", teniendo que "trovar viejas y aserlas cantar por poder escrivirlas", a menos que sus informantes no fueran los mismos que proporcionaron textos al combidador para su pequeño negocio editorial(144).

Ese mismo año, entró Menéndez Pidal en relación con un sefardí culto y literato, residente en Lisboa y Tánger, José Benoliel, quien le proporcionó, como primera muestra, una versión de La buena hija ("Paseábase el buen Cide por la su sala reale")(145) y, poco después, otras, entre ellas, una del Destierro del Cid y otra de las Quejas de Jimena, enviadas, sin duda, en carta del 5 de junio, en que sabemos le incluía varios romances "tales como me los recordaba"(146). Menéndez Pidal se apresuró a contestarle el 8 de Junio de 1904, asombrado del repertorio romancístico judeo-marroquí: "Recibo con sumo gusto su carta con los romances que se ha servido enviarme (...). Son muy estimables para mí, ya que ofrecen asuntos diferentes que los conservados en la tradición oral de la Península. Del Cid aquí no se recita ya ninguno y figurarán honrosamente en mi colección y en el estudio de la Leyenda del Cid que publicaré algún día. Espero el de «Allá salía el buen rey» y los que V. pueda proporcionarme de otras personas. Por lo interesantes que son los que V. me ha mandado veo que el fondo tradicional de los judíos de Tánger es para mí inestimable [y] desearía mucho tener cuantos más pudiera (...)", carta que se cruzó con otra de Benoliel escrita el 7 de Junio en que le incluía el romance de La mujer de Arnaldos (titulándolo La Blanca) y el del Conde Alarcos (llamándolo La Infanta), junto con dos nuevas versiones de La buena hija y del Destierro del Cid, más cuatro versos que faltaban "en el de Ximena"(147). Por otra carta del 14 de Junio, en que sólo incluía una versión de Conde Claros y el Emperador ("Allá salía el buen rey"), recordada por su mujer (versión que había ya prometido el 5 de Junio), comprobamos que entre los romances enviados anteriormente se hallaba el de "La reina Xarifa mora" (Hermanas reina y cautiva) en versión que, efectivamente, debió de incluir entre las remitidas el 5 de Junio ya que se halla copiada en la misma hoja de papel que la primera de las versiones del Destierro del Cid. En estos primeros envíos Benoliel únicamente disponía, como fuente de información, de su propia memoria, de la de su mujer y de la colaboración de algunos informantes judíos que residían o pasaban ocasionalmente por Lisboa(148). Pero, aunque sintiera no poder dedicar "mayor afán", mientras se hallara en Lisboa, a la tarea de buscar romances(149), intentó aprovechar sus contactos en Tánger para ampliar la colección: "Voy escribiendo a mis amigos o conocidos para pedirles todos los romances que puedan alcanzar (Lisboa, 14-VI-1904)".

Y sus gestiones fueron, pronto, dando el fruto deseado. El 5 de Agosto aseguraba a Menéndez Pidal: "Haré todo lo que pueda para corresponder a sus deseos relativamente a la tradición de Tánger y compensar la falta que le ha hecho el no poder tener conocimiento de los romances del Sr. Sánchez Moguel. En prueba de mi buena voluntad hoy le envío en separado un mazo de poesías conteniendo once romances y algunas traducciones mías(150) (...). Entre estos romances hay algunos que me parecieron muy interesantes. Puede ser mismo que alguno o algunos apresenten novedad. Tendré gusto en saberlo. Le mando, como muestra de lo que de Tánger me envían, dos hojas que me llegaron días antes de mi salida de Lisboa(151). Lo escrito a lápiz es mío, esto es, perteneciente a recuerdos míos", en carta escrita desde Caldas da Rainha; el 12 de Octubre encabezaba otra carta desde Lisboa diciéndole: "Fue ayer un romance y hoy van seis. Creo que le agradarán", y el 26 de Octubre, también desde Lisboa, comentaba: "A respecto de romances, ya tengo más algunos enteros, otros fragmentarios y también algunos versos pertenecientes a los que ya le envié y que servirán para completarlos (...). Cada vez más amplío mi correspondencia con gente de Tánger y a estas horas tengo ya unas pocas de redes armadas por varias partes".

No me consta cuándo, pero quizá en Setiembre de 1904 Benoliel realizó según anunciaba un corto viaje a Tánger y recogió allí algún romance(152). Pero, como en 1905(153) explica a Menéndez Pidal, su colección del primer año, aunque representativa toda ella de la tradición de Tánger, fue obtenida fundamentalmente recurriendo a un círculo de parientes y amigos, sea en Lisboa sea por carta: "Las mujeres de Tánger cantan y saben todavía los romances que le envié, pues es de ellas que todos proceden; pero no se encuentra hoy una sola que lo sepa todo, y es preciso recurrir a muchas (como lo hice y como es muy penoso) para recogerlos. Efectivamente, muchos de los que le envié me fueron dictados por una judía de Tánger, muy anciana, establecida en Lisboa, pero como en tiempos le he dicho, muchos otros obtuve por correspondencia con diferentes amigos y parientes míos que durante más de un año andaron a la caza de ellos por un lado y otro, sin contar los que yo mismo recogí el año pasado en Tánger". 

Según Benoliel confesaría a Menéndez Pidal en una de sus cartas de aquel año (9-X-1904): "Hace años que por más de una vez estuve con deseos de coleccionar y publicar, con correcciones y notas, el cancionero o romancero marroquí, o sea de los judíos de origen español establecidos en Marruecos, esto es en Tánger, Tetuán, Alcázar, Larache y Arzila, que son los que conservan, con el idioma castellano, la tradición de los romances de otras eras", y, conforme al criterio expresado en esta carta, en todos sus primeros envíos de romances sus versiones estaban, efectivamente, "corregidas"; Menéndez Pidal intentó, desde un principio, modificar sus criterios de "colector-editor", proponiéndole: "Voy a hacerle una advertencia puramente material(154). Supongo que pedirá V. por escrito a Tánger otros romances y quisiera que se los envíen a V. cada uno aparte, cada uno para poderlos guardar autógrafos, pues al copiarlos siempre puede cometerse error y aspiro en mi publicación a una fidelidad completa, Si V. me hace el favor de leerlos al recibirlos, le agradecería les pusiese alguna nota al margen o entre líneas si halla expresiones o palabras que crea V. que yo no puedo entender. Lo mismo si alguna corrección se le ocurre hacer, le ruego la haga entre líneas para que tenga yo juntos el texto original y la corrección propuesta por V." (Madrid, 8-VI-1904).

Pero, de entrada, no consiguió convencer a su corresponsal de que desistiera de su tarea reconstructora, ya que Benoliel se consideraba un depositario privilegiado de tradición: "Vuelvo ahora a nuestras jácaras. Con efecto este género de poesías me ha sido muy familiar desde la más tierna infancia. La sencillez del estilo, la dulzura del canto, la general melancolía de los asuntos, y aún más, el sentimiento verdaderamente poético de todos estos romances, me han siempre causado la más viva y profunda impresión. En la niñez sabía docenas de idea y hasta hoy conservaron para mí el mismo encanto que entonces. Con algún trabajo --y recurriendo a veces al auxilio de patricios míos que por acaso se encuentran en Lisboa-- he conseguido reconstituir los que le envié y otros que le iré mandando a medida que el tiempo me lo fuere permitiendo" (Lisboa, 14-VI-1904), y le alegaba "razones de dos órdenes" para "las correcciones"(155): "El primero consiste en una especie de intuición natural, una como reminiscencia, un tanto escura e indefinida, es verdad, pero en mi concepto, digna de algún aprecio, por eso que estas poesías se han vuelto una herencia de nuestros antepasados, atravesando los siglos sin solución de continuidad de padres a hijos y de hijos a nietos hasta el presente. Así es que no sería exagerar el afirmar que las tenemos ya diluidas en la masa de la sangre, e imitando a Voltaire, iría casi decir que si no existieran no me parecería imposible inventarlas (...)". "El otro motivo es de carácter más serio y reposa sobre un estudio que hice de las dos poesías mencionadas de diferentes versiones que conocía o vine a conocer, del sentido, construcción, modo de asonancia, etc. Luego ví que ambas procedían de cuartetas y que cuando éstas no eran respetadas debía serlo por haberse perdido algunos versos; que algunos habían sido indebidamente traspuestos; que algunas palabras habían sido cambiadas por otras algo parecidas, etc. (...)(156). Otro género de adulteración consiste en las interpolaciones de cantos diferentes de origen, v.gª. Encuentro en la Hija del Cid [= La buena hija] y en La Reina Xarifa mora [=Hermanas reina y cautiva] dos versos idénticos --Libro de oro en las sus manos las oraciones leía-- y que de cierto no pueden pertenecer sino a uno de aquellos romances solamente".

Benoliel observaba en las versiones tangerinas la variabilidad propia del canto tradicional(157), pero creía preciso remontar, a través de ellas, al prototipo correcto del que debían derivar: "Mucho me dieron que hacer aquellos romances; toda la semana la empleé en copiarlos y reconstituírlos. A cada paso es un enigma que hay que adivinar, y en grande número de casos no es fácil (...)(158). Esta, pues, es una de las dificultades en que más lucho, pero otras hay de no menos importancia, como son las soluciones de continuidad que en lo mejor del cuento nos dejan a ciegas. Por un violento esfuerzo de memoria, he conseguido algunas veces edificar varios versos, olvidados desde la infancia. Otras veces los compongo yo mismo, penetrándome del asunto y, por decirlo así, afinando la lira (no sé si lira era la que usaban los autores de romances) al disparón de cada una de estas composiciones".

Con el tiempo, Menéndez Pidal logró de Benoliel que le remitiera las versiones tal como las cantaban los informantes y, sólo aparte, las "necesarias" correcciones, como complemento de las notas(159). En su carta del 6 de Octubre ya Benoliel explicaba, conforme a los deseos de su corresponsal: "Todos los versos entre paréntesis son de mi fabricación. Así también los que escribo en la columna de la derecha, salvo cuando cito otras versiones, y en ese caso lo advierto siempre".

Aunque los esfuerzos restauradores de Benoliel constituyeran, en sus iniciales contribuciones al Archivo Menéndez Pidal, un peligro para la fiabilidad de sus textos como testimonios de la tradición oral tangerí, su conocimiento, tanto de la lengua hebrea, como del judeo-español, resultó muy valioso a la hora de someter a crítica otros repertorios de romances judeo-españoles, como los publicados por Menéndez Pelayo y por Danon. Hay en sus cartas a Menéndez Pidal observaciones muy acertadas, correctoras de falsas lecturas, interpretaciones y deducciones de uno y otro editor(160).

En fin, en la correspondencia de Benoliel con Menéndez Pidal del año 1904, hay una sugerencia que Menéndez Pidal habría de tener en un futuro próximo muy presente: "Habrá Ud. pensado en publicar al mismo tiempo las melodías correspondientes a algunos de los romances recogidos? De muchos se podrían obtener en Tánger y Tetuán y me parece que habría verdadero interés en hacer un estudio sobre composiciones musicales de 4 ó de 5 siglos a esta parte" (14-VI).

5. "A por pan y a ver al Duque": Primer viaje a América, 1905-1906.

En el otoño de 1904, Ramón Menéndez Pidal fue nombrado, por decreto real de Alfonso XIII, "representante regio" para elaborar el informe arbitral del Rey de España en el contencioso fronterizo entre Perú y El Ecuador(161). Para reunir datos in situ, salió de Madrid el 21 de diciembre y, vía Nueva York y Colón, después de tres travesías, llegó a Guayaquil el 15 de enero de 1905. Aparte de sus obligaciones como investigador de límites, Ramón pensaba, durante su viaje, cumplir otros propósitos que por entonces tenía muy en mente; llegado a Quito, el 27 de enero escribía a Marcelino Menéndez Pelayo "tengo echadas mis redes para los romances y espero conseguir alguno; por lo menos religioso"(162). La pesca no pudo, sin embargo, hacerla mientras se halló en El Ecuador y en Perú, ya que estuvo lejos de gozar de una mínima autonomía de movimientos debido al despliegue diplomático con que uno y otro país obstaculizaron su labor de investigación histórica(163). En Lima aprovechó la velada de la Exposición celebrada en su honor en el Ateneo para solicitar la colaboración de sus huéspedes. Pero, en suma, sólo consiguió que el mismísimo delegado de Perú para el conflicto, Mariano H. Cornejo, le facilitara una versión peruana de Las señas del marido(164). En cambio, al continuar, libre de presiones diplomáticas, su viaje americano por Chile, Argentina y Uruguay pudo comprobar que en la América de "el cono sur" estaba viva la tradición oral del romancero español, de forma paralela a como lo estaba la portuguesa en Brasil, hecho éste conocido desde el siglo XIX. Allá por donde iba pasando, Menéndez Pidal intentaba atraer a la empresa de recolección del Romancero hispánico a cuantos intelectuales locales iba conociendo y no desperdiciaba ocasión. Sirva de ejemplo un curioso documento del Archivo Menéndez Pidal: en el reverso de un "Menú" del Grand Hotel de Viña del Mar del 24/4 de 1905(165) uno de los comensales anotó para él una versión gallega de la Muerte de don Gato(166). Gracias a la colaboración de Agustín Cannobio, discípulo de Rodolfo Lenz, consiguió un romance que le había de interesar muy especialmente(167): una versión de Santa María (departamento de San Felipe, provincia de Aconcagua) de "El galán y la calavera" (= El galán y el convidado difunto). Cannobio se la entregó a su paso por Santiago y, el 21-X-1905, le autorizó a que la publicara, haciendo notar: "pienso que la persona que en realidad ha encontrado el romance ha sido Ud., pues sin su viaje a ésta quizá habríaseme extraviado o demorado algunos años en ser publicado. Yo por el momento me ocupaba de otro tema. Lo recojí sólo porque me llamó la atención el argumento, que en el momento noté que era la leyenda explotada por primera vez por Tirso de Molina. Quede constancia que el descubrimiento le pertenece a Ud. en gran parte".

A continuación se hace eco de otra oferta hecha a Menéndez Pidal: "El guitarrón, instrumento con el cual suelen recitarse los romances aquí, no se lo he enviado porque no he encontrado quien me le coloque su encordadura completa. Sin embargo, creo que antes de quince días se lo remitiré" y le anuncia: "He recogido dos romances: Reina Francia i Blanca Flor i Filomena. Se los remitiré en el próximo correo"(168)

Los afanes de Menéndez Pidal por conseguir colaboración local en Chile hubieran, sin embargo, tenido tan pocas consecuencias como en Ecuador y Perú(169) a no ser por el eco que su pasión por el tema tuvo en una persona, el publicista chileno Julio Vicuña Cifuentes, al cual dejó realmente entusiasmado con la labor de descubridor del romancero chileno. Vicuña Cifuentes, quien, a su llegada le había podido ya ofrecer un manojo de romances tradicionales de Santiago(170), sería en adelante su mejor "corresponsal" del Romancero en la América hispana. En 1906, Vicuña estaba dispuesto a jubilarse en el siguiente año, pues, según le decía a Menéndez Pidal, "entonces podré entregarme con más independencia a mis tareas favoritas"; pero, sin esperar a hacerlo, ya se había dedicado activamente a salir al campo de encuesta: "La Primavera comienza ahora, y con ella las excursiones campestres de los días festivos: ojalá la nueva estación me sea propicia para la recolección de romances, como lo espero"; y el entusiasmo manifestado en este párrafo le había ya permitido, en Setiembre de 1906, tener reunida una muy notable colección de romances para Menéndez Pidal. El día 16 de ese mes le vemos preocupado por disculparse ante su tardanza en remitirsela ("en calidad de deudor moroso estoy yo con Ud."), aunque le sobraban razones, dados los "afanes" que habían pesado sobre él y sobre "trescientas mil personas" a su alrededor: "Pocos días después que escribí a Ud. mi última carta prometiéndole para el siguiente vapor los romances que había recogido, llegó mi madre, de Coquimbo, peligrosamente enferma (...) y, cuando menos lo esperaba, mi hijo segundo (...) se puso malo y hubo que operarlo. Cuatro días después ocurrió el horrible terremoto de que Ud. tendrá noticia (...). Después, las noticias de las desgracias de la ciudad y el aislamiento de ésta del resto del país. Más tarde, el conocimiento de la ruina total de Valparaíso, Viña del Mar, Limache, Quillota y diez pueblos más (...). El suelo de Santiago nos ha salvado (...); las pérdidas materiales, aunque inmensas, no son irreparables ¡ojalá pudiera decirse otro tanto de las cinco o seis mil vidas que han desaparecido entre los escombros! En fin, a otra cosa. Los romances que ahora le envío no son todos los que he recogido; faltan tres o cuatro populares que se me han traspapelado a causa de haber tenido que desalojar algunas habitaciones por el terremoto (...)". 

En sus sucesivas cartas llegaría al Archivo una espléndida serie de textos de diversas partes de Chile(171), mucho tiempo antes de que Vicuña publicara su libro Romances populares y vulgares recogidos de la tradición oral chilena(172), la única gran colección de romancero americano que ha visto la luz. Junto a informantes que aprendieron los romances en Chile, Vicuña Cifuentes encontró algunos otros que habían emigrado de España recientemente llevando en su memoria su repertorio romancístico(173).

Llegado Menéndez Pidal a Argentina, sus contactos con las autoridades encargadas de la cultura patria continuaron siendo tan improductivos para sus pesquisas como en los demás países. Después de vuelto a España, trató de obtener la colaboración de Ricardo Rojas, entonces "Director de Sección de Instrucción Pública", quien le respondió en los siguientes términos (3-V-1906): "Estoy muy enterado de los asuntos a que Vd. se refiere, no sólo por haber hecho algunas incursiones en libros europeos de folk-lore, sino también por haber estudiado muy de cerca el pueblo de las campañas americanas (...). Romances, religiosos o no, del tipo que Vd. busca, le será difícil encontrar. No creo que sea éste el caso de Chile, al cual Vd. alude. He revuelto hasta donde se puede revolver, en el alma de mi pueblo, y no he encontrado de eso".

A su vez, el jefe de la Sección Antropológica del Museo de la Plata, Robert Lehmann-Nitsche, le desanimaría de forma paralela, reprochándole no atender a la poesía propiamente argentina (17-VIII-1905): "La moderna poesía popular, con sus relaciones, milongas, vidalitas tristes, décimas, estilos, los versos que se cantan con la zambra, zamacueca, pericón, hueya, gato, etc., etc., todo esto que brota del alma misma del actual pueblo argentino han hecho desaparecer el antiguo romance histórico español (...). Interesantísimo sería un estudio sistemático de la actual poesía popular (...)"(174).

No obstante, en esa misma carta le envió una versión de Delgadina. Frente a las negativas de los conocedores del alma popular argentina, Menéndez Pidal contaba con el casual testimonio de una mujer, María Elena Homberg de Ambrosetti, quien, a través de su marido, Juan Bautista Ambrosetti, recordó para él, el 9 de Mayo de 1905, tres romances de niñas y un arrullo "aprendidos desde niña en la capital, donde nació". Sólo cuando iba a abandonar la región del Río de la Plata, en viaje de regreso, "en una tarde que pasé en Montevideo para aprovechar la detención del vapor que me traía a España y porque el fuerte viento pampero impedía la descarga --explica el propio Menéndez Pidal(175)-- me dirigí a una librería, donde tuve la ocasión de interrogar a cuatro niñas nacidas allí, pero hijas de un vasco francés y una suiza y de dos genoveses"; de boca de ellas tuvo don Ramón el extraordinario placer de anotar los primeros romances directamente oídos por él de la tradición oral en América.

