Salvador Fernández Ramírez (1896 - 1983)

- Archivo Gramatical de la Lengua Española (AGLE)

Prólogo a la Primera Edición del AGLE, por José Antonio Millán

Lo que tienes, lector, ante los ojos ya recorras con ellos la pantalla, o ya (más improbable) lo leas sobre blanco papel, ha debido seguir un largo camino hasta encontrarte.

Hace más de sesenta años el gramático español Salvador Fernández Ramírez (1896-1983) comenzó a recopilar en fichas que él llamó cédulas todo un conjunto de fenómenos de la lengua con la intención de que le sirvieran de corpus para la confección de la gramática que planeaba. A su muerte sólo había aparecido un volumen de la Gramática española, quedando los restantes en distintos estadios de elaboración. Cuatro más fueron viendo la luz, hasta completar la edición de la obra gramatical de don Salvador; sin embargo, los materiales brutos que la alimentaron, el riquísimo fichero que él había formado durante casi cuarenta años, aún podía ser de utilidad.

El Archivo es un trasunto de la mente gramatical de su creador: un inmenso caudal de lecturas (e incluso observaciones de la lengua oral) que se fue depositando, ordenadamente, y a veces con comentarios, en setenta y cinco cajas de cartón. El resultado es una muestra considerable de la lengua española del Poema del Cid a la prensa contemporánea, de la literatura hispanoamericana a un comentario oído en el autobús refractada y ordenada por el criterio de nuestro mayor gramático.

En mayo de 1987 dos miembros del actual equipo editorial (Bosque y Millán) concibieron el proyecto de la edición íntegra y electrónica del fichero. La búsqueda de la institución que pudiera acogerla fue laboriosa pero por el camino se fueron aclarando la magnitud de la tarea, el interés de la obra y los principios generales que deberían regir su edición. Varios años y tres instituciones más tarde, el Archivo ha encontrado su lugar natural en el Instituto Cervantes, en cuya Área académica se integra.

Dos palabras sólo sobre la edición en soporte electrónico. Aunque esta era tecnológica y tecnolátrica tiende a olvidarlo, no ha hecho falta la informática para que a lo largo de muchos siglos se llevaran a cabo toda una serie de tareas complejas: el desarrollo de la bomba atómica y las concordancias de la Biblia (por poner dos ejemplos extremos) se realizaron prácticamente con papel y lápiz. Probablemente don Salvador habría tenido una tarea más cómoda de haberla desarrollado en estos tiempos de ordenadores, pero nada le habría evitado, mientras repasaba La corte de los milagros, reparar en la frase «pasó del camarín a la vecina saleta» y clasificarla bajo la categoría «La preposición» dentro de «Otras formas prepositivas» dentro de «Correlación de preposiciones» dentro de «De... a...». A propósito: don Salvador interrumpió la lectura de esta obra, al menos a efectos de fichero, sólo para documentar la sección de Las partículas no menos de 268 veces.

Otra cosa distinta es la explotación del Archivo, y ahí sí que los medios informáticos pueden prestar una gran ayuda a los investigadores. Más de 112 000 cédulas, casi 15 000 000 de letras son una masa considerable de datos. Consultarlos no sólo en la forma prevista por el autor (accediendo a las fichas por su categoría gramatical), sino por fuentes, por cualquiera de las palabras que aquí se contienen, por partes de ellas, y con toda la combinatoria que proporciona una base de datos textual, significa una ayuda para su utilización, pero también que su utilidad se amplía incluso a fines para los que no fue concebido.

Por parte del equipo editor, no se ha ahorrado ningún esfuerzo por mantener la más absoluta fidelidad al pensamiento y a la obra de Salvador Fernández Ramírez, al tiempo que se ha intentado responder también a las demandas complementarias de los investigadores actuales. Sin embargo, y como declaraba tristemente Alexander Cruden en el prefacio a sus famosas Concordancias de las Sagradas Escrituras (1761): «El pobre hombre pecador no puede hacer nada perfecto y completo».

Al poner estos materiales a disposición de los estudiosos, el deseo del equipo editorial es que contribuyan a que se complete y profundice la descripción gramatical de nuestra lengua.

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