Don Ramón Menéndez Pidal (1869 - 1968), por don Dámaso Alonso (1963)

Publicado en la Gran Enciclopedia del Mundo, 1963, ed. Durvan SA de Ediciones, Bilbao.

Máximo filólogo español de los tiempos modernos, nacido en La Coruña. El padre era magistrado; después de ejercer su cargo en diversas poblaciones de España, lo renunció (por motivos políticos) y se retiró a Oviedo donde la familia vivió varios años. Muerto el padre (1880), Ramón estudia en Madrid; vive con su madre y sus hermanos mayores.

En la Univesidad madrileña tiene entre sus maestros a Menéndez Pelayo; allí se doctora en Filosofía y Letras en 1892. Ese mismo año emprendía la redacción de su estudio sobre el Poema del Cid, que fue premiado por la Real Academia Española en 1895, y que, con muchas correcciones y adiciones había de ser publicado en 1908 con el título de Cantar de Mío Cid: texto, gramática y vocabulario, en 3 vols. (segunda ed., Madrid 1944-46). pero antes de la aparición de ésta había publicado ya varias obras fundamentales: La Leyenda de los Infantes de Lara (Madrid, 1896; el estudio sobre las Crónicas generales de España (Madrid, 1898), al que en 1906 seguiría la publicación de la Primera Crónica General, el Manual de Gramática Histórica Española (Madrid, 1904; 10ª ed., 1958). Asombra esta enorme labor en un hombre que aún no había cumplido 40 años. Al mismo tiempo, durante esta misma etapa de su vida ha tenido otras muchas actividades: en el curso 1896-97 es profesor en la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo; en 1899 obtiene la cátedra de Filología Románica de la Universidad de Madrid, que habría de conservar hasta su jubilación; la Real Academia Española lo recibe en su seno (1902), y es Menéndez Pelayo quien pronuncia el discurso de bienvenida. Tempranamente inicia amistades internacionales consecuencia del modo de ser de su trabajo científico. La Leyenda de los Infantes de Lara había sido saludada con entusiasmo por muchos humanistas (entre ellos el insigne Gaston Paris), con los cuales comienza intercambio y amistad; en 1897-98 estudia en Toulouse con J. Jeanroy, A. Thomas y J. Ducamin, con quienes trabajó en antiguo francés y en provenzal. Inicia también la exploración de la tierra española en busca de materiales lingüísticos y de poesía tradicional. Comienza sus trabajos dialectológicos: El dialecto de Lena (en Asturias, de Canella, ll, Gijón, 1897); el importante estudio de conjunto El Dialecto Leonés: (en la Rev. de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1906; 2ª ed. con prólogo, notas y apéndices de Carmen Bobes, Oviedo, 1962). En 1900, casamiento con Maria Goyri, la primera mujer que hizo estudios oficiales en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, estudios terminados en 1896, En compañía de ella hizo muchas excursiones por tierras de Castilla la Vieja, recogiendo romances, en los que se le revela con qué abundancia y maravillosa tradicionalidad se sigue cantando en Castilla, de padres a hijos, el viejo romancero, y cuan precisos eran los datos geográficos del Poema del Cid cuya historicidad se manifestaba patente.

En 1905, existía un conflicto de límites entre el Perú y el Ecuador. Nombrado árbitro Don Alfonso XIII, éste designó como su comisario a Menéndez Pidal. Don Ramón residió algún tiempo en Quito y en Lima; en Quito se firmó, con los ministros del Ecuador y del Perú un acta en que a propuesta de Menéndez Pidal ambos países se comprometían a retirar las fuerzas que tenían en el Napo, del alto Amazonas, y entre las que ya había habido sangrientos choques. En seguida, viajó por Chile, Argentina y Uruguay, y pudo comprobar que también en estos países, lo mismo que en España, se seguía cantando cl romancero tradicional.

En 1907 forma parte de la comisión ejecutiva de la Junta para Ampliación de Estudios, presidida por Cajal, para fomentar la investigación científica en España; pronto, seguirá la fundación dentro de la Junta, del Centro de Estudios Históricos (1909) y de la Revista de Filología Española (1914), dirigidos por él. (La Revista de Filología Española publicaba en su primer cuaderno la edición y estudio por M. Pidal del Poema de Elena y María, poesía inédita del siglo XIII). Estas actividades se entremezclan con nuevos viajes al extranjero: en 1909, da conferencias en Baltimore, Nueva York y otras ciudades de los Estados Unidos: esas conferencias forman luego el libro L’Epopée Castillane à travers la littérature espagnole (Paris, 1910;  trad. española, Buenos Aires,  1945; 2ª ed., 1959), En 1911 viaja a Italia; entabla amistad con Pio Rajna, con cuya idea sobre el origen germánico de la epopeya, coincidía en varios puntos. En aquel viaje se establece en Roma la Escuela Española de Arqueología, fundada allí por el Centro de Estudios Históricos. En 1914, vuelve a América para dar conferencias en la Argentina y en Chile.