Con aquel viaje de 1905 la colección Menéndez Pidal del Romancero se abría a un nuevo Continente y hasta las costas de un nuevo Océano. Al regresar de su viaje al hemisferio sur, Ramón Menéndez Pidal informaría a la erudición sobre sus hallazgos americanos en "Los romances tradicionales de América", Cultura Española, I (1906), 72-111(176).

6. El fonógrafo de cilindros de cera viaja en busca de melodías, 1905-1906.

Durante los meses de estancia en América de Ramón Menéndez Pidal, su Archivo siguió enriqueciéndose.

Por lo pronto, su hermano Juan, al tiempo que le escribía (1-II-1905) informándole de la caída del poder del gobierno de Maura y las subsiguientes crisis, le hacía saber: "En este número de la Revista de Archivos publicaré unas Endechas judías de cierto amigo tuyo de Lisboa a quien enviaré mañana las pruebas(177). / Tengo tres preciosos romances recogidos en Miraflores de la Sierra que te daré para tu colección(178). No dudo que cuando vuelvas traerás de ahí una cosecha muy regular"; por otra parte, a través de las cartas que le dirigía su mujer nos enteramos de cómo ya por entonces Ramón Menéndez Pidal contaba para la exploración del Romancero oral con un colaborador que habría de suplir la falta de información musical de los creadores del Archivo: el músico Manuel Manrique de Lara, capitán de la Armada, con quien había trabado relación en la tertulia de los domingos en casa de Menéndez Pelayo en la Academia de la Historia(179). Manrique había ya aceptado la tarea de transcribir las melodías grabadas en los cilindros de cera del fonógrafo y Menéndez Pidal había decidido que el fonógrafo viajara, durante su ausencia, a Extremadura. En efecto, el 24 de Diciembre de 1904, María Goyri escribía a su marido: "A estas horas (10½) ya estarás en alta mar y acaso mareado (...). Ya me han traído la caja del fonógrafo y ha quedado muy bien con su tapa con una pestaña por tres lados que ajusta muy bien. También tengo el grabador. Ahora sólo falta que García Plata mande a buscarlo"; y el 30 de Diciembre: "Ahora llega una carta de García Plata diciendo que no ha podido enviar por el fonógrafo y que si te atreves a enviarlo facturado. Veré si lo puedo enviar el lunes 2 (...). Ofrece enviar otros romances y pone por las nubes a Manrique de Lara".

Diligentemente, el día 3 de enero de 1905 hizo María el embalaje, facturó la carta y escribió a García Plata(180). Cuando llegó el aparato a Alcuéscar, causó gran conmoción (según carta de María Goyri del 8 de enero resumiendo otra de García Plata): "Le envié un cilindro impresionado y dice que en cuanto recibieron el fonógrafo lo puso y que su señora se reía mucho y sus chicos fueron corriendo a llamar a los abuelos para que oyeran la «máquina cantadora». En fin que está loco con el fonógrafo. Veremos lo que resulta. Me he gastado en caja, envío y cilindros 17 pts".

Para fines de mes, ya la "máquina cantadora" había hecho su trabajo. El 1 de Febrero, María Goyri contaba: "Esta mañana vino el médico de Alcuéscar con una carta de García Plata pidiéndome otros cuatro cilindros (...). Se conoce que García Plata va a recoger tantas tonadas como letras. Veremos lo que dice luego Manrique de Lara. Le he enviado seis cilindros para que no quede por peseta más o menos y porque eso hubieras hecho tú. Según me ha dicho el médico no hacen García Plata y su mujer más que aprender tonadas para impresionar cilindros".

Sin duda, antes de transcribir las melodías recogidas en el fonógrafo por García Plata, Manrique de Lara había transcrito las impresionadas por el matrimonio Menéndez Pidal / Goyri en el Valle del Lozoya(181).

También durante la ausencia de Ramón Menéndez Pidal llegaron romances extremeños por otros conductos: "Espero el 2º correo y trae una carta de Dª Gregoria, pero no la tuya. Espero que mañana llegará. Hoy has debido de embarcar en Panamá (...). Dª Gregoria envía 4 romances: el de D. Pedro, el de los ladrones y los arrieros, el de Blancaflor y Filomena y el de los forzadores. Además las coplas: «El día que tu te cases - aquel día yo me muero». Son versiones malas, pero muy originales. La escribiré mañana que estaré de mejor humor" (12-I-1905).

Y el 24-I-1905 María Goyri acusaba recibo de otra "carta de Dª Gregoria Canelo muy amable, ofreciéndome seguir buscando romances. De esta vez voy a quedar de secretario tuyo".

Como Gregoria Canelo explicaba por entonces a Menéndez Pidal, los romances y coplas que indistintamente le enviaba pertenecían a la tradición de su propia casa: "los sabemos mi criada y yo por aber sido siempre curiosas y recordar con frecuencia lo que sabemos de nuestra niñez (...), D. Ramón, si la desgracia no me ubiera cojido tan de lleno, no necesitaría V. fonógrafo, ni músico que biniera a recojer las tonadas (...); pero, por desgracia, mi boz se a istinguido tal vez para siempre" (Malpartida de Plasencia, sin fecha, c. 1905-1906).

Pero también inquirió en su entorno, de modo que el repertorio de Malpartida que, a través de envíos escalonados entre 1903 y 1906, hizo llegar doña Gregoria al Archivo acabaría por constar de unos 28 temas distintos(182).

Algunos meses más tarde, llegaban a manos de María Goyri los resultados de otro de los envíos a Extremadura de cuestionarios: "Ayer vino Izquierdo, el de Plasencia, a traer romances y palabras(183). Los romances son los de siempre: Carmela, Adúltera y Delgadina. Le indiqué la necesidad de recoger con exactitud y le hice las observaciones sacramentales de todo colector" (31-III-1905).

Dámaso Ledesma, desde Salamanca, aparte de hacer saber que su cancionero musical había sido admitido a concurso, "te ofrece una rica colección de romances y dice que con los de Maldonado ha aprendido a distinguir los viejos de los nuevos", según escribía María Goyri (9-I-1905) a Ramón Menéndez Pidal; y, en efecto, el 11 de Agosto le remitiría "unos romances para que me diga si esto es lo que desea. Tengo de otra clase, que no le mando hasta ver qué me dice Vd.". El envío incluía seis romances tradicionales (y uno culto), en su mayoría procedentes de Dehesa de Incala.

Aunque el propio viajero por tierras del Pacífico escribió a José Benoliel desde Quito (25-I-1905) y desde Lima (3-IV-1905), su corresponsal lisboeta no le contestó sino a Madrid, cuando creía que ya habría llegado (11-V-1905). En su carta le explicaba que había diferido el contestar incluso a otra carta de Menéndez Pidal previa a su partida para América y le aclaraba:

"No envié los romances, esperando recibir de mis corresponsales marroquines algo nuevo e importante para mandárselo todo junto a su llegada a España. Infelizmente no fue la cosecha tan abundante como yo la deseaba, y no habrá más remedio sino volver personalmente a Tánger e ir mesmo pasar algunos días en Tetuán durante las próximas ferias, como espero hacerlo, a fin de esjugar todo lo más que posible fuese. Entre tanto allá le envío hoy un mazo de papeles donde encontrará algunos romances nuevos, muchos fragmentos y nuevas versiones de otros ya enviados (...)(184). El mazo que hoy mando tiene 56 páginas manuscritas".

Cuando María Goyri supo que su marido llegaba por fin a Lisboa, junto a "un abrazo de llegada al desembarcar", le enviaba (28-V-1905) la advertencia: "Si ves a Benoliel, te aviso que hace unos días envió nueva remesa de romances, algunos muy buenos. En estos días soy incapaz de pensar en nada más que en tu llegada".

Benoliel cumplió su propósito de intentar recoger nuevos romances visitando las comunidades marroquíes; Menéndez Pidal le había ofrecido su fonógrafo para recoger, junto a los textos, las melodías. Pero el viaje fue, desde el punto de vista del romancero, bastante menos interesante que lo esperado. El 23 de Octubre de 1905, Benoliel comentaba con Menéndez Pidal: "Sentí de veras que el fonógrafo no me haya llegado a las manos mientras podía aprovecharlo en beneficio de nuestra colección de romances. Ojalá encuentre nueva ocasión de realizar nuestro empeño. No sé todavía si podré ir el próximo año a Tánger; pero entretanto, aquí mismo algunas tonadas se podrían recoger, si tuviera un fonógrafo en mi poder. No he conseguido reunir sino muy pocos romances, pues en Tánger pocas mujeres saben siquiera los que yo poseo, y para encontrar otros habría de ir a Tetuán, lo que no me fué posible por causa de los Raisutis y otros bandidos que están señores de los caminos".

Tras aquel viaje, Benoliel pensaba que, para ampliar el repertorio por él reunido, sería preciso visitar otras comunidades sefardíes. Así se lo expresaba en otra carta (29-X-1905) a Menéndez Pidal: "Lo que creo firmemente es que el país (Tánger, Tetuán, Arcila, Alcázar y Larache) contiene aún una fuente riquísima de romances y poesías españolas muy digna de ser explotada. No pierdo la esperanza de hacer un día importantes hallazgos en este orden de asuntos".

A finales de Noviembre o en Diciembre de 1906(185) Benoliel trataba de concretar con Menéndez Pidal un proyecto que podría haber venido a complementar, de forma sustancial, su anterior labor de descubridor de la tradición de Tánger: "Vamos ahora al proyecto del que le hablé. Es convicción mía que algunas ciudades de Marruecos, Tetuán, Tánger, Xexuan, Alcázar, Arcila, Larache, Casa Blanca y quizá algunas más del litoral, representan para el estudio de la poesía medio-eval española y particularmente para el romance, una mina inestimable, que hay que explorar cuanto antes y con el mayor cuidado, si no se quiere perder sin remedio aquel tesoro tan milagrosamente conservado hasta hoy pero fatalmente destinado a sumirse dentro de poco tiempo. Las hodiernas generaciones menosprecian y sacrifican a las invenciones de moda aquellos que denominan cantares de viejas y que estas mismas ya no se atreven a cantar con recelo de atraerse las mofas y motejos de sus hijas", ofreciéndose a ir en los tres meses de vacaciones (Julio, Agosto y Setiembre) de cada año a esas ciudades "con una subvención concedida por el Gobierno o la academia de España" y le ponderaba: "Por el número de romances recogido de poco más de una docena de recitadoras, puede Vd. hacer una idea de lo que se podrá alcanzar yendo directamente a las mejores fuentes".

Sin duda, en caso de haber cuajado, el proyecto de Benoliel habría "eclipsado", según él predecía, todo cuanto hasta el presente se había hecho en el ámbito del enriquecimiento del romancero; pero, en cambio, se equivocaba Benoliel al creer que, entre las condiciones "indispensables" para realizar el trabajo, se hallaban las de "ser judío y más o menos acreditado y conocido entre sus correligionarios", hipótesis ésta que Manuel Manrique de Lara vendría, años después, a desmentir.

Aunque los últimos envíos de Benoliel no tuvieron la importancia de los anteriores, la suma de todo lo por él remitido al Archivo Menéndez Pidal entre 1904 y 1906 pude decirse que constituye un romancero judeo-español de Tánger temáticamente casi completo. Su colección tangerina constituyó una aportación hasta entonces no superada por ninguna otra procedente de la tradición oral moderna, y aun hoy sigue teniendo un valor excepcional. Algunos de los romances coleccionados por Benoliel no han vuelto a ser hallados posteriormente(186).

Lo que, en cambio, nunca llegaría a producirse con su ayuda fue la proyectada grabación en discos de cera de las melodías. El 7 de Mayo de 1906 Benoliel escribía a Menéndez Pidal: "A propósito del fonógrafo. No sé si ya he dado a Vd. la noticia de que me he vuelto a casar en fines de Setiembre pasado, con una primita mía [muy joven, aun no tiene 20 años completos(187)] --quien, si Dios quiere, me ha de hacer padre dentro de dos meses. Pues con ella contaba para impresionar unos 15 cilindros, siendo que tiene una vocecilla dulce y afinada; pero su estado actual no la permite cantar y en Lisboa no veo quien esté en condiciones de dar una idea correcta y completa de aquellas suaves melodías. Si no hay prisa, creo que será mejor dejar este trabajo para más adelante" y en la carta de fines de Noviembre o Diciembre insistía "El fonógrafo por ahora poco podré aprovecharlo porque mi pobre mujer sigue sufriendo de la garganta".

Respecto a la tradición de los judíos de Oriente, Menéndez Pidal continuaba haciendo gestiones a través de corresponsales en Viena. El 22 de Abril de 1906 Dan S. Albachary, aparte de recomendarle entrar en relación directa con "Abram Danon, ahora Rector del Seminario Israelítico en Constantinopel", le ofrecía "Si tendré occasión encontrarme con algún illustre cantador de Bosna que passan algunas vezez por Vienna, no mancaré accordarme de Vd en preguntando por las requiridas romances que de cabeza no las sé, mas cuando las siento cantar, me recuerdo de ellas".

Y, en efecto, cumpliendo esta promesa, en Mayo de 1906, Dan S. Abachary, desde Viena, remitió a Menéndez Pidal dos romances de un informante de Bosnia, el cual "decía que allí las mozas cuando friegan el frigado y las vavas cunando a sus ñetos vzan a cantar estas cantigas".

Uno de los dos romances era el raro romance de La cabalgada de Peranzules ("Subíase en altas torres", é.o); el otro, una versión de En busca del padre ("Caminí por altas mares", í.a)(188).

Pertrechado de estos nuevos conocimientos sobre la tradición sefardí, Menéndez Pidal redactaría, por fin, en 1906 un "Catálogo del romancero judío-español", Cultura Española IV (1906), 1045-1077, y V (1907), 161-199, que habría de servir de punto de partida y referencia para todas las encuestas y estudios sobre el Romancero judeo-español de Oriente, los Balcanes y Marruecos.

7. La música y la danza como parte del Romancero, 1905.

Vuelto Menéndez Pidal a España, en aquel verano visitó al Conde de las Navas (a quien humorísticamente solía llamar Ramón "Comes Navorum"), Bibliotecario de Palacio Real, en Las Navas del Marqués (Ávila) y el 10 de Julio de 1905 Menéndez Pidal, llevando a su lado a Manrique de Lara, recogió en ese pueblo serrano 29 textos romancísticos (y otros tres no romancísticos)(189). La tarde de aquel día se organizó en su honor un baile de tres, baile de viejo abolengo al son de romances(190), típico de la localidad(191). Manrique de Lara recogió la melodía, mientras Menéndez Pidal anotaba el modo de bailarlo(192): "La guitarra y la bandurria, sin baile, comienzan a tocar. Luego la voz del cantor entona el primer octosílabo repetido y, a continuación, el 2º también repetido. Mientras el canto, un mozo y una moza bailan, a modo de jota, girando uno enfrente de otro. La voz calla y, al quedar solas la guitarra y bandurria, entra una segunda mujer que, como una luna de aquella pareja, va bailando al rededor de ellos. La voz vuelve a cantar repetido el 3º y el 4º hemistiquio y, en cuanto empiezan, el mozo, abandonando a su primera pareja, se encara con la que antes bailaba sola y se pone a bailar frente a ella; la moza primera se retira a un lado hasta que acaba el 4º hemistiquio repetido y, al quedar sola la guitarra, entra ella al baile dando vueltas alrededor de la pareja. La voz empieza a entonar repetido el 5º hemistiquio y el galán vuelve a su primera pareja, y la segunda se retira a descansar hasta que el canto acaba de repetir el 6º hemistiquio. Entonces queda otra vez sola la guitarra y entra la danzarina a formar aquella especie de sistema planetario que gira al compás del rasgueo de las cuerdas y a veces del repique de las castañuelas"(193).

Gracias a la colaboración de Manrique de Lara, el aspecto musical del Romancero empezó a cobrar especial relieve en la colección. Además Manrique comenzó a apasionarse por el estudio de la música del romancero antiguo(194).

Las primeras aportaciones de Manrique de Lara como colector independiente no son fechables con exactitud. Proceden de Cartagena y de La Unión (37 versiones) y las hay también, en menor número, de Totana (3 versiones) y de Librilla (1 versión), en Murcia; contemporáneas a ellas son las de San Juan de Alcaraz-Riopar en Albacete(195).

8. Ante una buena cosecha, 1905-1908.

Aquel año de 1905 la trabajosa "caza" o "pesca" de textos romancísticos, de que repetidamente se nos venía hablando por los coleccionistas, empezaba a convertirse en "cosecha", según un nuevo símil basado en los resultados ahora logrados. Aparte de obtener nuevos textos en Madrid(196), desde El Paular, el matrimonio Menéndez Pidal / Goyri cruzó en Setiembre la Sierra, por Somosierra, y visitó Riaza y Sepúlveda. El resultado de su estancia en aquellos lugares segovianos fue para ellos sorprendente, pues consiguieron 38 romances religiosos y 17 profanos en Sepúlveda, y 63 religiosos y 62 profanos en Riaza. ¡180 textos de una sola vez!(197)

Por entonces, Menéndez Pidal había logrado transmitir su interés por el Romancero a algunos de sus alumnos universitarios.

En las Navidades de 1905, Tomás Navarro Tomás recogió en su patria chica de La Roda (Albacete) catorce versiones de romances(198). Allí se cantaban, especialmente, cuando las mujeres deshojaban reunidas alrededor de una mesa la rosa del azafrán(199). En las siguientes Navidades ("1906. Nochebuena"), Navarro proporcionaba a Menéndez Pidal cuatro versiones de Alicante(200), y en las de 1907 extendía su área de encuestas, coleccionando cinco en La Roda, diecisiete versiones en Barrax y tres en Lezuza (Albacete)(201).

Habiéndose entrenado, gracias a sus encuestas manchegas, en el arte de la recolección de textos de tradición oral, Navarro Tomás, al ser pensionado por la recién creada Junta para Ampliación de Estudios para explorar desde un punto de vista lingüístico los fondos medievales locales del Alto Aragón y las hablas vivas que conservaban más o menos restos del antiguo aragonés, también llevó el encargo de Menéndez Pidal de recoger allí romances. Navarro tuvo entonces que viajar de pueblo en pueblo afrontando las dificultades de acceso a ellos: "En Biescas estuve detenido por causa de las lluvias hasta hace cuatro días --escribía a Menéndez Pidal desde Ainsa el 1º de Noviembre de 1907-- menos mal que encontré gente a propósito y pude aprovechar el tiempo entre el lenguage vulgar y los romances, aparte de los pergaminos municipales (...). En cuanto cesó de llover salí para Oliván y en esta dirección, caminando hacia Boltaña, recorrí varios lugarejos. No creía encontrar tanto lenguage aragonés como aún se conserva por esta parte de la montaña (...). Desde Boltaña he bajado a Ainsa, donde me encuentro (...). Mañana, de madrugada, pienso salir para Alquézar (...), a donde no sé si podré llegar antes de la noche, pues según me dicen hay más de 10 horas de camino y gran parte de él á caballo (...)".(202)

Navarro reunió, así y todo, una magnífica colección de 31 versiones de 28 temas romancísticos en el Alto Aragón, oídos en Atarés, Biescas, Banaguas, Larrés, Avena, Araguas y Ainsa (Huesca)(203). Aquellas Navidades de 1907 Navarro recogió además cuatro romances en Torrejoncillo del Rey (Cuenca) y una versión alicantina(204).

