La historiografía medieval como fuente de datos lingüísticos. Tradiciones consolidadas y rupturas necesarias

de Inés Fernández-Ordóñez, Universidad Autónoma de Madrid

Desde que Ramón Menéndez Pidal editó la Estoria de España de Alfonso el Sabio en 1906 bajo el nombre de Primera Crónica General de España, ese texto ha sido el representante de la historiografía medieval fundamentalmente manejado por los historiadores de la lengua, que lo han empleado como fuente en multitud de estudios lingüísticos de todo tipo, con marginación de otros muchos potencialmente interesantes.

Es mi propósito ofrecer un recorrido sobre las razones de esta preferencia y los problemas metodológicos que el empleo de la edición pidalina plantea, al tiempo que proponer otro modo de actuar al aproximarnos a los textos historiográficos.

ORIGEN DEL INTERÉS POR LA ESTORIA DE ESPAÑA

La atracción que la Estoria de España ejerció sobre don Ramón tiene mucho que ver con los tesoros épicos que alberga. Como es bien sabido, en la Estoria de España se prosificaron muchos poemas épicos que no hemos conservado en forma versificada, además de otros, como el Poema de Mio Cid, del que el azar nos ha preservado una copia en verso. Ese interés de Menéndez Pidal por la épica fue el que le condujo a ordenar las distintas versiones de Estoria de España que pudo encontrar, para relacionar las varias versiones prosificadas de los poemas, y a editar la que creyó el texto más cercano al original de Alfonso X, texto al que bautizó como Primera Crónica General de España y al que dedicó numerosos estudios de diverso carácter a lo largo de toda su vida.

 

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El pasado y el texto: los estudios historiográficos y épicos de Diego Catalán

de Francisco Bautista

La muerte nos ha privado de un maestro absoluto en los campos de la historiografía y la épica medievales. Diego Catalán llevó a cabo aportaciones inagotables en el primero de estos ámbitos, y su continuado trabajo con los textos historiográficos, a la par que su detallado e incomparable conocimiento del romancero, su magistral dominio de los problemas suscitados en el estudio de las tradiciones indirectas o su extraordinaria erudición en el ámbito de la literatura medieval, fueron las condiciones para la composición de un estudio radicalmente renovador de la épica medieval.

Como él mismo escribió: «El hecho de que sólo gracias a la Historiografía medieval podamos hoy conocer el contenido narrativo de la inmensa mayoría de las canciones de gesta españolas (puesto que no han llegado hasta nosotros manuscritos poéticos de ellas), convierte a los estudios de la epopeya y los de la cronística medievales en disciplinas hermanas».

En diversos momentos puso de manifiesto esa íntima relación entre épica e historiografía, y las consecuencias que tenía la reciente investigación sobre la segunda para el estudio de aquélla, lo que justifica aquí el tratamiento conjunto de ambos campos de estudio. Se diría que Catalán procedió primero a separarlos claramente y a dar una identidad y una dimensión auténticamente independientes a los estudios cronísticos, para luego extraer las implicaciones que de un mejor conocimiento de la historiografía medieval se desprendían en relación con la épica. Y en tal sentido la nueva consideración de los textos historiográficos ha supuesto poco menos en ocasiones que un nuevo descubrimiento de los mismos.

Por ello, su síntesis sobre la épica, obra de plena madurez, deja obsoletos muchos estudios anteriores, ya que partía de un estado de la cuestión en cuanto a la historiografía y el romancero enteramente renovado, que fue creado o impulsado por él mismo.

 

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Ver también el artículo Menéndez Pidal y la renovación de la historiografía, de José Antonio Maravall (1959).

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