En 1916, en plena guerra, es invitado por el Gobierno francés con comisión presidida por el Duque de Alba, para visitar el frente: recorre varias posiciones en las Ardenas, Verdun, etc., y da una conferencia en la Sorbona.

De 1917 a 1920, publica importantes estudios, como Roncesvalles, un nuevo Cantar de gesta española del siglo XIII en Rev. de Filología Esp.., IV, 1917);  La primitiva poesía lírica española (discurso en el Ateneo, 1919; trad. italiana, 1949), tema que luego tratará en muchas perspectivas distintas; Sobre geografía folklórica, ensayo de un método (en la Rev. de Filología Esp., VII, 1920), aplicación al folklore de métodos de la geografía lingüística; Un aspecto en la elaboración del Quijote (disc. en el Ateneo, 1920; 2ª ed. 1924; trad. inglesa 1932; rusa, 1961). En 1924 aparece otra obra fundamental, Poesía juglaresca y juglares (6ª ed. muy renovada, 1957). Hace en este periodo algunos viajes para recibir la investidura de Doctor honoris causa: en Toulouse (1921), en Oxford (1922), en la Sorbona (1924). En 1925 es elegido Director de la Real Academia Española. Inspirado en los métodos del Centro de Estudios Históricos e inicialmente desde él planeado, ha nacido (en 1923) el Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, que dirigen discípulos de Menéndez Pidal: Américo Castro, y luego Amado Alonso. El Centro de Estudios Históricos ofrece en 1925 su Homenaje... a Ramón Menéndez Pidal (tres volúmenes). Dos obras de máxima importancia se publican en seguida: en 1926, los Orígenes del español (4ª ed., 1956) y La España del Cid (1929; 4ª ed., 1947; trad. inglesa 1934; alemana, 1936-37), Añádase la Flor Nueva de Romances viejos (1923), antología del Romancero, que tiene muchas ediciones (trad. rusa 1961).

Escribe (1929) su famosa Carta al Dictador General Primo de Rivera, en la que defiende el fuero de la Universidad. Funda (en 1933) como una sección del Centro de Estudios Históricos, el Instituto de Estudios Clásicos, el cual comienza la publicación de la revista Emérita. Obras de estos años son: Supervivencia del poema de Kudrun (1933; trad. alemana 1938); El Imperio Romano y su provincia (1935) es el prólogo al tomo II —el primero aparecido— de la Historia de España, dirigida por M. Pidal.

Durante la guerra civil española desarrolló breves cursos en las universidades de Toulouse y La Habana, y fue profesor durante dos semestres en Columbia University de Nueva York. Publica Poesía árabe y poesía europea (trad. italiana, 1949; rusa, 1961) y El honor en el teatro español (trad. alemana, 1942; rusa, 1961).

Vuelto a España poco después de terminada la contienda civil, inicia algunos temas históricos: así la conquista y colonización de América, con ¿Codicia insaciable? ¿Ilustres hazañas? (1940; trad. francesa. 1945; italiana, 1949). Otros son: Las españoles en la Historia (1947, prólogo al tomo I—que ahora se publica, de la Historia de España, por él dirigida; trad. inglesa, 1950; italiana, 1951; sueca, 1952; alemana, 1955; rusa, 1961); El Imperio Español y los cinco reinos (1950; trad, alemana, 1956). De esta época son también los Caracteres primordiales de la literatura española (1949). La Real Academia Española le ha elegido, de nuevo, director, en 1947, cargo que conserva en la actualidad, 1963.