Otro pensionado de la Junta para Ampliación de Estudios, Agustín Blánquez Fraile, encargado de explorar dialectalmente el área meridional del dominio lingüístico leonés, recorrió ese año de 1907 el SO de León y el O. de Zamora(205); al mismo tiempo, recogió romances: cinco en La Bañeza (León) y unos 40 en Alcañices, Cervantes, Puebla de Sanabria, Fuentesaúco, Cedillo, etc., en Zamora(206). Por otra parte, a la colaboración de Blánquez se debe, asimismo, la presencia en el Archivo de versiones cuyo colector se identifica como "alumno Blánquez" (y posiblemente ese "alumno" sea el propio Agustín Blánquez, en cuanto alumno universitario de Menéndez Pidal, y no un alumno de Blánquez de la segunda enseñanza); son once versiones de Cantalejo (Segovia) recogidas en 1907(207). Al año siguiente, 1908, además de una versión suelta, no inventariada, se incorporaron al Archivo del Romancero otras tres versiones de Cantalejo, más dos de Casla, que, según anotó Menéndez Pidal sobre alguna de ellas, proceden de la colección de Blánquez(208).

El interés de Ramón Menéndez Pidal por el "Dialecto leonés" le puso en relación con Cayetano Álvarez Bardón, Primer Teniente de Infantería(209), quien en carta sin fecha c. Julio de 1908 le hizo saber, entre otros asuntos: "Respecto de los romances, seguiré recogiendo(210) lo que pueda y, por si puede serle útil la noticia, le diré que hay aquí un señor profesor del Seminario --Don José González-- que según me dicen tiene una colección muy buena de romances que piensa publicar; son todos leoneses. No me atrevo a decirle nada por saber como le digo que piensa publicarlos. Cuando esto suceda, procuraré adquirir un ejemplar y se lo remitiré, si es que antes por otro medio no ha llegado a entenderse con el dicho señor".

Ramón Menéndez Pidal se apresuró a "entenderse con dicho señor", ya que sobre la carta anotó de su mano: "le escribo 29 Jul[io], 1908"(211). José González, presbítero del Seminario de León, se prestó, desde un principio, a complacer a Menéndez Pidal. En carta del 2 de Noviembre de 1908 le decía: "Ya será tiempo de que yo empieze a cumplir alguna de las promesas que he hecho a V. Ahí van 35 romances, parte de la recolección que ofrecí a V. (...)"; proceden todos ellos, según el colector, de "una región recogida, que es, acaso, de las más cultas de España, ya que es raro tropezar con una mujer que no sepa leer, escribir y hablar con relativa corrección", región constituida por los lugares de Lois, Crémenes, Villayandre, Arzobejo, Corniero y Alejo, en el NE de León, donde anotó trece, nueve, seis, dos, una y dos versiones, respectivamente, que remitió efectivamente a Menéndez Pidal. Se trataba de una muy buena colección, como la habían valorado los informantes de Álvarez Bardón(212).

También resultado de la prédica de Menéndez Pidal a sus alumnos universitarios son otras dos colecciones de valor desigual. José de Saavedra y Dorronzoro(213) obtuvo el envío en 1906 por parte de Pedro Llinás de la primera colección de Badajoz conseguida por Menéndez Pidal, con seis versiones inéditas de San Vicente de Alcántara y Valencia de Alcántara(214) y alguna otra del romancero ciudadano de niñas(215). Otro alumno de Menéndez Pidal, burgalés, Matías Martínez Burgos, hizo una buena recolección personal, en 1908 o 1909, en Los Balbases (3 versiones), Revilla del Campo (7 versiones), San Martín de Humada (16 versiones) y Rioparaíso (4 versiones), en el Norte de Burgos(216), ya que entre esos treinta romances los hay de temática menos común que la usual en las recolecciones de la época (Nacimiento de Montesinos, El sacrificio de Isaac, Adriana o La calumnia de la reina, Bernal Francés, etc.)(217).

Por aquellos años contó Menéndez Pidal con aportaciones a su colección de otras personas de su entorno.

Manrique de Lara, en sus diversos viajes por la Península, recogió aquí y allá romances. Algunos no podemos fecharlos con exactitud: es el caso de dos versiones (de Gerineldo y de La condesita) recogidas en Granada (antes, desde luego, de 1909). Muchas son de 1906: ocho de Villanueva de la Serena (Badajoz); siete de Mazarambroz y tres de Madridejos (Toledo); ocho de Madrid; catorce de Humada (Burgos), todas estas últimas de una joven de 17 años procedente de Villamartín de Villadiego(218); tres de Viana (Estella, Navarra)(219). En 1908 entrevistó a una joven de 20 años natural de Vega de los Viejos (Babia, León) que poseía un extraordinario repertorio de 23 temas(220). También posteriores a 1906 y anteriores a 1909 son otras versiones de Cartagena y Totana (Murcia), y de Mesones (Albacete).

Anteriores, al parecer, a la incursión de Manrique de Lara en Navarra, son un conjunto de versiones recogidas en Pamplona (y quizá también de pamplonicas residentes en Madrid) por Modesto Lecumberri. En total 17 versiones, en su mayoría del Romancero de niñas, pero con alguna notable excepción (Adriana, Bernal Francés). También de Pamplona son dos versiones de romances religiosos remitidos por Modesto Lafuente(221).

En el año de 1906 Menéndez Pidal logró que su amigo de años mozos José Ramón Lomba y Pedraja, con el que había compartido aficiones literarias y campestres desde 1890, consintiera en recoger para él romances desde su residencia en Gajano (Cantabria). Gracias a su colaboración se incorporaron a la colección pidalina las primeras versiones de Cantabria(222). Nada menos que 65 textos(223). Sabemos que durante el verano de ese año, estando en plena labor colectora, Menéndez Pidal le ofreció su fonógrafo para coleccionar las melodías(224), y que, en efecto, llegó a utilizarlo, pues Manrique de Lara transcribió algunas de las grabaciones musicales por Lomba recogidas. Allí en Cantabria, Lomba halló a un portador de tradición de Ciudad Rodrigo (Salamanca) del cual anotó siete versiones y un fragmento(225).

Al año siguiente, José Ramón Lomba hacía referencia a su anterior contribución romancística, al tiempo que retrataba sin piedad a su amigo, obsesionado con la filología, en dos cartas antológicas: "Tengo a la vista tu carta escrita desde El Paular, muy sabrosa y que tiene hasta fecha (...). Está bien que invitándome a volver a Madrid me hables de nuestras antiguas sesiones literarias a campo traviesa. De nada me acuerdo con tanto gusto como de ello; pero no me queda ni la menor esperanza de renovarlas jamás. Tú mismo, a lo que comprendo, te haces ilusiones acerca de ti mismo y no sabes el poder inmenso de tu propio egoísmo, de ese monstruo que has estado alimentando años y años y que hoy es mucho más fuerte que tú. Es un gran animal, voraz y lóbrego, que lo convierte todo en filología, cuanto toca, y te convertirá a ti mismo en códice o en cantar de gesta. Yo te miro ya como a un pájaro encantado metido en una jaula hechizada que canta canciones incomprensibles de edades remotas. Sólo te desencantarás para morir. Por eso, cuando me hablas de renovar nuestras antiguas pláticas, me haces sonreír tristemente (...). No he cumplido aún mi propósito de recoger los romances de Liébana y Cabuérniga. Estos son para mí tiempos de gran sujeción y, a pesar de mi deseo, no he podido salir 15 días de aquí para eso ni para nada. Espero que vendrán días de más libertad, que me consentirán realizar esas inocentes colectas de romances que no son ofensivas para nadie y en que no espero dificultades. Por cierto que no me has dicho si el capellán de mis monjas de Sobremazas te hizo entrega de algunos romances que aún tenía aquí para ti y que le entregué a él para que te los diera. Todavía me quedó aquí uno, que te remitiré cualquier día (ahora no doy con él, no sé por qué)", Gajano 12-XI-1907.

En la segunda carta, del 20 de Noviembre, puntualizaba: "Cuando entre nosotros se habla de tu egoísmo, bien sabemos los dos lo que decimos, importando muy poco la propiedad de la palabra. Así que tú eres un egoísta, esto pasa ya en autoridad de cosa juzgada y me asombra que ahora candorosamente hagas protestas de altruismo, que juzgo un poco ridículas. También confesarás que te has pasado la vida lamentando --como haces ahora-- el tiempo que robas a tus estudios. 48 horas que el día tuviera te parecerían pocas. Conforme. Así te conocí siempre. Por semejante glotonería, unas veces me causas admiración, otras envidia y otras lástima, pero no dudes que romance que esté a mi alcance tomará el camino de tu casa. Esto es aparte".

La publicación por Narciso Alonso Cortés en 1906 de una nutrida colección de Romances Populares de Castilla(226), con cerca de un centenar de textos procedentes de las provincias de Burgos y Palencia ponía, por entonces, en manos de la erudición una primera muestra de la riqueza inédita del Romancero castellano. Cortés envió a Menéndez Pidal las pocas versiones que poseía de Cantabria (un total de 3 procedentes de Meruelo y de Arnuero), que no había incluido en esa obra(227); también le remitió cinco textos castellanos (3 de San Juan del Arroyo, Valladolid, y los otros 2 de Población de Campos y Villota del Duque, Palencia)(228).

Los contactos epistolares que Menéndez Pidal había ido estableciendo con eruditos regionales de Extremadura y Salamanca le permitieron enriquecer su colección romancística de esa parte de la Península con nuevas aportaciones.

García-Plata consideraba prácticamente agotado el repertorio de Alcuéscar, por lo que en 1906 se preocupó de poner en manos de Menéndez Pidal versiones de romances de carácter religioso obtenidas de pasajeros: "un muchacho mendingante de quince años, llamado Agustín Suárez y natural de Salvaleón, prov[inci]a de Badajoz" le proporcionó tres versiones y "un pelador de alcornoques" de Montánchez otra(229). También anotó otro romance religioso de una niña mendicante de 8 años natural de Peleas-Gonzalo (Zamora)(230).

A la insistencia de García-Plata se debe que el teósofo Mario Roso de Luna llegara a remitir a Menéndez Pidal directamente alguna versión más de Miajadas, aparte de las entregadas por el propio García-Plata(231). Es posible que por estas fechas Menéndez Pidal recibiera de Miguel de Unamuno el envío de una referencia a cómo se celebraba en Almoharín (Cáceres) la Nochebuena cantando romances y otras coplas líricas: "Se acompañan con un tambor destemplado, por uno solo y el pueblo repite en coro lo que el primero canta. Al entrar cantando, le animan con ¡ea! ¡ju!, etc. La noche de Nochebuena cantan al ir a la iglesia, al marchar de la fiesta, al ir a casa del cura y al marchar, y al alcalde".

Curiosamente, junto a temas navideños, cantaban (al igual que en Albalá), La bella en misa(232).

El doble interés de Menéndez Pidal por las hablas locales extremeñas y por el Romancero le hizo mantener correspondencia muy útil con otros dos eruditos extremeños cuya área de actividad se restringe, respectivamente, a Torrejoncillo y a Casas de Millán, en Cáceres: el médico Jenaro Ramos Hernández y Gerardo Jaime Núñez. Gracias a sus envíos Menéndez Pidal reunió 20 versiones de Torrejoncillo (1905, 1906, 1907)(233) y 28 de Casas de Millán (1906, 1907)(234).

De Villavieja (Salamanca) Casimiro Martín Robles remitió, entre Octubre y Noviembre de 1906, seis versiones; y en ese año Menéndez Pidal recibió otras tres de Ciudad Rodrigo(235).

En 1907 la exigua colección andaluza de Menéndez Pidal se incrementó con un par de versiones de Ronda, proporcionadas por Fernando del Río, y en 1908 con seis versiones tradicionales (y otra de procedencia culta) recogidas en Granada por Manuel Gómez Moreno, compañero de Menéndez Pidal en la Junta para Ampliación de Estudios.

No puedo situar en el tiempo la recepción por Menéndez Pidal de un cuaderno de hojas sueltas manuscrito titulado "Folk-lore Balear", firmado por Josep Massot [i Planes]. Los romances catalanes que incluye ("A la ciudat de Napols", Don Juan y don Ramón, "A Fransa hi ha una dama", La Donzella, "Jo m'axech dematinet") no parecen haber sido incorporados, por entonces, a las carpetas del Archivo. Pero, de todas formas, creo que hay que fecharlos por estos años, en que Menéndez Pidal solicitaba canciones populares catalanas a los amigos que podían proporcionárselas.

La correspondencia de Menéndez Pidal con eruditos de la América hispana no dio, por aquellos años, demasiado de sí en cuanto a la exploración de la tradición oral americana, salvo la ya citada excepción representada por Vicuña Cifuentes, quien en 1906 amplió sus anteriores envíos remitiendo a Menéndez Pidal ocho versiones más. Después interrumpió su correspondencia durante "un paréntesis" debido a que se resolvió "a recuperar el tiempo perdido en idealidades y rutinas pedagógicas" entregándose de lleno, desde fines de 1907, a los negocios, "convencido --según dice a Menéndez Pidal-- de que esas tareas, por lo menos en el período de organización, no eran compatibles con ningunas otras, si quería yo asegurar el éxito que buscaba"; sólo el 28 de Setiembre de 1909, con un "como decíamos ayer", reanudó "una correspondencia largamente interrumpida" con Ramón Menéndez Pidal(236) anunciándole "hoy, sin las atenciones imperiosas que me esclavizaban, vuelvo otra vez á cultivar mi pequeño huertecillo, abandonado desde tanto tiempo" y le explicaba "Bastante floja estuvo la recolección de romances y de materia folklórica en general durante el entredicho(237), y sólo desde hace dos meses he vuelto a activarla, explorando el campo personalmente é importunando de nuevo con apremiantes cartas á los que ya en otras ocasiones me han ayudado. Remito á Ud. copia de los romances que he recogido. Estoy cierto de tener cinco ó seis más que ahora andan transpapelados y que enviaré a Ud. apenas los encuentre. Entre los que hoy le mando, van algunos que recojo por primera vez(238) (...). Hay provincias enteras que no he explorado y en las cuales todavía no encuentro colaboradores, á pesar de haberlos solicitado de muchas maneras. Es desesperante la indiferencia de estas gentes, tan pródigas en promesas como avaras de cumplimiento. He puesto á los romances las notas que me han parecido necesarias para la inteligencia de ciertos pasajes".

Vicuña da cuenta en esta carta de sus esfuerzos, en buena parte frustrados, por lograr grabaciones fonográficas del canto de los romances, proporcionándonos al tiempo que relata anecdóticamente sus decepciones, curiosas noticias sobre el aspecto musical del Romancero chileno: "Mucho he trabajado estos días por obtener un mediano cilindro fonográfico de La Dama y el Pastor, pero la pudibunda é insoportable cantora ha esterilizado todos mis esfuerzos. Cuando, después de muchos remilgos, se consigue que se acerque a la bocina, á los pocos versos se interrumpe, ya para reirse, con el pretexto de que se le olvidó lo que sigue, ya para salir con alguna gansada, v. gr.: --¡Qué cabayero éste! ¿Pa qué quedrá estas cosah? Es que le gusta reírse de los pobreh...--. Sin embargo, no desespero de conseguirlo, aunque en dos ocasiones anteriores nada pude lograr de otras á quienes oí cantar los romances de Catalina y Bartolillo.

Puedo sí adelantarle que la música con que acompañan estos romances, no es la grave y monótona de la melopeya, sino la viva y bulliciosa de la canción popular chilena. Por de contado que lo mismo sucede cuando los cantan á secas, como ellos dicen, sin acompañarse de ningún instrumento.

De las cantoras de profesión es fácil conseguir lo que se quiera, y ya son muchas las tonadas y zamacuecas que se venden en los establecimientos fonográficos; pero estas personas no cantan romances ni los saben, según he podido ver, y hay que gastar cachaza con las otras, las rurales y melindrosas, y pedir á Dios que lo tenga a uno de su mano para no estrangularlas".

Fuera de Chile, Menéndez Pidal sólo consiguió en 1906 y 1907 unas pocas muestras del Romancero urbano cantado en sus juegos por las niñas de Córdoba (Tucumán, Argentina), de Chicoana (Saltá, Argentina) y de Medellín (Colombia), remitidas, respectivamente, por el escritor A. Rodríguez del Busto (10-V-1906), por J. B. Ambrosetti (enero de 1907) y por A. Gómez Restrepo (21-VIII-1906)(239). Rodríguez del Busto explicaba, respecto a los romances incluidos en su envío, que tenían un origen familiar: "Personas de mi familia me lo han recitado y no quieren que figuren sus nombres en publicaciones", pero eran del patrimonio común de cualquier niña de Córdoba: "Fueron aprendidos en juegos de niñas en los que se representaba la acción que corresponde a cada romance, y esto era usual y frecuente en las escuelas durante las horas de recreo hasta el año 1865 del siglo pasado".

De mayor interés juzgó Menéndez Pidal los textos remitidos por el agustino fray Pedro Fabo (1907 y 1908), ya que, junto a algunos romances de temas muy comunes, le hizo llegar toda una serie de versiones que parecían mostrar la "popularidad oral de romances literarios" (históricos y moriscos) en Colombia(240). Pero hoy creo posible afirmar que los romances de procedencia "letrada", "con multitud de abreviaciones y variantes unas de tono vulgar y otras americanizadas", que Menéndez Pidal consideró producto asimilable a los romances literarios oídos por Vicuña Cifuentes en Chile, son textos fraudulentos(241), a pesar de que Fabo, en sus cartas, se presentara como un afanoso buscador de romances en la tradición oral de las gentes populares(242).

También pudo añadir Ramón Menéndez Pidal a su colección de romances judeo-españoles de Oriente algún nuevo texto. Sabiendo que Menéndez Pidal se interesaba por ampliar sus conocimientos acerca del judeo-español hablado en las comunidades sefardíes de Oriente, el profesor B. Schädel buscó ponerle en contacto con un lingüista alemán destinado en la Deutsche Realschule de Constantinopla: Max Leopold Wagner. El 8 de Octubre de 1907 Wagner se adelantaba a proponerse como colaborador de Menéndez Pidal respecto al español de Oriente, por más que hasta entonces sus intereses como romanista se hubiesen únicamente centrado en el sardo(243). El propio Schädel le había ya advertido que Menéndez Pidal precisaba "de quelques éclaircissements sur les romances" y Wagner no vaciló en prometer darles solución: "si vous voulez avoir un peu de patience, je me flatterais de vous fournir le matériaux désirés".

Y, efectivamente, en 1908 pudo ya remitirle una versión de Adrianópolis de Las señas del marido (í) y otra de la canción estrófica El sueño de la hija junto con otras dos versiones de Constantinopla, una de esta misma canción y otra de A orillas de una fuente, y una serie de coplas líricas(244). Wagner enviaría, más adelante, toda una colección de textos, anotados, de varias comunidades judeo-españolas del Imperio Otomano(245).

Respecto a la tradición portuguesa, confiaba que Carolina Michaëlis de Vasconcellos lograse reactivar las investigaciones, instando a José Leite de Vasconcellos a que diese prioridad al campo del Romancero sobre otros intereses etnográficos. Pero sin éxito. El 29 de Setiembre de 1908 doña Carolina le escribió al respecto desde Entre-Os-Rios: "Leite de Vasconcellos me prometió visitarme aquí. Le daré un nuevo asalto en cuanto a los Romances. Aunque pienso que será sin resultado (...). Le instaré a reproducir los textos en la Revista Lusitana -- sin comentarios"(246).

9. Menéndez Pidal hace inventario: Las primeras mil quinientas versiones del Archivo y las conferencias en la Columbia University de Nueva York en 1909.

En Febrero de 1909 el matrimonio Menéndez Pidal / Goyri, pasando por París, hizo un viaje transatlántico a los Estados Unidos de América. Ramón había sido invitado a dictar un curso de conferencias en la John's Hopkins Universtiy de Baltimore acerca de "L'epopée castillane à travers la littérature espagnole"(247) y otro en la Columbia University of New York sobre "El Romancero español"(248) bajo los auspicios de la Hispanic Society of America. En las conferencias sobre el Romancero, dadas los días 5 y 7 de Abril, Menéndez Pidal desarrolló su visión de la tradición antigua y la moderna como un todo inseparable.

En el curso de ese viaje a Estados Unidos, el 8 de Abril de 1909, Ramón Menéndez Pidal conoció en Newark, N. J., a William Milwitzky, "amigo íntimo de Fitz Gerald"(249), quien le habló de su colección de romances judeo-españoles de Turquía, Rodas y Chios(250), que esperaba le publicara Morel Fatio(251); entre tanto le ofreció romances de ella, con tal de que no los publicara. En cambio le facilitó textos romancísticos cubanos(252). También le prometió ponerle en contacto con un informante judío a quien enviar el fonógrafo para que registrara romances cantados(253).

Aquel verano de 1909, una vez regresado de su estancia en Estados Unidos, Ramón Menéndez Pidal emprendió una excursión dialectológico-romancística por el Oriente astur-leonés de la Cordillera Cantábrica. En su trayecto asturiano fue acompañado por su hermano Juan Menéndez Pidal. En agosto recorrió los concejos asturianos y en aquella ocasión se incorporaron al Archivo versiones de Sariego (5), El Carbonero (2), San Andrés de Linares (3), El Entrego (9), Blímea (6) y Carrocera (7), en el concejo de San Martín del Rey Aurelio; Casomera (23), Llanos (3), en el de Aller; Veneros (14), Campo (3), en el de Caso(254).

Después cruzó a la vertiente leonesa. Todavía en agosto, recogió tres romances de tema vulgar en La Puebla de Lillo(255). Desde el 2 al 4 de setiembre lo tenemos ya en Sajambre, donde hizo una espléndida recolección de romances en Vierdes (23 versiones) y en Oseja (47 versiones de la propia localidad y 22 de Soto de Sajambre). También recogió romances de Valdeón (14 versiones). En Oseja contó con algún colaborador (que anotó otras 6 versiones)(256).

Sólo después de esta excursión acometió el trabajo de reformar las conferencias neo-yorkinas, pues en su versión escrita se refleja el conocimiento de alguna de las versiones recientemente recogidas(257). En aquel otoño, el 22 de Octubre de 1909, hizo inventario de los textos inéditos que tenía reunidos(258). He aquí sus cómputos:

- 234 Segovia

- 168 León

- 167 Extremadura (Torrejoncillo, Casas Millán) 19 (García Plata) 82 (Dª Gregoria) 28 (Varios) 38

- 110 Madrid

- 100 Asturias

- 84 América

- 86 Burgos

- 76 Chile

- 48 Santander (Lomba) 45(259) (Cortés) 3(260)

- 45 Salamanca

- 45 Albacete (Navarro y Manrique de Lara)

- 44 Ávila

- 39 Zamora

- 34 Murcia

- 28 Aragón (Navarro)

- 26 Valladolid

- 22 Navarra (Lecumberri 17 + Lafuente 5)

- 16 Alicante y Castellón

- 16 Andalucía

- 9 Galicia

- 9 Toledo

- 9 Guadalajara

- 5 Palencia y Soria

- 4 Cuenca

- 3 Canarias

- 8 Varios

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Subtotal: 1.351

- 172 Judíos (Benoliel 146) 172

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Total: 1.523 (261)

Estas 1.523 versiones son perfectamente identificables en el "Archivo".

Según este Inventario deja claramente ver, la colección de romances que en Octubre de 1909 había ya reunido Menéndez Pidal, puesta al lado de los corpora de romances portugueses y catalanes publicados en el s. XIX, constituía "una prueba irrefutable del carácter pan-hispánico de la tradición oral romancística a fines del s. XIX y principios del s. XX" y venía a exigir el abandono, por falsas e ineficaces, de las visiones regionalistas, fragmentadas, de la tradición. Por otra parte, el hecho de que la exploración del Romancero moderno pudiera proporcionar muchos centenares de textos hacía imprescindible no limitar en los estudios generales del romancero a un mero "Apéndice" la consideración de la tradición oral de los siglos XIX-XX, como aún proponía Foulché Delbosc.

A combatir esas defectuosas visiones se habían dirigido ya las conferencias de la Columbia University que ahora publicaba, convenientemente retocadas, en 1910(262).

Los "índices-guía" que en la versión impresa encabezan las dos "conferencias" permiten captar en síntesis el hilo argumental de su exposición:

I. "Objeto de la siguiente exposición.-- Noticia de los antiguos Cantares de Gesta castellanos.-- La epopeya llega en Castilla á hacerse poesía verdaderamente popular.

Los romances más viejos son un fragmento de Cantar de Gesta.-- Diverso carácter de estos primeros romances.-- Los romances juglarescos; romances viejos de ellos derivados, en especial los romances carolingios.-- Romance de la Linda Melisenda.-- Romances del rey don Pedro.-- Romances fronterizos; romance de los Caballeros de Moclín; romance de Abenámar.-- Ideas y costumbres nuevas que reflejan los romances fronterizos.-- Las Guerras de Granada de Ginés Pérez de Hita.-- Agotamiento de la inspiración heroica en el Romancero.

Imitaciones de los romances viejos: Romances semi-populares, eruditos y artísticos.-- Decadencia total del Romancero".

II. "Popularidad que los romances viejos lograron en los siglos XV y XVI.-- Colecciones de romances hechas en el siglo XVI.-- Olvido en que caen los romances viejos en la literatura de los siglos XVII y XVIII.-- Estudio de las Colecciones antiguas hecho en la época del romanticismo; Wolf y Durán.-- Romancero de Menéndez Pelayo.

El romance viejo fuera de las colecciones antiguas; Pliegos sueltos y Cartapacios manuscritos; las Comedias; romance de Mientras yo podo las viñas.-- Propagación del Romancero en la tradición oral moderna; entre los judíos españoles; en Cataluña; en Portugal; en América; la tradición en la Península y en Castilla mismo.-- Estado actual y valor de la tradición.-- Pierde los asuntos heroicos y añade otros campesinos; romance de Francisco y Teresa.-- La tradición moderna conserva ella sola muchos romances viejos; Bernal Francés; La Malcasada del pastor.-- Refunde algunos romances antiguos; El Conde Dirlos.

Las colecciones antiguas y la tradición moderna deben fundir sus caudales; romances de La Infantina y El veneno de Moriana.-- Necesidad de la reintegración del Romancero en todo su valor estético, cronológico y geográfico".

A esta última conclusión pretendían, en efecto, conducir los argumentos y ejemplos expuestos: "(...) se comprenderá que el Romancero visto de este modo fragmentario, desde punto de vista puramente parcial, aparece triturado, hecho jigote como dice la patraña que estaba el nigromántico Don Enrique de Villena, metido en la redoma esperando segunda vida. Ha llegado el momento de que la tradición moderna reúna sus pedazos dispersos, y no se mantenga ya por más tiempo divorciada o simplemente paralela de la tradición del siglo XVI, sino íntimamente asociada con ella. La edición crítica del Romancero debe buscar sus datos en el recuerdo producido hoy, lo mismo que en el producido hace tres siglos. La secular memoria del pueblo no ha tenido ninguna interrupción en sus funciones; sus recuerdos de hoy están inseparablemente unidos a sus recuerdos de ayer, y donde quiera que ellos se manifiesten, sea en el pliego gótico de antaño, sea en la danza campesina de hoy, deben ser tenidos en cuenta como elementos de juicio"(263).

Era ésta, al fin y al cabo, la nueva concepción del género que había presidido la formación de su Archivo. Menéndez Pidal podía contemplar con satisfacción sus más de mil quinientas versiones y resaltar entusiasmado el papel de "la ciencia" capaz de ir "congregando de nuevo los despedazados y dispersos miembros del Romancero" para "obrar su resurrección"; pero, visto a retrotiempo, el crecimiento año tras año de su colección (que minuciosamente hemos presentado) se nos aparece como un esfuerzo extraordinario de parcos resultados: salvo entre los judíos de Marruecos, sólo de tarde en tarde van apareciendo temas nuevos de interés; los romances religiosos y los de corro de niñas, junto a los vulgares de "sucesos" o milagreros constituyen la mayoría del caudal de textos obtenidos en la Península y en América. No hay duda de que el recurso a informantes desplazados, las encuestas ciudadanas, las barreras sociales entre los señores y la población rural en aldeas y pueblos aislados y el mismo desconocimiento de los encuestadores respecto a los posibles repertorios de los portadores de tradición hicieron en buena parte inaccesible a los pioneros de la recolección romancística el tesoro escondido que buscaban.

Pero aunque aceptemos que una serie de condicionantes limitaron el éxito de la exploración desde 1825 a 1909, debemos al menos inducir del lento "goteo" de textos y de la relativa parquedad de los repertorios de los informantes de España y América que ya por entonces, junto a un romancero "superficial", al cual era más o menos fácil acceder, el romancero de mayor interés vivía, al igual que hoy, en "estado latente" y se transmitía en las comunidades rurales en la intimidad, fuera de la vista y el oído de los curiosos forasteros que, ocasionalmente, interrumpían con su presencia el normal disfrute de los hábitos y costumbres propios de la población indígena. A fines del s. XIX y en los primeros años del s. XX los romances eran en España ya "etnotextos" como los que podemos hoy seguir recogiendo.

Esta dificultad en acceder a los repertorios ocultos de las distintas comarcas fue, sin duda, la causa de que María Goyri elaborara un manual del encuestador que, con el título "Romances que deben buscarse en la tradición oral", se publicaría en forma de artículo en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos y en tirada aparte(264). La inclusión en el manual impreso de textos que entraron en el Archivo en 1908, 1909 y 1910 sitúa en este último año su elaboración, aunque la publicación lleve una fecha anterior(265). El manual, aparte de una serie de consejos e instrucciones basados en la experiencia recolectora, contiene un amplio muestrario de comienzos, más o menos extensos, de romances, a fin de facilitar su búsqueda, y un listado de provincias o áreas de la tradición en que hasta el momento se habían encontrado versiones de cada uno de ellos. El manual resultaría utilísimo para la siguiente etapa de la exploración del Romancero oral.


1. Según él mismo declaró mucho tiempo después (el 25-VIII-1941) a la revista Tajo: "Mi vocación comenzó cuando tenía quince años y mi hermano Juan, con el prestigio de hermano mayor, me interesaba en el relato de sus excursiones folklóricas de su Romancero asturiano". Palabras reproducidas por J. Pérez Villanueva, Ramón Menéndez Pidal. Su vida y su tiempo, Madrid: Espasa Calpe, 1991, p. 394.

2. En Santianes de Molenes y en Llamas (Grado), recogidas entre 1881 y 1884. En Santianes descubrió Juan Menéndez Pidal una extraordinaria transmisora de romances, Teresa Fernández, a. La Cana, de 80 años. En RTLH, V (1971-72) y VI (1975) pueden verse en lámina (frente a las pp. 191 y 112, respectivamente) los originales de dos versiones de Santianes recogidas por Juan Menéndez Pidal de boca de José Fernández, 40 a. y de Juana Bernaldo, 60 a., respectivamente.

3. Proceden de Montaña de Río Negro (Luarca), Navia (Navia), El Espín y Villacondide (Coaña) y Armal, Prelo, Figueiredo y Miñagón (Boal).

4. Se trata de textos muy retocados por el colector.

5. Un total de 17 versiones.

6. Tan sólo 6 versiones.

7. Las 10 versiones aportadas por María Ciaño son de Villaviciosa. Frade contribuyó con dos versiones de Ribadesella y Vigón con una de Colunga.

8. A la muerte de Juan Menéndez Pidal (1915), pasaron al Archivo de su hermano Ramón dos ejemplares del libro de 1885 con correcciones y notas del autor, un cuaderno de notas donde figuran copiados los textos por él recogidos en el concejo de Grado junto con anotaciones históricas y etnográficas y, quizá (si bien lo dudo), algunos originales sueltos de versiones comunicadas por otros colectores. Otro cuaderno contiene versiones recogidas en Curueña (León).

9. Nada más salir su libro en 1885, Juan Menéndez Pidal abrió una "carpeta", para guardar los originales de nuevas versiones, con vistas a una nueva edición; en 1889 inició un cuaderno con un modelo de portada para la "segunda edición, corregida y aumentada", al tiempo que hacía correcciones muy profundas sobre un ejemplar de la primera edición. Junto con los romances asturianos reunidos en 1889 Juan anotó varias versiones de romances de Curueña (León); de una de ellas puede verse la reproducción fotográfica en la p. CVI del Romancero general de León, ed. por D. Catalán y M. de la Campa, I, Madrid: Seminario Menéndez Pidal y Diputación Provincial de León, 1991 y 2ª ed., Madrid: Fundación Ramón Menéndez Pidal y Diputación Provincial de León, 1995.

10. Los originales de Juan Menéndez Pidal existentes en el Archivo han sido cuidadosamente estudiados, descritos y editados por J. A. Cid,"El romancero tradicional en Asturias. Su recolección en los siglos XIX y XX. Edición integral de los textos (1849-1910)", Tesis doctoral en 3 vols. Universidad Complutense de Madrid (1991).

11. Delgadina, Una fatal ocasión, Conde Niño, Celos y honra, La rueda de la Fortuna + Los presagios del labrador, La hermana cautiva (hexas.), La infanta parida, Gerineldo, La Gallarda, Grifos Lombardo, La devota de la Virgen en el yermo, Cristo testigo, La flor del agua.

12. La esposa de don García, Una fatal ocasión, Conde Claros en hábito de fraile, Muerte del príncipe don Juan + Conde Niño, Conde Niño, La vuelta del marido (é.a), Flores y Blancaflor, La infanticida, La mala suegra, Blancaflor y Filomena (2 versiones), La infanta parida, Penitencia del rey don Rodrigo, La bastarda y el segador, La devota de la Virgen en el yermo (2 versiones), El ganado perdido, El soldado y la monja, La zorra y el gallo.

13. Delgadina, La esposa de don García y La infanta parida.

14. Conde Claros en hábito de fraile.

15. La esposa de don García, Vuelta del navegante + Belardo y Valdovinos, Conde Claros en hábito de fraile, Canta moro, Gerineldo, El conde preso, Jueves Santo, Nochebuena.

16. Una versión de Tamar, que en la lista elaborada por María Goyri descrita en la n. 14 ocupa el primer lugar.

17. La lista de "Romances asturianos recogidos por J. B. Acebedo" que en 1910 elaboró María Goyri pone en claro cuáles fueron las versiones recogidas por don Bernardo que llegaron directamente a manos de Ramón Menéndez Pidal antes de la muerte de su hermano Juan. Frente a las dudas de J. A. Cid, obra cit., III, pp. 23-25 y I, pp. 185-186 y 200-201, sabemos que ese envío incluía las versiones de Juventina García Méndez procedentes de "Serandinas" (posiblemente escritas de su propia mano). Sería, pues, preciso ver cuándo hay duplicación de envíos a Juan y Ramón y cuándo no; especialmente en las versiones cuyos recolectores directos fueron José García Méndez y Juventina. La lista explica, por otra parte, la presencia en el Archivo de varios originales de versiones que, habiendo sido recogidas por Bernardo Acevedo en fecha temprana, llegaron a manos de Juan Menéndez Pidal a tiempo para incluirlas en su libro de 1885 (y que J. A. Cid cita en las pp. 174-176 de "El Romancero tradicional en Asturias", I); esos originales no son restos de los utilizados por don Juan, sino parte del envío que describimos.

18. Los originales manuscritos de G. Laverde recogidos en 1863 y enviados a J. Amador de los Ríos pueden verse en el Archivo Menéndez Pidal. Han sido editados por J. A. Cid, "El Romancero tradicional en Asturias" (1991), II (nos 11, 17 y 18). En RTLH, IV (1970), en lámina frente a la p. 33, se reproduce el autógrafo de Laverde de una versión recogida en Marzo de 1863.

19. Las versiones no retocadas pueden hoy leerse, acompañadas de notas comparativas con las versiones ulteriormente amañadas, en la edición de J. A. Cid, "El Romancero tradicional en Asturias" (1991), II. Una reproducción fotográfica del original de una versión de c. 1860 anotada para Amador de los Ríos, confrontado con su edición por el propio don Amador en 1861, puede verse en RTLH, V (1971-72), frente a la p. 190.

20. En 1919 los originales de ambos romances, escritos de mano de Bartolomé José Gallardo, se hallaban en poder de Pedro Sáinz Rodríguez. Sobre una copia manuscrita de la versión de La condesita María Goyri anotó con toda minucia las correcciones necesarias para reproducir el texto como constaba en el original y anotó sobre ella: "Sacó de memoria esta copia P. Sanchez en la Carzel de los Señores 1825 p. enero. Letra ms. de D. José B. Gallardo. Me prestó el ms. en Junio de 1919 D. Pedro Sainz y Rodríguez". Una fotografía de las dos caras de la copia se publicó en RTLH, IV (1970), en lám. entre las pp. 216-217. El Gerineldo, dicho por Curro apodado "El Moreno", natural de Marchena y por Pedro Sánchez fue, a su vez, contrastado por R. Menéndez Pidal (véase RTLH, VII, 1975, pp. 171-172). Por los años 70 intenté que Pedro Sáinz Rodríguez hallara entre sus papeles los originales de Gallardo; pero no consiguió localizarlos.

21. La ocasión en que don Bartolomé José entró en conocimiento con Curro el Moreno y Pedro Sánchez es bien conocida. Su biógrafo Juan Marqués Merchán, quien también en sus días sería colector de romances, refiere pintorescamente cómo el autor del Diccionario Crítico Burlesco fue sorprendido por "nutrida tropa de corchetes, alguaciles y escribanos" de la restaurada monarquía absoluta, llamados por dos canónigos "serviles", y "entrenado" en la sevillana cárcel de Señores, donde le tomó declaración el juez eclesiástico doctor Francisco Javier Outon (Don Bartolomé José Gallardo: Noticia de su vida y escritos, Madrid: Perlado, Páez y Cía, 1921, pp. 149-156).

22. De 1869 son las recogidas por Joaquín Riera y Bertrán y Francesc Masferrer que cito en D. Catalán, Por campos del Romancero, Madrid: Gredos, 1970, p. 19, n. 28 y p. 194, nn. 14 y 16.