Cumple Menéndez Pidal los 80 años, y su capacidad de producción científica sigue juvenil; precisamente, entre los 80 y 90, publica un grupo de libros de capital importancia dentro de su obra: Reliquias de la poesía épica española (1951); Romancero hispánico (2 vols., 1953); La Chanson de Roland y el neotradicionalismo (1959, en que el autor cumple los 90 años; trad. francesa, 1960. Véase su articulo Chanson de Roland en esta Enciclopedia). Publica otros importantes estudios: Los reinos de la Reconquista (prólogo al tomo VI de la Historia de España por el dirigida, 1959), Los godos y el origen de la epopeya (1956; trad. rusa, 1961); El Padre Las Casas y Vitoria (1959); Dos problemas iniciales relativos a los romances hispánicos (en la Enciclopedia Lingüística Hispánica, t. I págs. l-CXXXVIII, 1959. Véase su articulo Las Casas); La primitiva lírica europea, estado actual del problema (en Rev. de Filología Esp., XLIII, 1960); Dos poetas en el Cantar de Mío Cid (en la Romania, 1961, LXXXII, véanse sus artículos Cantar de Mío Cid y Cid en esta Enciclopedia). Como si quisiera hacer alarde de su prodigiosa capacidad física, durante estos años hace muchísimos viajes —más que en ninguna otra época de su vida—, la mayor parte de ellos al extranjero, (casi todos para propagar en conferencias o defender en congresos internacionales su concepto de la poesía tradicional y el estado latente en que ella vive durante largos periodos): 1951, conferencias en Nápoles y en Roma; 1952, otro viaje a Roma, donde recibe el Premio Internacional Feltrinelli de crítica e historia literaria, otorgado por la Accademia dei Lincei, y da una conferencia en París, en una exposición del libro español; 1953, preside el Congreso Internacional de Lingüística románica, de Barcelona; 1955, conferencias en Palermo, cuya Universidad le hace Doctor honoris causa, interviene en Spoleto en la semana dedicada a «los godos en Occidente», vuelto a España, toma parte en el Coloquio internacional de Roncesvalles, en Pamplona, sobre la Chanson de Roland; i957, asiste a los Coloquios sobre la técnica de las «Chansons de Geste», en la Universidad de Lieja, (en el tomo de actas, se publica su contribución: Lo irreal y lo maravilloso en la Chanson de Roland) y toma parte en los Coloquios luso-brasileiros de Lisboa; 1958, va a Colonia, al Coloquio sobre Carlos V donde pronuncia su conferencia Formación del fundamental pensamiento político de Carlos V (que se publica en las Actas de dicho Coloquio), y allí el presidente de la República alemana le impone una de las condecoraciones más altas de su país, concurre a la inauguración de la «Sala Menéndez Pidal» en la Biblioteca de Oporto; 1959, asiste al Coloquio de la «Société Rencesvals», en Poitiers, donde se dedica una sesión entera al libro de don Ramón sobre la Chanson de Roland; 1960, asiste a la reunión internacional del centenario de San Isidoro, en León, y pronuncia el discurso inaugural de la misma, sobre San Isidoro y la cultura del Occidente; 1961, va a Venecia, al segundo Congreso Internacional de la Sociedad Rencesvals, y presenta una comunicación sobre la tradicionalidad de la épica; 1962, asiste en Oxford a la reunión fundacional de la Asociación Internacional de Hispanistas, y es nombrado Presidente de Honor de ella.

Durante estos años, de 1950 a 1957, se publican siete volúmenes de los Estudios dedicados a Menéndez Pidal, editados por el Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Menéndez Pidal inició en España el estudio metódico y riguroso, con técnicas nuevas, de los temas históricos y literarios: su punto de arranque es el estudio pormenorizado de los textos. La filología española había vivido durante el siglo XIX casi totalmente aislada del mundo exterior. Mientras tanto, en Europa, la historia positiva del lenguaje había tenido un crecimiento de maravilla, y también la historia literaria empleaba métodos de análisis mucho más precisos. La aplicación por el joven Menéndez Pidal de estas nuevas técnicas es lo que hace posible obras tan tempranas como La leyenda de los Infantes de Lara (1896) cn lo literario, o el Manual de Gramática española (1904) en lo lingüístico.

El estudio de nuestra literatura de la Edad Media lo inicia con el análisis más minucioso y profundo del Cantar de Mío Cid. Pero M. Pidal se propone la reconstrucción de nuestra antigua épica, en la cual el Poema del Cid es el único resto bien conservado (junto al de las Mocedades de Rodrigo, en estado ruinoso). Pero el joven investigador comprende que para esa reconstrucción es necesario aclarar el caos que parecen formar los manuscritos de las crónicas, y asi sale su libro de las Crónicas generales de España, 1898, y puede escoger y publicar el mejor texto que represente la Primera Crónica general, y señalar la existencia de la que llama Crónica de 1344, y otras redacciones posteriores. Es a través de la labor de prosificación de las Crónicas, como va rastreando la redacción de los antiguos cantares; los prosificadores han respetado, en ciertas páginas, intactos o casi intactos, los versos y las asonancias. Así reconstruye el cantar de los Infantes de Lara, y otras narraciones poemáticas, como el Cantar de Bernardo del Carpio, y el Romance del Infante García, y otros varios. Otras veces, la casualidad pone en las manos de M. Pidal unas hojas de otro antiguo poema, al que llama Cantar de Roncesvalles, o, aunque no en el campo de la épica, por el cuadernillo de un juglar anónimo, el Poema de Elena y María (1914). El estudio de la épica se complementa con el del romancero. Menéndez Pidal demuestra lo que Milá había vislumbrado: que el romancero es, por lo menos en parte, la consecuencia de nuestra antigua epopeya. Para poner ese tesoro en todas las manos, publica su deliciosa antología Flor nueva de romances viejos, que tanta difusión ha logrado por el mundo. Estos trabajos los corona M. Pidal con su Romancero Hispánico, en dos densos volúmenes de estudio, a los que siguen otros de edición del Romancero tradicional (colección de textos y notas de su esposa doña Maria Goyri, de él y discípulos: publicado, sólo el volumen primero, 1957).