23. Gracias a la solícita ayuda de R. Aramón i Serra y la cooperación del Sr. Soler, de la Fundación Patxot, obtuve permiso de Núria Carreras-Patxot para visitar su entonces ya cerrado Archivo en Barcelona. Véase adelante, cap. VII, § 9. De alguna de las versiones de que entonces conseguí copia en xerox puede verse una reproducción en libros impresos del "Seminario Menéndez Pidal": en lámina, frente a la p. 147, de El Romancero en la tradición oral moderna (1972) una versión de Ripoll de Rosaflorida; y en lámina, frente a la p. 240 de RTLH, IV (1970), una versión de Gàsol (Lleyda) de La condesita.

24. Véase más adelante, cap.IV, § 4.

25. Por el momento sólo se ha publicado una descripción sumaria de "les camises" (carpetillas azules) de "els materials Aguiló (Sèrie A)", que contienen el conjunto de los materiales recogidos por Marià Aguiló, en el fascicle I del vol. IV de los Materials de la "Obra del Cançoner Popular de Catalunya", titulado Inventari de l'Arxiu de l'Obra del Cançoner Popular de Catalunya, Fascicle I, per Josep Massot i Muntaner, Barcelona: Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1993.

26. "Romancero catalán. Acopio de canciones y versiones de las mismas recogidas en este país y trasladadas al papel (sin parar mientes en ortografía catalana, que no conozco) tal como las cantan y pronuncian nuestras labradoras.-- Es el objeto de este acopio allegar materiales para el Cancionero catalán que está preparando y escribiendo mi eminente maestro y estimado amigo Dr. Manuel Milá y Fontanals", Gerona, 7 de Setiembre de 1873.

27. Es una versión del romance de La Virgen y el ciego. Fue "recitado a Florencio Janer, con otros romances, por C. F[ernánde]z, joven de las cercanías de Santander de edad 24 años, le oyó y aprendió de su abuela de 90 años y de las mismas cercanías".

28. Esta versión recogida por Janer encabeza el listado pidalino de las versiones procedentes de Cantabria. También la conoció Juan Menéndez Pidal y J. A. Cid la edita entre las versiones asturianas de éste (advirtiendo de su procedencia no asturiana).

29. Según explica en su carta a don José Amador de los Ríos, desde Madrid, la principal informante es su mujer que aprendió los tres romances en Pamplona; pero él oyó también el de Delgadina, de niño, en Aragón.

30. Las restantes versiones de la colección oranesa de Salomón Levy perecieron durante la Segunda Guerra Mundial. Véase J. H. Silverman, "Para un gran Romancero sefardí", Actas del Primer Simposio de Estudios Sefardíes, ed. I. M. Hassán, Madrid, 1970, pp. 281-294: 290-291.

31. El colector era Catedrático de Historia Literaria en la Escuela Diplomática. Debió entregar los romances a Menéndez Pidal c. 1902. Véase R. Calvo, Romancero general de Segovia. Antología 1880-1992, Segovia: Seminario Menéndez Pidal y Diputación Provincial de Segovia, 1993, p. XIV; en la p. XCIII de esta publicación puede verse una reproducción fotográfica del original de una de las versiones remitidas por Cayo Ortega.

32. Según diremos de cada uno de ellos en su momento.

33. En Sarajevo, Manrique de Lara copió un manuscrito hebraico (número I) de mediados del s. XVIII (o de la segunda mitad del siglo), de 88 pp., cuyo contenido describió minuciosamente en dos hojas manuscritas. Por no tenerlas presentes, S. G. Armistead, El romancero judeo-español en el Archivo Menéndez Pidal, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1978, distribuye su contenido entre las "encuestas" nos 48, 49, 50, 51, 52, 53 y 59, de forma poco clara. Contiene 10 romances propiamente dichos, otro poliasonantado, 4 cantigas narrativas de tema religioso y 12 canciones. Manrique también copió los romances de otros dos manuscritos hebraicos (números II y III) del mismo siglo, pertenecientes al Dr. Mauricio Levy (posiblemente con 8 romances cada uno).

34. S. G. Armistead, obra cit., describe el contenido de estos manuscritos copiados por Manrique de Lara en Sarajevo y Salónica. Unos eran en caracteres hebraicos, otros en caracteres latinos (a veces, con ortografía serbo-croata). En una lámina frente a la p. 27 de El romancero en la tradición oral moderna, ed. D. Catalán y S. G. Armistead, Madrid: Seminario Menéndez Pidal y Rectorado de la Universidad de Madrid, 1972, se reproduce una versión de La dote (o Las prendas del ajuar) de "un manuscrito hebraico de la segunda mitad del siglo XVIII en poder del Dr. Mauricio Levy" transcrito por Manrique de Lara.

35. Los himnos de Israel Naara (Nájara), con abundantes citas de romances, se reimprimieron mucho en el s. XIX. Tanto el Dr. M. Levy, como M. Manrique de Lara tuvieron a la vista ejemplares en que manos de fecha incierta anotaron otros comienzos de romances y canciones en castellano, e hicieron listas de ellos. S. G. Armistead, en su Romancero judeo español en el Archivo Menéndez Pidal (1978), III, pp. 97-98, da noticia de algunas de las listas de mano de Manrique, pero no de la más extensa.

36. En el Archivo se conservan ejemplares de la Gu'erta de romansos 'importantes (Salónica, antes de 1905) --1ª y 2ª impresiones--, de la Gu'erta de romansas antiguas de pasatyempo (sin lugar, antes de 1908) -- ejemplar único conservado --, del Livriko de romansas 'importantes (Sofía, 1908), de la Broura de romansas 'importantes (Salónica, 1913), de las Endeas de Tichb­'b (Esmirna, sin año, antes de 1911) y del Sfer rnnôt, Livro de kantigas 'ermozas por abt, môdîm 'i diferentes fyestas (Jerusalén, 1908-1909). En El romancero en la tradición oral moderna (1972), frente a la p. 11 se reproduce en lámina la portada del Livriko y en RTLH, X (1977-78), entre las pp. 136-137, páginas de la Broura y de la Gu'erta de romansas antiguas. Sobre estos "libricos", véase S. G. Armistead y J. H. Silverman, NRFH, XVII (1963-64), 315-337, S. G. Armistead y J. H. Silverman, The Judeo-Spanish ballad chapbooks of Yacob Abraham Yoná, Berkeley-Los Angeles-London: University of California Press, 1971, y S. G. Armistead, J. H. Silverman y I. M. Hassán, Seis romancerillos de cordel sefardíes, Madrid: Castalia, 1981. En esta última publicación se incluye un "Apéndice" referente a "Los romancerillos de cordel sefardíes del Archivo Menéndez Pidal", pp. 65-68.

37. R. Menéndez Pidal gustó de recordar aquella circunstancia. Relató el suceso en una página que, con sucesivos retoques, reprodujo en El romancero español (New York: The Hispanic Society, 1910), pp. 100-102; Cómo vivió y cómo vive el Romancero (Valencia: López Mezquida, 1945), pp. 62-63; Romancero hispánico, II (Madrid: Espasa Calpe, 1973), pp. 291-292.

38. Para recoger las melodías acudieron al Maestro de Capilla de la Catedral de Osma.

39. Según enfatiza R. Menéndez Pidal, "Cómo vivió y cómo vive", ed. en Estudios sobre el Romancero, p. 430.

40. Cuya identificación no hicieron en el primer momento. Véase D. Catalán, Arte poética del Romancero oral. Parte 2ª. Memoria, invención, artificio, cap. II (en que estudio el romance), § 1.

41. La importancia de la correspondencia con Foulché-Delbosc para conocer los orígenes del proyecto de Ramón Menéndez Pidal ha sido por primera vez puesta de manifiesto por J. A. Cid, "El Romancero tradicional en Asturias" (1991), pp. 17-23; páginas incorporadas después al artículo "La tradición moderna y la edición del Romancero hispánico. Encuestas promovidas por Ramón Menéndez Pidal en Asturias (1911-1920)", RDyTP, XLVII (1992), 127-154. En esas páginas pueden leerse las cartas de Foulché-Delbosc y los borradores de las respuestas de Menéndez Pidal.

42. Se trata de las notas que Menéndez Pidal escribió en el dorso de la carta de Foulché-Delbosc como borrador de una proyectada respuesta.

43. Estos "Planes 10 Julio 1901", enumeran las obras en columna precedidas de su respectiva "Fecha de acabar". Los libros proyectados se escalonan de la siguiente forma ("Dic. 1901: Gramática del P[oema del] C[id]. / Dic. 1902: Crestomatía. / Dic. 1904: Romancero g[ene]ral. / Dic. 1906: Leyenda del Cid. / Dic. 1907: Bibliografía de Crónicas. / Dic. 1910: El castellano en América. / Dic. 1912: Historia del idioma Español. / Dic. 1914: Gramática histórica del Español. / Dic. 1919: Historia de la literatura antigua. / Dic. 1925: Edición de las Crónicas generales". En otra columna añadía algunas otras ocupaciones: "Poema de José; Prólogo de Crónicas de Rivad[eneira]" en 1901; "Viaje a Salamanca; Viaje a Sevilla y Toledo; París?", en 1902; "Abad don Juan; Charro; Lena; Linares (Rivad[esella])", en 1904; "Fuentes Lucanor", en 1907.

44. El 7-X-1901 Foulché-Delbosc le había escrito a Menéndez Pidal explicándole por qué no había podido ir de Barcelona "a la villa y corte" a hablar con él de su Romancero.

45. Inicialmente había escrito: "que yo había pensado".

46. Inicialmente había escrito: "modernamente en el XIX".

47. Inicialmente había escrito: "dos o tres excursiones".

48. "Habría que publicar como texto principal el más viejo publicado, y si éste es inferior, otro posterior. Como secundarios, en letra chica, las variantes posteriores que no puedan ir por nota, tendiendo a publicar íntegras las que difieran bastante, y a dos columnas para compararlas".

49. "Dos principales épocas de romances tradicionales: 1ª romances viejos ó literarios (ó cultivados por poetas de profesión?) que deben imprimirse en tipo inglés ordinario. / 2ª romances modernos (no nuevos) ó incultos (o rústicos? no). Abandonada su conservación a mugeres, niños, pastores, etc.), que deben imprimirse en tipo inglés chupado para que así en las notas como prosa quepa más, y se distingan bien las advertencias y complementos a los textos o versos incompletos que irá de elzevir.- En los romances portugueses o catalanes debe imprimirse en chupado normal la lengua que abunde más el portugués y el catalán y con cursiva los castellanismos, pero en los muy castellanizados al revés, la cursiva para las voces catalanas. / En elzeviriano deben ir las notas, introducción, etc., y los romances juglarescos, eruditos o artísticos que se aduzcan como fuentes de los tradicionales" (en papel, al parecer, más antiguo). "Tipo grande inglés = el texto nuestro. Con tipo chico inglés de notas. / Tipo grande elzevir = versiones recogidas antes de 1680. Incluyendo la recolección de Juan de Ribera a comienzos del XVII (Gallardo, IV.9 y los del teatro). / Tipo chico elzevir = versiones de los siglos XVIII a XX. Con tipo ultrachico de notas. / Impreso en forma de verso las versiones típicas, buenas, sean antiguas (tipo grande), sean modernas (tipo chico). / Impreso en forma de prosa las versiones malas, las incompletas, secundarias, a continuación de las típicas con que se asocie. / Las alusiones se ajustan a la misma clasificación cronológica tan sólo en la cita textual del verso. Así que puede un romance ir en tipo chico elzevir, por ejemplo Dónde habéis estado el Cide y precederle una alusión en tipo inglés grande con cita del verso en elzevir grande. / Los romances juglarescos que se publican como documento, como fuentes, no como texto de romance tradicional, esos deben ir en tipo inglés" (a lo que parece por el papel, posterior a la anterior).

50. Conozco la carta gracias a una copia (xerográfica) del original, que obra en poder de R. Lapesa.

51. "En una primera ojeada creo deben excluirse de la Primavera estos nos. 1: «Enojada estaba Roma»; 8. : «En los reinos de León» (que Wolf y Milá atribuyen a la clase Iª!!!); 9 «En corte del rey Alfonso»; 10: «Andados 36 años»; 11: «En gran pesar y tristeza»; 15: «Preso está»; 18: «Preso está»; 21: «Quién es...?»; 22: «Cansados de pelear»; 23 «Saliendo de Canicosa» (?); 27: «Casamiento se hacía»; 28: «Ese buen Diego Laínez»; 38: «Entre dos reyes cristianos»; 48: «Después que Bellido Dolfos»; 51: «En Toledo estaba Alfonso»; 56: «Encontrado se ha el buen Cid»; 57: «De concierto están»; 61 y 61a; 71: «Junto al vado»; 92 y 92a; 100 «Retraida»; 134: «Ese conde don Manuel»; 128: «Sevilla está en una torre». Del tomo IX de la Antología de M[enéndez] P[elayo], p. 175, etc. hay que excluir muchos, como son los nos 2, 4 a 11, 15, 16, 28, 34, 36". Previamente, en el revés del final de una carta de Foulché-Delbosc inició una lista de los 152 romances admitidos por Wolf, que continuó en hoja aparte, y en el reverso de esa hoja adicional añadió los 36 de la Antología, IX, p. 75; sobre esta lista marcó los que creía que había que eliminar: "Los R[omances] que van a la vuelta sin paréntesis son los que le digo a Foulché q[ue] hay q[ue] excluir. 1 Dic. 1900, enmendado 25 Nov. 1901".

52. "Por ahora lo que necesitamos es copias íntegras de los Rom[ance]s en sus más viejas impresiones (...). Respecto al orden, el de Wolf es bastante aceptable, y el más sencillo (...). Pero si podemos establecer alguna división por estilos me parecería mejor; ya veo que esto ofrece muchas dificultades, y el peligro de la confusión (...)".

53. Publicada por J. Lemartinel, "Cartas de Menéndez Pidal a Morel Fatio", Cuadernos Hispanoamericanos, núms. 238-240 (1969), p. 255.

54. Las versiones de 1900-1901 se hallan descritas mediante su incipit copiado en forma de dos octosílabos dispuestos en columna; frente a ellos, con una llave, se consigna un título acompañado de la asonancia, bajo el cual se especifica, subrayada, la procedencia. Las versiones van distribuidas, en hojas independientes, por provincias (o agrupaciones de provincias o regiones).

55. Inicialmente, María Goyri los situó todos en "Soria", por ser donde se recogieron. "Burgos" es precisión añadida posteriormente por Ramón Menéndez Pidal.

56. Que inicialmente María Goyri colocó en "Aranda (Soria)", dato posteriormente enmendado por Ramón tachando "Soria" y poniendo "Burgos".

57. La primera procede, en realidad, de Burgo de Osma. La publicó M. Menéndez Pelayo en el vol. X de la Antología (1900), pp. 221-222, como una novedad, ya que acababa de recibirla del matrimonio Menéndez Pidal. La segunda fue anotada por Ramón Menéndez Pidal de boca de "la criada Mariana".

58. De una niña, criada de El Paular, sin duda Inocencia (véase n. 92).

59. La primera informante de San Agustín de Alcobendas fue la "señora Aquilina", en El Paular.

60. Recogidas, fundamentalmente, de niñas que los cantaban en sus juegos: Enriqueta Lago, gallega de Cereixal (Lugo), que les dijo cinco romances y Carmen, de Toledo, que les dijo otros dos, las cuales afirmaban haberlos aprendido en Madrid; Amparito, que dijo sólo uno, pero a quien volverían a interrogar en 1902-1903, y otras niñas anónimas que les proporcionaron otros dos.

61. Ni en la lista, ni en las versiones constan otros datos.

62. Dado que son parte de la recolección personal de Ramón y María.

63. La lista elaborada por María Goyri en 1901 de los "Romances asturianos" de su colección no deja lugar a la duda: sólo eran las 11 versiones descritas en el texto.

64. Ramón añadió en la cabecera de la segunda página del inventario: "Además de las de Juan" "y de la Antología y Munthe".

65. J. A. Cid, "El Romancero tradicional en Asturias" (1991), pp. 211-213, no distingue en el listado lo escrito en distintas fechas por María Goyri y Ramón Menéndez Pidal. A mi parecer, no hay dificultad para hacerlo.

66. Ello explicaría que de la recitadora de San Juan de Amandi, María Fernández Garrido, de 21 años, haya en dos casos dos originales, uno de mano de María Goyri y otro de Juan Menéndez Pidal, en otro sólo uno de mano de María Goyri y en otro sólo uno de mano de Juan Menéndez Pidal. También son informantes de Juan (1885-1902) y de Ramón (1901) María Suárez y González, 84 a., de Solleres y Rosaura de Pajares. Véase J. A. Cid, "El Romancero tradicional en Asturias" (1991), pp. 190-192 y 211. Dado que la hermana de Ramón y Juan, Enriqueta Menéndez Pidal, tenía casa en Linares (Ribadesella) y que la familia tenía sus raíces en Pajares, las versiones de esos entornos tanto pueden haber sido recogidas in situ, durante estancias en Asturias, como acudiendo a la memoria de criadas que residían en Madrid en casa de algún miembro de la familia.

67. Véase D. Catalán y M. de la Campa, eds., Romancero general de León (1991; 2ª ed. 1995), I, pp. XV-XVI; en la p. CX de este mismo volumen se reproduce fotográficamente el original de una de estas versiones de Almanza.

68. Proceden de localidades de su entorno: Villarmuerto (la nodriza del hijo de Maldonado: Mariana Marcos; Consuelo Sánchez) y Villavieja.

69. Proceden de Pocilgas (hoy Buenavista) y fueron dichas por Polonia Pedreira. En RTLH, IV (1970), lámina frente a la p. 164, se reproduce fotográficamente una de estas versiones.

70. Proceden de Valdefuentes (María Cruz Sánchez y Sánchez).

71. Escrita por Ramón Reyes, el cochero de L. Maldonado; pero deriva de La Ilustración (aunque tiene música). Véase RTLH, VIII (1976), pp. 158-159 y RTLH, IV (1971-1972), pp. 225-226.

72. Dicha por Consuelo Domínguez.

73. Proceden de Diego Álvaro.

74. Las identifica sin citar los dos primeros octosílabos (como hacía María Goyri).

75. Algunas proceden de los mismos lugares e informantes: Villarmuerto (Consuelo Sánchez), Robliza (Ramón Reyes). Otra (de Los mozos de Monleón) fue recogida por Carlos Sánchez de Terrones de un ermitaño de Santa Rosa en San Marcos de Íñigo.

76. Es el recolector de la versión de Florida de Liébana.

77. Este médico de Villavieja (Salamanca) es quien recoge las versiones de esa localidad y de Encinasola.

78. Recogió, "de pastores y cabreros", las versiones de Diego Álvaro (Ávila) y Muñovela (Salamanca). Luis Maldonado el 23-XI-1901 remitió a Menéndez Pidal los "primeros cuatro" (deben ser cinco) romances de "Piedrahita y Muñovela" proporcionados por Pedro Antonio Martín Robles.

79. La versión de San Marcos de Íñigo citada en la n. 68.

80. Aunque en 1901 sólo contribuiría, vía Maldonado, con un "romance de pueblos" ("De Vilvestre es el buen vino"), más tarde, en torno a 1902, recogió unos curiosos textos extremeños de que luego hablaremos.

81. Descritas en las listas correspondientes de M. Goyri, 1901. Las segovianas se hallan publicadas en Romancero general de Segovia (1994), ed. R. Calvo, pp. 133-134 y 142-143. En la p. XCIII se reproduce en lámina, el original de una de ellas.

82. Reseñada por M. Goyri en el listado de "Romances andaluces" de 1901. Se trata de una curiosa versión de El cautivo del renegado + La hermana cautiva.

83. Son copias de romances publicados en Portugalia, I, por J. A. Tavares.

84. El hallazgo del romance noticiero sobre la muerte del heredero de los Reyes Católicos llevaría a María Goyri a escribir el artículo "Romance de la muerte del Príncipe don Juan (1497)", BHi, VI (1904), 29-37. Uno y otro romance han sido posteriormente objeto de preferente atención por parte de P. Bénichou, Creación poética en el Romancero tradicional, Madrid: Gredos, 1968, pp. 95-124 y pp. 160-184, y por parte mía: D. Catalán, Arte poética del Romancero oral (Madrid: Siglo XXI, 1997), Parte Iª, cap. II.7 y Parte IIª, cap. II.

85. No hay lista de romances de Galicia correspondiente a 1901. A continuación de la lista de romances de Armesto, Ramón Menéndez Pidal sólo inventaria: "«Señor don Gato» 1º Variante dada por Leira [en Chile, véase n. 166], 2º Impreso por Leite, copiado por G[arcí]a Plata". Ya hemos dicho que Bernardo Acevedo aún no le había remitido sus textos de Castelo de Frades.

86. La joven había ya sido encuestada el año anterior, 1901, por Juan Menéndez Pidal, a quien proporcionó una versión del romance de la Penitencia del rey Rodrigo para su monografía sobre las Leyendas del último rey godo (Notas e investigaciones). Nueva ed. corregida, Madrid: RABM, 1906, donde consigna el dato (Juan llama a la informante de Armesto "María Manuela Eva", de 18 años). En 1902, los romances (entre los que se incluye el de la Penitencia) fueron anotados en la primera recitación por Luis Menéndez Pidal; y en la segunda por Ramón Menéndez Pidal. Al hacer su listado, Ramón hizo constar: "Eran estos (1902)"; la precisión creo que deriva de que tenía conciencia de que la recitadora había sido interrogada anteriormente.

87. Dichas por Obdulia Marcos. Véase Romancero general de León, I, 1991, p. XVII. En la p. CX de Romancero general de León, I, 1991 (2ª ed., 1995) se reproduce fotográficamente el original de una de estas versiones.

88. Ello es seguro en el caso de las versiones dichas por Amalia Díez Cortina de Figaredo, ya que sobre una de sus versiones (de la Casada de lejas tierras) Ramón Menéndez Pidal anotó el texto del mismo romance que sabía Obdulia Marcos, natural de Valencia de don Juan (véase Romancero general de León, I, 1991 o 1995, p. XVII, nn. 18, 21). Las versiones que enumero fueron añadidas a la lista de "Romances asturianos" por Ramón en 1902, antes de incorporar a su colección ocho romances de corro remitidos por Braulio Vigón, quien los había publicado ya en su obra Juegos y rimas infantiles (1895).

89. Rosario hizo, sin duda, su recogida de romances, aprovechando su residencia veraniega en casa de Saturnino Fuentes y su hermana Enriqueta Menéndez Pidal en Linares (Ribadesella). Véase la lista que de estas versiones da J. A. Cid, "El Romancero tradicional en Asturias" (1991), I, p. 214, y su edición de las mismas.

90. Desde comienzo del siglo, Ramón y María encontraron en el desamortizado monasterio de El Paular, en el alto valle de El Lozoya, que era entonces un apartado rincón de la Sierra de Guadarrama, un lugar de veraneo apropiado a sus gustos montañeros.

91. En su Romancero hispánico (1973), vol. II, p. 295, donde parece considerar la experiencia en Atienza como ocurrida en el viaje de 1900. Las versiones de su colección recogidas en Atienza (un par de romances: La Condesita y La aparición) y en Almadrones, cerca de Sigüenza (tres, de tema devoto) son posteriores a 1901, según dejan ver las listas y el hecho de que no se refirieran a ellos en la carta a Menéndez Pelayo.

92. La "recitación recordatoria de versos" y el esquivar la obsequiosa colaboración de los letrados residentes en los pueblos y aldeas fueron para Menéndez Pidal dos dogmas que transmitió a cuantos siguieron sus enseñanzas recolectoras. Fue esa experiencia la que le llevó a promover la elaboración de manuales para el encuestador con comienzos de romances, referencias a la difusión conocida de los temas e instrucciones acerca de la necesidad de recoger con fidelidad lo dicho por los informantes.

93. Toulouse, Paris, Bordeaux, 1908, pp. II-VI.

94. Pese a esta laxitud que Ducamin confiesa, participó alguna vez en el trabajo de anotar los textos: como ha destacado Raquel Calvo, Romancero general de Segovia (1994), pp. XVIII-XIX, son de su mano seis versiones dichas por Casimira Gómez (80 a.) de Aldealuenga de Pedraza (Segovia), vecina de Rascafría, y de María Cristóbal García (28 a.), vecina de Alameda.

95. Las listas de las versiones recogidas en el Valle del Lozoya de naturales del mismo ponen de manifiesto una notoria escasez de romances tradicionales de asuntos profanos frente a una mayor abundancia de romances de tema religioso. Posiblemente esta desproporción se debiera a las circunstancias en que solía hacerse un uso colectivo de los cantos romancísticos: "En Rascafría se cantan los romances. Los cantan durante la Cuaresma, desde el Domingo de Piñata hasta Pascua de Resurrección, porque, como no se baila esos domingos, van a las eras lo mozos y las mozas y cantan los romances a la rueda, agarrados de la mano; y las mugeres, en invierno, cuando velan en casa de una vecina, cada una con su labor. Entre las canciones de rueda de Semana Santa y Cuaresma («Jueves Santo», La Verónica, Soledad de la Virgen, etc.) hay alguna tan poco edificante como «Si queréis saber, señores» (El cura y el molinero Andrés). «Esa se canta en Cuaresma», dicen. Otra ocasión de recitar es Navidad: «Camina la Virgen pura» y otros que son villancicos cultos o populares" (R.M.P.). Estas costumbres tenían amplia difusión en la cordillera central, según nos muestra una observación muy posterior, de Setiembre de 1931, referente a Hoyos del Espino (Ávila): "Cantan los romances durante la Cuaresma, ya que en esos días no pueden bailar. Los cantan formando un corro las mujeres (...)" (M.G.). Véase adelante, cap. IV, § 5.

96. En El Paular, donde ya en 1901 habían descubierto a la niña Inocencia y a la señora Aquilina, les dijo también romances la Justa. En Rascafría, Eusebia, "madre de la Mani y de la chiquilla lista", Tomás Huerta, Romualda M. Gil, Romualda Moreno, Elvira Redondo, Evarista Redondo, Jerónima Ramírez, Antolina y su chico Julio, Braulia Martín, María Marcos, Eleuterio, Micaela Isla, Margarita la del señor Gil Velasco el chistoso, Paco y Gregorio Fraile, María Sanz Trujillo, Teresa Ortiz (hija de "la Alicantina" Plácida Gil).

97. La señora Clementa (de 67 años), Felipa Ramírez, Vicenta González, Antonio Sanz, la señora María.

98. Cirilo García (41 años), "que los aprendió de su madre que tiene 72 años". A María Canencia ("de ojos ribeteados") "falta verla".

99. Según una hoja del cuaderno de excursiones de R. Menéndez Pidal salvada por M. Catalán del saqueo de la casa de Las Fuentecillas por los soldados "nacionales". Fue incorporada al cuaderno de excursiones de M. Catalán (hoy en paradero desconocido). Véase RTLH, IX (1978), p. 152, el relato de una excursión a Peñalara en que salen a colación las yeguas de Penacho y de la Justa y el propio Penacho.

100. Entrevistado, según dijimos, en 1901.

101. Josefa Nogales, vecina de Alameda (entrevistada, quizá, en Pinilla); Casimira Gómez y María Álvaro, vecinas de Rascafría; María Cristóbal, vecina de Alameda; Anselma Sancho y Eusebia Agraos, vecinas de Pinilla. Al pastor Basilio Bartolomé de Arcones sin duda lo abordó Menéndez Pidal en el Valle del Lozoya en agosto-setiembre de 1904 (en Romancero general de Segovia, 1993, se reproduce en lámina, p. XCI, el original de la lista en que figuran sus versiones). En RTLH, V (1971-72), entre las pp. 134 y 135 puede verse la reproducción fotográfica del original de una de las versiones procedentes de Arcones.

102. Residía en Alameda.

103. Era vecina de Rascafría.

104. Desde 1903 tenía ya la información de que "María la Cestera sabe mucho en Rascafría" y se había propuesto "Hablar con la Sª María la Cestera (valenciana de Castellón), con su marido y con Leonor hija de ellos".

105. Menéndez Pidal consideró a la madre testigo de la tradición de Elda, pero clasificó ya a la hija como informante de la tradición local.

106. En 1904 dijo 8 romances. Al siguiente año la volvió a entrevistar Menéndez Pidal: "los ocho romances que sabe la cestera María de Rascafría se los hice repetir después de un año y los repitió sin variantes" (sólo éstas: "entre ( sobre) las tres y las cuatro"; "al suelo cayó ( cayó al suelo) desmayada"; "que ellas solas van ( se irán) a casa"; "en el ( su) cuarto le ha metido". Una de las versiones de Las Useras recogida en 1904 se halla reproducida fotográficamente en lámina entre las pp. 40 y 41 de RTLH, XI (1977-78) y su música (transcrita por M. Manrique de Lara) en otra lámina contigua.

107. Según recuerda Menéndez Pidal en un apunte manuscrito.

108. J. Ducamin, Disciplines de clergie (1908), p. VII.

109. Señalo en cursiva las palabras que en el texto de Ducamin figuran en español.

110. Ducamin se detiene a recordar a Menéndez Pidal en su "Dedicace" cómo "une épidemie de coqueluche" mantenía alejada de El Paular a "Jimena, votre aînée (...) à Burgos, chez son oncle le gouverneur" [Juan Menéndez Pidal] y que la niña se hacía, sin embargo, presente gracias a un cilindro de cera del fonógrafo en el cual, con "une voix de trois ans, déjà forte", cantaba el romance de Don Bueso: "... que yo no soy mora ni fía de judía / soy una cristiana de nombre María", Disciplines de clergie (1908), pp. IV-V. Ramón Menéndez Pidal, en carta a sus hermanas dirigida a Ribadesella el día 7-IX-1904, alude a las circunstancias recordadas por Ducamin: "cuando venía yo de La Granja de despedir a un amigo francés Ducamin (...). Ya desapareció la Tosferina (...). Carmen [Gallardo] ya lleva tres niños muertos de la tos (...). El 15 iré a Burgos a recoger a Jimena, que ya es tiempo que la recobremos (...)".

111. No sabemos cómo logró sus primeros contactos. Quizá en la propia casa de su hermano o en la de Linares, a que hace referencia, dado que respecto a una de las mujeres que se los dictaron (Toribia Castrillo) señala el oficio: "lechera".

112. En cuatro ocasiones anotó las señas particulares de las recitadoras: "Calle de Fernán González 88" (Majencia Espinosa), "Fernán González 50" (Nieves Mendi), "frente a casa de Linares, Calle de Lavadores 2" (Toribia Castrillo), "Calle Pozo Seco 9" (Regina Castrillo). Pero, dado que a continuación anotó "ir a su casa, quedó en buscar" (Majencia, que dijo haber aprendido los romances de su madre), "ir a su casa, quedó en buscar y a su hermana Regina" (Toribia Castrillo), está claro que la entrevista inicial fue fuera de las casas citadas.

113. Informantes: Nieves Galindo, 15 a. (4 versiones), Mercedes (2 versiones), Nieves Mendi (3 versiones).

114. De Villímar: Toribia Castrillo (5 versiones) y Regina Castrillo (1 versión); de Quintanaortuño: Marcelina Valdivielso (1 versión); de Santa María de Rivarredonda: anónima (1 versión).

115. La madre de Majencia Espinosa, de 16 a., era de Sotillo de la Ribera (Soria). Las 7 versiones que dijo Majencia las había aprendido de ella.

116. Olmeda sólo incluía en las diversas secciones de su Cancionero tres romances profanos, La Infantina seguida de El Ateo (de Pradoluengo), Mes de Mayo (de Villanueva de Carezo) y La loba parda (de Cerezo de Río Tinto) y dos religiosos (de Pradoluengo y Los Balbases); de otros sólo daba los comienzos al pie de las melodías.

117. De algunos de ellos había publicado las melodías en su Cancionero.

118. Entre una mayoría de temas devotos (9 romances) consiguieron una versión de El conde Niño, otra de La mala suegra y otra de La loba parda (de Balbases).

119. Remitida en 1902 o 1903, la completó en un nuevo envío de 19 de marzo de 1904.

120. Quien unos años después publicaría su Folk-lore o Cancionero salmantino, Madrid: Imprenta Alemana, 1907.

121. Los datos que siguen, junto con otros, pueden leerse, en un contexto expositivo más completo, en El romancero tradicional extremeño. Las primeras colecciones (1809-1910). Ed. L. Casado de Otaola, bajo la dirección de D. Catalán, Mérida: Asamblea de Extremadura y Fundación Ramón Menéndez Pidal, 1995, pp. 28-46.

122. Se trataba de una versión de La molinera y el fraile.

123. Los sucesivos envíos se reflejan en las listas de María Goyri y Ramón Menéndez Pidal referentes a "Extremadura" escritas, progresivamente, desde 1902 a 1905. Sabemos, por alusiones de García Plata, que las versiones de Miajadas las obtuvo acompañado de Roso. En RTLH, VII (1975), entre las pp. 152 y 153 y RTLH, XI (1977-78), entre las pp. 40 y 41 se hallan unas láminas en que se reproducen dos textos tal como los remitía García Plata. Otros originales pueden verse en las láminas de las pp. 37 y 38 del Romancero tradicional extremeño, I (1995).

124. Él mismo le ponderaba a Menéndez Pidal: "Tengo más facilidades para recoger lo que haya que los señores desconocidos para los tíos y las tías, que desconfían generalmente de la buena fe de aquellos". Pero su familiaridad con esos tíos y tías no le abrió las puertas de la tradición que atesoraban.

125. La carta de Gabriel y Galán es en respuesta a la que el 15 de febrero de ese año le había escrito Menéndez Pidal y que fue publicada por Concha Arés Vidal y Enrique Rodríguez Cepeda, "Ramón Menéndez Pidal y José Mª Gabriel y Galán (cinco cartas inéditas de don Ramón sobre el Romancero", Homenaje universitario a Dámaso Alonso, ed. M. Hernández et al, Madrid: Gredos, pp. 161-170. En ella le invitaba a colaborar en su "Romancero popular recogido en toda España", explicándole: "Los romances que deseo son los tradicionales, que se aprenden de padres a hijos. No los de ciego, que se aprenden en los pliegos impresos" y trataba de orientarle en la labor copiándole algunos "comienzos de los más corrientes, que pueden servir a V. para refrescar la memoria de sus interlocutores" (cuatro octosílabos de Delgadina, y otros tantos de La condesita, Albaniña y La Virgen y el ciego). Le pedía que los apuntase "con fidelidad científica".

126. El nombre de Nicolás Izquierdo fue sugerido por Juan Sanguino (carta de 19-X-1903).

127. Véase D. Catalán, El español. Orígenes de su diversidad, Madrid: Paraninfo, 1989, pp. 105-118.

128. Como doña Gregoria explica (en carta sin fecha): "siestas, ay que adbertir, que no se da siesta a el trabajador hasta el 21 de Marzo, y merendilla asta el 15 de Abril, bolas en todo tiempo se dan cuatro: por la mañana, en el trayecto desde la era (como dicen ellas que echan mano a trabajar) asta las doce de el día se echan dos, siempre la más descaradilla dice es bola, y se sientan un rato a descansar; si son hombres se echan un cigarro y dura la bola mientras lo fuman, y las mujeres pasan el rato contando acertijos, cuentos o chascarrillos y otras beces recuerdan las canciones antiguas. Las siestas las dejan dos oras para comer, unas después se echan a dormir un rato y otras se ponen a acer picos. Picos se llama en este pueblo a acer puntillas al crochet y a la bez cantan. Merendillas, además de las dos bolas de la tarde, las dejan otro rato para comer un poco de pan y queso. Es lo que suelen merendar". El original de una versión de Doña Gregoria puede verse reproducido en Romancero tradicional extremeño, I (1995), p. 36. Según sus informaciones, los temas religiosos reemplazaban a los profanos en Cuaresma y Semana Santa: "Aquí se tiene costumbre por las noches los mozos ir cantando por las calles; mas por referencia de personas hancianas sé que ni en cuaresma ni semana Santa se cantaban las canciones ni cantares de ordinario, sí que se cantaba sólo cosas Santas (como ellos dicen), unos cantaban el berso y otros cantaban el estribillo, o mejor dicho la recaída" (en cabeza de la copia de la "Canción de Cuaresma").

129. D. Berjano, "Romances populares de la Sierra de Gata", Revista de Extremadura, L (Agosto 1903), pp. 337-349, con 13 romances.

130. "En favor del Romancero español", Revista de Extremadura, LII (octubre 1903), pp. 456-461.

131. Bejarano le envió directamente una versión de La bastarda y el segador y otra de El hijo póstumo, ambas de Belvís de Monroy, y publicó otras cinco en un artículo titulado "Romances y canciones", Revista de Extremadura, LIV (diciembre 1903), pp. 537-541.

132. "Diario de Tenerife", 29-I-1904.

133. Bethencourt, al transcribir los versos "ni me lo enramó Laureano ni Cabrera ni Pastor / que me lo enramó don Carlos hijo del Emperador", anotó respecto al último personaje "apodo que tuvo uno", convencido de haber encontrado un romance histórico de tema canario.

134. Véase D. Catalán, La flor de la marañuela, I, Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1969; 2ª ed. 1973, pp. 7-11 y 15-18. Aprovecho para corregir un error de imprenta en la reproducción del artículo periodístico de Menéndez Pidal: en la p. 16, omítase la línea 7, y substitúyase por lo aquí impreso entre corchetes: "Y tal arraigo parece tener en las Canarias [la poesía narrativa, que si en La Palma va desusándose aquel baile] perdura la cantiga".

135. Según hallamos, efectivamente, escrito sobre alguno de los envíos. Véase S. G. Armistead, El Romancero judeo-español (1978), I, p. 12, n. 24.

136. El romancero, según hemos recordado más arriba, fue un filón para algunos impresoras judeo-españoles que publicaron, en caracteres hebraicos, literatura de cordel en Salónica, Sofía, Jerusalén, etc., entre los que ocupa la posición más destacada Yacob Abraham Yoná, quien imprimió toda una serie de libricos desde 1897-97 en adelante. En Occidente, el romancero sefardí oriental fue tempranamente conocido desde que Abraham Danon, miembro de la Alliance Israelite Universelle de Constantinopla, publica su "Recueil de romances judéo-espagnoles chantées en Turquie", REJ, XXXII (1896), 102-123, 263- 275; XXXIII (1896), 122-139, 255-268 (con el que ya en 1904 Menéndez Pidal sostenía una activa correspondencia). También contribuyeron a su conocimiento la publicación por M. Menéndez Pelayo de la colección de Carlos Coello y Pacheco (en su Antología de poetas líricos castellanos, IX, 1900), el artículo de A. Galante (profesor del liceo imperial otomano de Rodas y anteriormente residente en Beirut y Esmirna), "Quatorze romances judéo-espagnols", en la RHi X (1903), 594-606 y la publicación por L. Wiener de 28 cantos recogidos en el verano de 1898 de boca de un maestro, residente en Belgrado, originario de Bosnia y de cantoras de profesión en las bodas de Sofía y Belgrado, "Songs of the Spanish Jews in the Balkan Peninsula", MPh, I (1903-1904), pp. 205-216 y 259-274.