Otro tema al que don Ramón ha dedicado gran parte de sus actividades es al estudio de la lírica primitiva, desde su discurso en el Ateneo, en 1920. El crítico se movía entonces en un terreno, en su mayor parte, hipotético; después, el descubrimiento y estudio de las jarchas viene a dar nuevo interés a estos problemas, y prueba la solidez de su hipótesis.

Mayor aún quizá, que lo literario, ha sido el esfuerzo realizado por M. Pidal en lo lingüístico, porque el vacío de los estudios históricos era, se puede decir, absoluto. Ya hemos indicado lo que significó en su momento el Manual de Gramática histórica española (que hoy se sigue, sin cesar, reimprimiendo). En esta dirección, su obra máxima es los Orígenes del español, en los que indaga, minuciosa y clarividentemente, a través de los vulgarismos del latín de los documentos de los siglos lX-Xl, el estado que las hablas romances peninsulares (que no se escribían aún) tenían ya en boca de las gentes de esa época. Por campos más arriesgados, en muchas horas de estos años de su vejez, ha dedicado don Ramón su talento al dificil estudio de las capas más antiguas de las lenguas peninsulares, tal como se puede rastrear por la toponimia. Hay que señalar aún que M. Pidal es también cabeza de todos los estudios dialectológicos modernos en España: ya en 1897 había publicado un artículo sobre el habla de Lena; años después, su estudio general sobre el leonés. Siendo la perspectiva histórica, tanto en el lenguaje como en la literatura, el principal quehacer de M. Pidal, ni que decir tiene, que por fuerza había de ahondar en la historia pública de España y en la privada de los españoles. De esto último hay montones de datos por toda su obra (sobre muebles, armas, vestidos, comidas, viajes, costumbres, etc.), Un amplio siglo de la Edad Media peninsular está vivificado en su obra monumental La España del Cid. Otros muchos temas de historia, tanto peninsular como de la acción de España en América, han sido objeto de su intenso y cuidadoso estudio, en estos últimos años, en los que ha publicado importan-tes artículos sobre Fernando el Católico, Carlos V, la conquista y colonización de América, el Padre Las Casas, etcétera.

Es Menéndez Pidal un hombre enjuto, más bien menudo, cara fina, con su característica barba, mirada penetrante: a los cincuenta y tantos años perdió la visión de un ojo a causa de un desprendimiento de retina, pero continuó sin desmayo su tarea. Ha sido ese el único fallo de su salud, cuidada, además por él como requisito indispensable para el trabajo, con régimen sano y moderado de comidas, y ejercicio físico a sus 94 años, conserva vivos movimientos juveniles, sube y baja las escaleras con presteza, y aún trepa por laderas en sus breves semanas de veraneo en San Rafael (Sierra de Guadarrama). Muy atento y cortés con todos, de afectos y estilo refrenados (con mayor actividad en el trato y mayor pasión y libertad en estilo, en estos años últimos), sus muchas horas de trabajo (aún en 1963) se ven interrumpidas para presidir, con toda autoridad y una participación siempre viva y alerta, las sesiones de la Real Academia Española, o asistir a las de la Historia, para recibir a sabios internacionales o a discípulos y admiradores, o para una ejemplar vida de familia, rodeado de sus hijos, nietos y biznietos, cuando éstos tornan de sus muchos viajes.

Otros hijos, los espirituales, llenan hoy el mundo, y sería imposible la mas somera enumeración: somos discípulos suyos, directos o indirectos, cuantos nos dedicamos en España a tareas filológicas, y muchos filólogos hispanoamericanos y extranjeros. Es una vida extraordinaria la de Menéndez Pidal, por su ejemplar intensidad por su siempre fértil producción: constituye por sí una época de la cultura histórica española.

DÁMASO ALONSO

 

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