137. Curiosamente, en el Archivo Menéndez Pidal hay dos listas de versiones judeo-españolas empezadas independientemente una de otra, una lleva el título "Romances judíos" y fue iniciada por María Goyri y continuada por Ramón Menéndez Pidal; otra, sin título, fue iniciada por Ramón Menéndez Pidal. Creo que ambas comienzan en el año 1904. Dentro de cada lista se pueden distinguir las sucesivas adiciones.

138. S. G. Armistead, El Romancero judeo-español (1978), vol. III, p. 82, sólo atribuye a Pulido el envío de los dos primeros, situándolo "antes de 1905 (?)". En el vol. I, p. 14, supone, con razón, que proceden de la tradición de Sarajevo.

139. María Goyri inventarió los primeramente citados al mismo tiempo que los reunidos en Mayo por M. Gañi, colocándolos delante, y Ramón Menéndez Pidal, en la otra lista, anotó el Virgilios de Berlín.

140. S. G. Armistead, El Romancero judeo-español (1978), excluye los dos primeros romances citados por el hecho de haber sido publicados por Pulido (cfr. vol. I, n. 26). El romance que Armistead (vol. III, p. 78) considera enviado con la carta del 30-V-1904, el de La malcasada del pastor, llegó posteriormente al Archivo, ya que Ramón Menéndez Pidal lo incorporó a la lista después de la llegada del primer texto remitido desde Lisboa por Benoliel. La carta del 30-V-1904 puede verse reproducida en una lámina del citado libro de S. G. Armistead. Gany creía posible la repatriación de los sefardíes: "vamos llegar al resultado de ver, parte de nuestros hermanos, repatriados. Seguro que muy pocos de esta generación y más muchos de nuestros ijos y nietos".

141. Los tres romances remitidos por Levy, Tarquino y Lucrecia, Quejas de Jimena, Diego León, fueron inventariados por Ramón Menéndez Pidal tras el Virgilios de Berlín (octubre de 1904), antes de los recibidos de Abravanel. En carta de J. Benoliel a R. Menéndez Pidal de 15 de noviembre de 1904, contestando a una pregunta de éste, dice: "No tengo presente a la memoria el Dr. Levy de quien me habla. ¿Le soy yo conocido?". Sobre la pérdida de esta colección, véase § 1 y n. 30.

142. Según muestra S. G. Armistead, El Romancero judeo-español (1978), I, pp. 13-14.

143. Armistead, indignado con Abravanel por ocultar el origen de sus textos, considera que "la colaboración de Abravanel acaba siendo, por lo tanto, totalmente decepcionante y sin utilidad alguna". No soy de su opinión, ya que, al enviar a Menéndez Pidal los textos de los libros de cordel, los puso en circulación fuera del ámbito a que estaban destinados y permitió a Menéndez Pidal ofrecer en su Catálogo de 1906-1907, que luego citaremos, una más completa muestra de lo que era la tradición judeo-española de Oriente, con el consiguiente beneficio para las investigaciones posteriores. Sólo a partir de los años 70, con la publicación científica de los libricos de cordel realizada por S. G. Armistead y J. H. Silverman, la información de Abravanel se hizo "decepcionante" e "inútil". Por otra parte la fecha, 1904, en que Abravanel comienza a remitir romances a Menéndez Pidal, y las de publicación de los livrikos de cordel que conocemos salidos de la estamparía de Yoná hacen posible pensar que quizá la relación entre las dos colecciones no sea tan simple como supone Armistead. Nada sabemos de las fuentes a que recurría el pobre combidador para contar con originales poéticos que imprimir. Al fin y al cabo, las buenas cantoras de la comunidad saloniquí de los primeros años del s. XX podían ser de todos conocidas.

144. Cartas de 15-V-1904 y 12-VI-1904.

145. En la primera lista de "Romances judíos" es la única versión que se cita, añadiendo como localización "Lisboa. ¿Marruecos?" Obviamente no habían llegado otras. Es el romance al que Benoliel llamó La hija del Cid.

146. Sólo conozco la existencia y contenido de esta carta por referencias posteriores a ella: su fecha consta en otra del día 7, en la cual se dice "Tuve el honor de responder antes de ayer a su estimada carta, y de remitirle algunos romances conforme me los pidió y tales como me los recordaba". En esta carta del día 7, Benoliel alude, como ya enviadas, a versiones distintas de la citada en la lista, pues dice que adjunta "dos otras versiones de dos que ha ya Vd. recibido y que intitulo: La hija del Cid [= La buena hija] y Destierro del Cid Campeador" y envía asimismo variantes a la ya remitida de las Quejas de Jimena.

147. Esto es, en el de las Quejas de Jimena ("Delante el rey de León"). S. G. Armistead ha reproducido fotográficamente esta carta del 7-VI-1904 en las láminas de El romancero judeo-español, 1978.

148. Según carta del 14-VI-1904, citada más adelante.

149. Conforme le explica detenidamente el 14-VI-1904, al tiempo que le anuncia: "Es posible que vaya en agosto o setiembre a Tánger. En ese caso podré hacer una cosecha bien considerable".

150. R. Menéndez Pidal, en correspondencia a sus envíos de romances, corregía a J. Benoliel el castellano de sus poesías y traducciones.

151. Según apunte de R. Menéndez Pidal sobre la carta, "son los romances de Vergilios y Amnón y Tamar y otro al respaldo". Este otro es una versión de la La rueda de la Fortuna. El papel utilizado lleva impreso: "Tanger, le... 190../ Note de marchandises comandées par Salomon Benoliel & Cie. de Tanger a Mesíeurs... de... ", que nos aclara la identidad del corresponsal colector de los textos.

152. Véase la nota siguiente.

153. Carta del 29-X-1905.

154. En el borrador de la carta, que es lo que conozco, había ensayado otra forma de entrarle al asunto: "Me pide V. alguna indicación y voy a permitirme hacerle alguna", frase iniciada de varias formas y finalmente tachada.

155. Hechas "en las que intitulé La Blanca y El Destierro del Cid como en algunos otros".

156. Consideraba que "todo esto se puede probar" comparando entre sí las dos versiones del Destierro del Cid enviadas y asimismo las dos de La mujer de Arnaldos que conocía (una aún no remitida).

157. "Es conveniente observar que las versiones varían indefinidamente entre los que aún cantan estos romances, pues difícil será encontrar dos que los canten del mismo modo de un extremo a otro" (14-VI-1904).

158. Entre los "enigmas" cita como ejemplo dos que creía haber resuelto: los incipit "En Castilla está una vieja, grande estrimición hacía" (Muerte del Duque de Gandía) y "Subisme a un alto cielo para escribir y notar / para tener en memoria lo que aconteció en Lisboa" (Doña Antonia de Lisboa), 5-VIII-1904.

159. Cfr. Armistead, El Romancero judeo-español (1978), I, p. 14. Benoliel siguió, no obstante, teniendo una concepción antológica de su colección por lo que continuó enviando romances lo más completos posible y, por lo tanto, anónimos, reconstruidos a base de recitaciones varias. Con posterioridad, sólo comunicaba a Menéndez Pidal versos que "faltaban" en los textos ya enviados. Dado que todos sus informantes eran representantes de una misma comunidad, la tangerí, la decisión de considerar todas las recitaciones de un romance representaciones de una sola versión no era nada absurda.

160. Benoliel, el 12-X-1904, explica bien que, en Menéndez Pelayo (vol. III, p. 357, l. 6), la lectura "Pase abajo Silvana" es errónea por "Paseábase Silvana" (romance ya enviado por él); protesta de la "mala versión" de Tamar y Amnón publicada, pues es romance "tan conocido en todo Marruecos que hasta las moritas lo cantan" y que se ignoren los muchos otros temas bíblicos de que los judíos cantan romances: "el sacrificio de Ysaac; el pasaje del mar Rojo; el Nacimiento y muerte de Moysés; la venta de Joseph y su historia toda, etc., etc."; y el 26-X-1904 corrige las faltosas lecturas de Danon "Un pujo tiene la condesa", explicando cómo debe leerse "Un fijo tiene la condesa" (El huérfano), "no sopi otro como ti" substituible por "no topí otro como tí", "alba y bicia graciosa", donde el desatinado "bicia" está por "mejía", esto es "mejilla". En cambio yerra Benoliel al querer corregir "Gritos daba la pava por aquel monte" substituyendo "pava" por "cava", ya que el verso está atestiguado desde antiguo, en G. de Correas (Vocabulario, 369a): "Bozes dava la pava i en aquel monte; / el pavón era nuevo i no la rresponde" (cfr. M. Frenk, Corpus de la antigua lírica popular hispánica: siglos XV a XVII, Madrid: Castalia, 1987, nº 505).

161. J. Pérez Villanueva, Ramón Menéndez Pidal (1991), p. 195.

162. Carta publicada por Pérez Villanueva, obra citada, p. 196. Como complemento de esas "redes" con que R. Menéndez Pidal pretendió obtener los deseados romances tradicionales, hizo imprimir un pliego de cuatro hojas, sin fecha, en la Imprenta Nacional de Quito con el título "Romances populares en América" con orientaciones para la recogida de romances de la tradición oral en que citaba los romances de que había dado noticia C. Bayo en un artículo sobre "La poesía popular en la América del Sur", RABM, VI (1902), 43-439 y los principios de los que consideraba más comunes en España. Véase A. Valenciano, "El Romancero tradicional en la América de habla hispana", Anales de la literatura hispanoamericana, XXI (1992), 145-163. Según "El Tiempo" de Lima (20-III-1905) "la circular del Sr. Menéndez sobre el Romancero Español" fue publicada, asimismo, como artículo, en "La Linterna", de Quito; "El Tiempo" la reprodujo, recomendando su lectura y solicitando de aquellos que "se interesan por las letras americanas" que coadyuven a la realización del "Romancero Español que dé cabida preferente a los romances populares de la América" "que se propone el señor Menéndez".

163. A. Lago Carballo, "Menéndez Pidal, viajero por América en 1905", Cuadernos Hispanoamericanos, nº 464 (febr. 1989), 7-22, ha hecho una crónica del viaje y dado a conocer algunos de los apuntes e impresiones que sacó Ramón Menéndez Pidal en su visita a los diversos países. En una papeleta, escrita tiempo después, Menéndez Pidal anotó: "Acepté en la inteligencia de que mi misión era escribir una memoria histórica sobre el asunto. Luego, al acercarme a Guayaquil, hubo aviso de que yo iba, noté la aparatosidad que daban a mi viaje. Luego, tuve que soportar acompañante militar en mi viaje a Quito, banquete diario hasta en las etapas de viaje, discurso diario, fiesta continua, ser huésped del Estado, recepciones y bailes, que al pasar por los cuarteles me presenten armas, no sé si asistir o pasar revista a tropas".

164. R. Menéndez Pidal, "Los romances tradicionales de América", Cultura Española, I (febrero 1906), pp. 72-111, en la p. 9. En la sesión del 27-III-1905 del Ateneo, aparte de que se acordara "compilar en un folleto los trabajos literarios leídos en la velada de la Exposición celebrada en honor del Excmo. señor Menéndez Pidal", las gestiones en pro de la recolección de romances vinieron a parar en que "Los señores Palma, Riva Agüero y Romero, fueron designados para emitir un informe sobre los romances históricos nacionales, que el señor Menéndez Pidal solicita" ("Opinión Nacional", 28-III-1905). Los interlocutores de Menéndez Pidal no tenían una idea muy clara de lo que era la poesía popular. Sirva de ejemplo el intento de colaboración de Manuel A. de San Juan, del "Ministerio de Relaciones Exteriores", que le adjuntó, en carta del 31-III-1905, "algunas canciones enteramente populares, puesto que las canta mi cocinera", del siguiente tenor: "Es una historia infeliz / que con dulce y tierna voz / una mañana al morir / entonaba un ruiseñor: / Hubo en el campo una alondra / con tres hijos en su hogar / que saludaba a la aurora / con dulcísimo cantar (...)", etc.

165. Que ofrecía "Sopa de Camarones, Consommé, Corbina salsa Pickles, Sesos a la Milanesa o Salsa Tomates, Pollona a la Catalana, Pastel a la Inglesa, Papas de Apio, Porotos Caballeros, Ensalada, Roast-beef, Duraznos al jugo, Buñuelos, Café o Té".

166. Informante: "Guillermo Leyra Roquer, Estando de Cónsul en Valparaíso, abril 1905".

167. La versión que le proporcionó Cannobio, junto con otras peninsulares del mismo romance, dio pie a la redacción del trabajo de R. Menéndez Pidal, "Sobre los orígenes de El convidado de piedra", Cultura Española, II (1906), 449-459.

168. El 2-IX-1906 Menéndez Pidal escribió a Cannobio "para que me envíe las dos versiones que anuncia o la publicación donde las dé a luz". Pero en 1909 no habían llegado a sus manos, ya que entre las 76 versiones chilenas que entonces inventarió sólo una era ajena a la colección remitida por Vicuña, la entregada en Santiago por Cannobio.

169. Pese a la reproducción de la "Circular a los folkloristas americanos" remitida por don Ramón en "Las Últimas Noticias" de Santiago de Chile, el 1-IV-1905 y al Ensayo de programa para estudios del folklore chileno presentado a la Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile en la sesión del 9 de julio de 1905 y publicado por R. Lenz, Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1905, en el que figuraban en primer lugar (A.1) los "Romances, corridos, cuentos en versos".

170. Cultura Española, I, pp. 78-94. Vicuña se carteaba con Menéndez Pidal desde 29-VIII-1904 y el 23 de Octubre de ese año Menéndez Pidal ya le pidió romances.

171. En 1909, de las 84 versiones de romances de la tradición americana que R. Menéndez Pidal tenía ya en su Archivo, 76 eran chilenas, y, de ellas, 75 se debían a las pesquisas y envíos de Vicuña Cifuentes. En RTLH, XI (1977-78), frente a la p. 153, se reproduce en lámina uno de los textos remitidos por Vicuña.

172. Santiago de Chile: Imprenta Barcelona, 1912.

173. "Seis de ellos me fueron dictados por mi peluquero Toribio Alonso". Alonso, de 27 años, los aprendió de su tía Ruperta Alonso, de c. 50 a., "que vive todavía en Siete Iglesias [Valladolid], y que es un pozo de romances" (carta de Vicuña Cifuentes de 16-IX-1906). Menéndez Pidal inventarió los siete romances dichos por Toribio como de Siete Iglesias en sus listas de versiones de "Valladolid". Otros dos romances los oyó Vicuña a "un asturiano".

174. Cultura Española, I, pp. 100-104.

175. Cultura Española, I, pp. 107-108.

176. Las poesías romancescas que le comunicó "el viajero español" Ciro Bayo y que Menéndez Pidal se creyó obligado a incluir en su trabajo de Cultura Española, I, pp. 104-106 y 108-111, son creaciones de un poeta no popular, que para nada interesan al estudio del romancero tradicional. Ciro Bayo había anteriormente publicado, según arriba notamos (n. 158), tres textos realmente tradicionales: una versión de Las señas del marido (é) de Tucumán (Argentina), otra del Conde Niño de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y una adaptación de No me entierren en sagrado.

177. Se trataba del trabajo de J. Benoliel, "Endecha de los judíos españoles de Tánger", RABM, IX, 1905, 128-133.

178. Es extraño, pero no los hallo inventariados en las listas de Madrid.

179. Según R. Menéndez Pidal recordará, tiempo después, en Cómo vivió y cómo vive el Romancero (1945); puede verse en la reed. de Estudios sobre el Romancero (1973), pp. 432-433. Don Manuel Manrique de Lara y Berri era entonces, profesionalmente, Capitán de Infantería de Marina y, según su hoja de servicios (que citaremos más adelante, cap. III), se hallaba en aquellos años en situación de "Excedente" en Madrid.

180. Según comunicó a Ramón en la carta que escribía acerca de ese día.

181. En RTLH, XI (1977-1978) se reproduce fotográficamente, en lámina entre las pp. 40 y 41, el original de dos transcripciones musicales de Manrique de Lara de romances grabados en los cilindros de cera del fonógrafo.

182. Pueden hoy leerse editadas en el Romancero tradicional extremeño, I (1995).

183. Los romances pueden verse editados en El romancero tradicional extremeño, I (1995). La contribución dialectológica de Izquierdo fue más rica que la romancística.

184. A continuación, le discutía que el romance de la "Muerte del rey de Salamanca, sea D. Juan D. Pedro o quien quiera" pudiera ser relativo a la Muerte del príncipe don Juan (1497), "insisto en que es conveniente no olvidar, lo que una vez le dije, que las judías de Marruecos parecen haber recibido este romance de tradición anterior a la expulsión".

185. Sólo conozco un fragmento de esta larga carta. En otra del 18 de Noviembre aún creía que el "Pidal" nombrado Director de la Academia podía ser Ramón Menéndez Pidal; en la carta que ahora cito se daba por enterado de que era "su Excmo. sr. tío" [Alejandro Pidal].

186. Las versiones remitidas por J. Benoliel fueron inventariadas en siete páginas por María Goyri y Ramón Menéndez Pidal. No se hizo este inventario atendiendo al orden de recepción de los textos. Sobre la contribución de J. Benoliel al Archivo del Romancero de Menéndez Pidal véase S. G. Armistead, El Romancero judeo-español (1978), I, pp. 15-18; III, pp. 78-82. Armistead reproduce en una lámina el comienzo del original de la única versión judeo-española conocida de La enamorada de un muerto (que ya había sido publicado en El romancero en la tradición oral moderna, 1972, lámina frente a la p. 26), romance que estudié en Por campos del Romancero, Madrid: Gredos, 1970, cap. VII, pp. 189-227. En RTLH, III (1969), frente a la p. 152, puede verse otro original de Benoliel de un romance raro en Marruecos: Dirlos.

187. Este dato adicional figura en la siguiente carta.

188. La fecha de la carta de Abachary y la frase citada constan en un apunte de R. Menéndez Pidal y las versiones fueron añadidas a la lista citada en la n. 132 por el propio Menéndez Pidal. Esta carta ha sido reproducida por S. G. Armistead en las láminas de El Romancero judeo-español (1978). En otra carta, del 28-IX-190., le remitió varios textos religiosos ("Con la presente me permetto mandar a Vd. 3 cantigas que uzamos en Sabat, creo que le enteresarán a Vd.").

189. Según lista contemporánea. En RTLH, IV, en lámina frente a la p. 152, se reproduce fotográficamente el original de una de las versiones anotadas por R. Menéndez Pidal en aquella ocasión.

190. Sobre el "baile de tres" en la corte valenciana de doña Germana de Foix y de su marido el Duque de Gandía (1530) y sobre "el cruzado de a tres", acerca del cual bromea Lope de Vega, véase R. Menéndez Pidal, Cómo vivió y cómo vive el Romancero, reed. en Estudios sobre el Romancero (1973), p. 494.

191. Según información recogida por R. Menéndez Pidal en su Romancero hispánico (1953), II, p. 298 "hacia 1850, cuando los marqueses de Las Navas visitaron su villa, se bailó el baile de tres, cantando el romance de Gerineldo, lo mismo que en 1905". Cuando en agosto de 1947 recogí yo en Las Navas romances, el de Gerineldo seguía siendo cantado en el "baile de tres" y también cuando en el curso de otra excursión serrana en agosto de 1970 volví a recogerlo cantado "por una mujer que fue a bailar el baile de tres a Ávila, donde ganaron un premio, hacia 1950" (RTLH, VII, 1975, pp. 118-123).

192. Una reproducción fotográfica del original de la transcripción musical de Manrique de Lara y del apunte de R. Menéndez Pidal puede verse publicada en tres láms. adjuntas a la p. 360 del RTLH, VIII (1977). Manrique anotó también otras músicas de los romances aquel día recolectados.

193. Sobre este apunte manuscrito redactó R. Menéndez Pidal una descripción, más literaria, del baile, que publicó en Cómo vivió y cómo vive el Romancero, Valencia, 1945, pp. 71-75; reed. en Estudios sobre el Romancero, Madrid, 1973, pp. 432-435.

194. Ya en Cultura española, I (Febrero 1906), p. 94, R. Menéndez Pidal consignaba, de pasada: "(...) D. Manuel Manrique de Lara, que está estudiando la música del romancero antiguo y moderno (...)", y publicaba una melodía de El villano vil recogida por Manrique.

195. María Goyri hizo una lista de las versiones de "Manrique de Lara" que abarca conjuntamente las versiones de Murcia y las de Albacete. Las tres versiones que proceden de "Albacete" las dijo Loreto Segura, de 22 a., pero Manrique las sitúa unas en San Juan de Alcaraz y otra en Riopar (Manrique las recogió en un viaje conexionado en alguna manera con la "Compañía Metalúrgica de San Juan de Alcaraz", con sede en Riopar, cuyo papel timbrado utiliza para anotar varias de las versiones).

196. Cinco versiones dichas por "Amparito" (cfr. atrás, n. 56).

197. Los informantes procedían, en varios casos, de pueblos comarcanos. Sobre esta recolección véase Romancero general de Segovia. Antología [1880]-1992, preparada por R. Calvo con la supervisión de D. Catalán, Segovia: Diputación Provincial y Seminario Menéndez Pidal, 1993, pp. XXI-XXIX y láminas en las pp. XCI-XCII (con reproducción de las listas). De 1906 son, sin duda, ya tres romances de Santiuste de San Juan Bautista que María Goyri y Ramón Menéndez Pidal anotaron personalmente (y que en el citado Romancero, pp. XXIX-XXX, van sin fecha). En RTLH, IX (1978), frente a la p. 259, se reproduce fotográficamente una de las versiones anotadas en Riaza por María Goyri, en la que Ramón Menéndez Pidal interlineó variantes, y en RTLH, IV (1971) una de las anotadas en Sepúlveda por María Goyri. Los originales de otras dos versiones de Riaza anotadas una por Ramón Menéndez Pidal y otra por María Goyri se reproducen en lámina en las pp. XCIV y XCV del Romancero general de Segovia (1993).

198. Que Ramón Menéndez Pidal identificó en una lista de "Albacete" una por una.

199. Varios romances decían las informantes haberlos aprendido, bien "mondando rosa", esto es sacando los estambres de la "rosa", bien en las cuadrillas de "roseras" o recolectoras del azafrán.

200. Una de Silvana, otra de Blancaflor y Filomena, y otras dos religiosas: Santa Catalina, en castellano, y "Demá es diumenche, diumenche", de Pasión, en catalán.

201. Estas versiones de Albacete fueron inventariadas por María Goyri a continuación de las de 1905.

202. Carta, desde Ainsa, del 1-XI-1907 a Menéndez Pidal.

203. Según lista, de mano de María Goyri.

204. Según se hizo constar en las listas particulares de esas provincias por María Goyri.

205. Véase A. Blánquez Fraile, "Límites del dialecto leonés occidental en Alcañices, Puebla de Sanabria y La Bañeza", en Junta para Ampliación de Estudios. Memoria correspondiente al año 1907, Madrid, 1908.

206. Fueron inventariadas por María Goyri.

207. Figuran descritas y fechadas en lista de R. Menéndez Pidal. Parece proceder de un envío anterior otra versión que fue añadida a la lista de Segovia 1904 por M. Goyri.

208. La versión de La muerte del maestre de Santiago de Cantalejo, 1908 no aparece en los inventarios. Una reproducción fotográfica de esta versión puede verse en Romancero general de Segovia (1993), p. XCVI (lám. 7). La mano que escribió las otras tres de Cantalejo y las de Casla es distinta de la de 1907.

209. Fue autor de un pequeño libro: De la Ribera del Orbigo. Cuentos en dialecto leonés, s. l., 1907.

210. ¿Le habría enviado previamente los ya recogidos? No tenemos noticia de ello. En el Romancero general de León (1991 y 1995), pp. XV-XXIV, entre las 168 versiones que de la provincia habían logrado reunir Ramón Menéndez Pidal y María Goyri en 1909, no se identifican las que Álvarez Bardón venía recogiendo. ¿Procederían de Álvarez Bardón algunas de las que se consideran recogidas por Blánquez en La Bañeza?, ¿o es que Álvarez Bardón esperaba reunir más textos antes de hacer envío de ellos a Menéndez Pidal?

211. En referencia a González.

212. Detallo los temas en Romancero general de León (1991 y 1995), I, pp. XIX-XX. En la p. CXIII de esta obra se reproduce fotográficamente uno de los originales de José González; otro original se halla reproducido en RTLH, X (1977-78), en lámina frente a la p. 193.

213. Las listas y versiones sólo se refieren al colector como "alumno Saavedra". La identificación, según L. Casado de Otaola, El Romancero tradicional extremeño (1995), p. 45, n. 58.

214. Según ha hecho notar L. Casado, El romancero tradicional extremeño (1995), p. 45, no todas las versiones remitidas por Pedro Llinás procedían de su recolección. De hecho, dos de ellas fueron copiadas de El Folk-Lore Frexnense y una ni siquiera procede de Extremadura (La hermana cautiva con el incipit "Caminaba don Bueso").

215. Posiblemente oídas en Badajoz capital.

216. En RTLH, VI (1975), entre las pp. 136 y 137, puede verse la reproducción fotográfica de un original de las versiones recogidas en San Martín de Humada por Martínez Burgos. Con anterioridad a Martínez Burgos, Rodrigo Sebastián remitió en 1905 un romance religioso de Barbadillo.

217. La esposa de don García, La Infantina, La novia del Conde de Alba, etc.

218. Aunque los datos del Archivo resultan, a primera vista, confusos, creo que todas las versiones recogidas por Manrique en el Norte de Burgos las dijo la misma "Felisa", de "19 años", apellidada "Fuente Miguel", en "Humada" y que la joven era natural "de Villamartín de Villadiego".

219. Recogidas en 1906 al tiempo que las de Humada. Alguna se conserva en original de mano de persona poco versada en ortografía.

220. Las he descrito en Romancero general de León, I (1991 y 1995), pp. XVIII-XIX. La informante se llamaba Consuelo Vega Fernández. En la p. CXII de esta obra se reproduce fotográficamente una de estas versiones.

221. En una lista dedicada a "Navarra", Ramón Menéndez Pidal enumera como de "Pamplona" las "17 de Lecumberri". A continuación, añadió posteriormente las de Marcilla (3) y Artajona (1). Y, más tarde, las dos de Modesto Lafuente de "Pamplona", junto con las tres de "Manrique de Lara" que sabemos son de 1906.

222. En las listas anteriores no se incluían versiones de Santander. El texto arriba citado (n. 26) copiado por Florencio Janer se inventarió aquí, encabezando las versiones de Lomba, con la advertencia "colector Amador de los Ríos".

223. Que figuran en dos listas de mano de Menéndez Pidal.

224. Según una nota, de mano de Ramón Menéndez Pidal, sacada de una carta de Rubió y Lluch, del 29 de julio de 1906, en que "copia un párrafo de Lomba que está recogiendo romances en Santander y que yo le ofrezco enviarle el fonógrafo".

225. Francisco Alonso, de 25 años.

226. Narciso Alonso A. Cortés. Catedrático. Romances populares de Castilla, recogidos por, Valladolid: Imprenta de Eduardo Sáenz, 1906.

227. Se trata de una versión de Gerineldo y de dos romances devotos.

228. No figuran en sus Romances populares. Posiblemente son posteriores, de 1908 o 1909. Son romances de escaso valor.

229. Publicadas, respectivamente, en las pp. 216-217, 227 y 303, y en la p. 313 de Romancero tradicional extremeño, I, ed. L. Casado (1995). De fecha incierta (no parece figurar en las listas) es la versión de otro niño mendigo, Manuel Méndez Bonilla, de Guijo de Coria, dada a conocer en Demosofía Extremeña, Cáceres, 1917, pp. 82-83.

230. El romance es una versión de La cabrera devota elevada al cielo y la niña se llamaba Consuelo Sánchez. Fue incluida, a pesar del origen de la cantora, en el Romancero tradicional extremeño, I (1995), pp. 311-312.

231. El 31-X-1903 Roso aún no había logrado reunir nada. Después (según vimos más arriba, n. 113), proporcionó algunos textos de Miajadas a García-Plata, quien los envió con los suyos a Menéndez Pidal. Ahora, en 1906, Roso hizo llegar a Menéndez Pidal cinco versiones de Miajadas y dos de Cañamero (inventariadas por el propio don Ramón, a continuación de las de García Plata, atribuyéndolas a Roso). El original de uno de estos romances puede verse, reproducido fotográficamente, en Romancero tradicional extremeño I (1995). Otro corresponsal de Jaraicejo, J. Pérez Torres, remitió una sola versión.

232. Publico este texto en el cap. III, "El mito se hace historia. El romance y la herencia baladística", § 3, de Arte poética del Romancero oral, II: Memoria, invención, artificio. Madrid: Siglo XXI, 1997.

233. En 1905 Jenaro Ramos Hernández envió 5 + 1 versiones. Entre Marzo y Mayo de 1906 envió un Gerineldo aprendido en pliego suelto y varias versiones tradicionales dichas por "La Jermosa", su hija Petra y una sobrina. Y, según el listado de R. Menéndez Pidal, en 1907 otras cinco versiones. Echo en falta en la edición de El romancero tradicional extremeño (1995), en que se publican, la versión de la Adúltera con un gato (con el incipit "Levántome, madre mía"), dicha por Juana León, de Torrejoncillo, recogida por Ramos en 1907. Tampoco se edita (sin duda por su carácter lírico) el texto que en los inventarios se identifica con el incipit "No te acuerdas, zagalita". Tiene, sin embargo, interés para el Romancero ya que en varias versiones extremeñas del tema el poema acaba con versos procedentes del romance trovadoresco Gritando va el caballero. Véase D. Catalán, Arte poética del romancero oral, Parte I, cap. XII, § 3.

234. En 1906 envió a Menéndez Pidal seis versiones tradicionales de Casas de Millán y un texto de El corregidor y la molinera (no romance) de Hinojal. Al año siguiente completó la colección de Casas de Millán con otras 18 versiones. Quizá enviase algún que otro texto con posterioridad, ya que no figuran algunas de sus versiones en los inventarios. Pueden hoy leerse todas ellas en El Romancero tradicional extremeño, I (1995). En esta misma publicación, p. 40, puede verse el original de una de las versiones remitidas por Gerardo Jaime Núñez.

235. Según consta en el correspondiente inventario.

236. En efecto, empieza así su carta: "Mi querido amigo. Como decíamos ayer... Y aquí viene que ni hecha de encargo la célebre frase del insigne maestro de Salamanca, no sólo por lo que tiene de oportuno para reanudar una correspondencia largamente interrumpida, sino porque en este caso exprime mis más íntimos sentimientos, pues considero el tiempo transcurrido como un paréntesis que no ha alcanzado á estorbar siquiera la continuidad de nuestras buenas relaciones".

237. "Así lo llamo yo" había advertido anteriormente en su carta al tiempo dedicado exclusivamente a los negocios, "bregando sin descanso y sin faltar á lo que á mí mismo me había prometido".

238. A continuación comenta el hallazgo de temas que no ha logrado recoger en forma de romances y que le han aparecido en otros géneros folklóricos (cuento, zamacueca).

239. R. Menéndez Pidal, Romancero hispánico (1958), I, p. 345, enumera cinco versiones remitidas por Rodríguez del Busto y tres por Gómez Restrepo. No recordó el envío de Ambrosetti. Todas ellas pertenecen al Romancero que suelen cantar las niñas en cualquier ciudad de España o Sudamérica.

240. R. Menéndez Pidal, Romancero hispánico (1958), vol. I, p. 346.

241. Sobre la evidente manipulación de los textos a fin de "americanizar" los temas tratados, véase D. Catalán et al, Teoría general y metodología del Romancero Pan-hispánico (1984), p. 31.

242. Fabo da como cantores a artesanos, campesinos y obreros; y, en carta a Menéndez Pidal del 16 de noviembre de 1908, se disculpa de "no haber recogido sino dos romances que pueden serle útiles, los cuales adjunto" y le asegura que "si llego a cazar al vuelo alguno más, buen cuidado tendré de ponerlos a su disposición". Pero la sistemática "americanización", en las versiones remitidas, tanto de textos del romancero "artístico" publicados en el Romancero General de Durán, como de romances tradicionales modernos del Norte de España publicados por Menéndez Pelayo en su Antología, no deja lugar a duda de que los amaños son obra de eruditos, no de los supuestos cantores populares. En RTLH, XI (1977-78), entre las pp. 120 y 121, se reproducen en fotografía unas cartas de Fabo relacionadas con el romancero.

243. "Monsieur Schädel a eu l'obligeance de me communiquer votre adresse et je m'empresse de vous écrire ces quelques lignes pour me présenter à vous comme votre collaborateur pour l'Espagnol d'Orient. / Je dois avouer que je me souis occupé très peu jusqu'à présent du Ladino: mes études romanes s'étant limitées au sarde (...)". Sólo en 1909 aparecerían sus trabajos "Los judíos de Levante. Kritischer Rückblick bis 1907" (RDialR, I, 1909, 470-506) y "Los judíos españoles de Oriente y su lengua. Una reseña general" (DDR, I, 1909, 53-63).

244. En el inventario de "romances judíos", María Goyri sólo añadió al fin los textos de "Conde Amadí. Adrianópolis (Wagner) y Una zagala vi. Constantinopla (id.)"; pero las dos versiones de "La reina de Fransia tres ias tenia" de Adrianópolis y "El rei de Françia tres ias tenia" de Constantinopla, así como las coplas líricas, son parte del mismo envío. S. G. Armistead, en las láminas de El romancero judeo-español (1978) reprodujo el original de la versión de Adrianópolis de Las señas del marido (í).

245. Las restantes versiones remitidas a R. Menéndez Pidal por Max Leopold Wagner no deben fecharse, como creía S. G. Armistead (El romancero judeo-español, III, pp. 84-85), en este año de 1908; son posteriores al inventario de Octubre de 1909 ya que no se computan en él. Además se distinguen claramente por el papel empleado y porque van numeradas consecutivamente.

246. Traduzco del portugués. En la carta hacía alusión al porqué de sus escasas esperanzas: "Leite de Vasconcellos prometeu vesitar-me aqui. Dar-lhe-hei novo asalto por causa dos Romances. Julgo todavia que sem resultado. Ele tenciona refazer as Tradiçoes sobre um plano novo --para o qual quer reservar todos os materiaes folkloricos--. Primeiro quer publicar contudo o Vol. III das Religiões-- uma biografia de Storck e não sei quanto mais. Instarei para reproduzir os textos na Rev[ista] Lus[itana] -- sem commentários".

247. La invitación de la John's Hopkins había sido iniciativa de C. Carroll Marden. Las "Turnbull lectures" de Menéndez Pidal serían publicadas en el libro L'epopée castillane à travers la littérature espagnole, Paris, 1910.

248. Por iniciativa de J. D. Fitz-Gerald.

249. Apuntes escritos en el verso de una tarjeta de visita de Milwitzky.

250. En Rodas trató a Abraham Galante. Se quejaba, al parecer de que "le robó L. Wiener" algunos de los romances por él recogidos.

251. "Morel le ofreció publicar los textos judíos (...) en la Ecole des Hautes Etudes. Si no puede, le ofrecí yo hacer algo en la Junta [para Ampliación de Estudios]".

252. "Me dio romances cubanos y me ofreció más romances cubanos, escribir a un ex-senador cubano en España que el conoce en Cuba".

253. "Me ofreció nombre de judío a quien enviar el fonógrafo y la bibliografía de Romances judíos impresos en tipos hebreos, que conoce varios".

254. Han sido descritas y publicadas por J. A. Cid, "El romancero tradicional en Asturias" (1991). En RTLH, X (1977-78), entre las pp. 216-217, se reproducen originales de dos versiones recogidas en Sorriego y Veneros por Ramón Menéndez Pidal. Curiosamente, Ramón Menéndez Pidal fechó esta última, dicha por Irene Simón en "Ag[osto de] 1904" (con rasgos caligráficos que no permiten otra lectura).

255. Véase Romancero general de León, I (1991 y 1995), p. XXI. Pero creo que no pasó por Lario (ay. Valdeburón) contra lo que en esta página se supone basándose en un pasaje de R. Menéndez Pidal, Romancero hispánico (1953), cap. XXI, § 2 (cfr. adelante, cap. IV, § 5).

256. Describí las versiones recogidas en Sajambre en Romancero general de León, I (1991 y 1995), pp. XXI-XXIII. En la p. CXVI de esta obra se reproduce el original, de mano de María Goyri, de una de las versiones recogidas el 2 de Setiembre de 1909 de una informante de Soto de Sajambre, con variantes de otras recitadoras de Vierdes.

257. Cita por extenso la versión tradicional de El conde Dirlos de Posada de Valdeón dicha por Gregoria Alonso el 3 o el 4 de Setiembre de 1909. El original de esta versión puede verse reproducido en RTLH, III (1969), frente a la p. 153.

258. En el Inventario consta como propósito: "para la conferencia de Nueva York".

259. Las versiones remitidas por Lomba eran, en verdad, 65 (en su cómputo, Menéndez Pidal no tuvo en cuenta sino las "entradas" anotadas en el inventario, dejando de lado el que en una entrada se consignaran dos, tres o hasta cuatro textos; en cambio atribuyó a Lomba la versión de Janer que encabezaba las listas de Santander).

260. En realidad, poseía ya 69.

261. Eran, sin duda, algunas pocas más, ya que en los inventarios falta alguna que otra procedente indudablemente de esos años.

262. Las dos conferencias, "El Romancero: sus orígenes y carácter" y "El Romancero: Su transmisión a la época moderna", fueron publicadas con el título El romancero español. Conferencias dadas en la Columbia University de New York los días 5 y 7 de abril de 1909, New York: The Hispanic Society of America, 1910. Han sido reimpresas en Estudios sobre el Romancero, Madrid: Espasa-Calpe, 1973, pp. 11-84.

263. El romancero español. Conferencias (1910), pp. 129-130.

264. M. Goyri, "Romances que deben buscarse en la tradición oral", RABM, X (1906), 374-386 y XI (1907), 24-36, y en tirada aparte, fechada en Madrid: Tipografía de la RABM, 1907 (34 pp.).

265. Según hago ver, pormenorizadamente, en Romancero general de León (1991 y 1995), pp. XXXI-XXXII.

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